Editorial

Medidas de alto impacto
30 de Abril de 2014


El Banco de la Rep鷅lica parece tomar decisiones que generan revaluaci髇 sin contar con datos actualizados y verificados sobre el impacto del valor de la moneda en la competitividad de los sectores exportadores.

Cuando una institución que tiene rango constitucional, profesionales de altísima calidad en su equipo y acceso privilegiado a información confiable y actualizada, toma decisiones, la sociedad en pleno confía en que las adopta porque conoce y considera los impactos de su determinación. Esa confianza la recibe, por ejemplo, el Banco de la República.


El viernes pasado, la Junta Directiva del banco central sorprendió al sector productivo, los expertos y los banqueros con el aumento de la tasa de interés de referencia en 0,25 %. La decisión se fundamentó, dijeron los voceros del organismo, el ministro Mauricio Cárdenas y el gerente José Darío Uribe, en el buen estado de la economía colombiana, la necesidad de mantener la inflación en los alrededores de 3 %, y un acelerado crecimiento de los créditos de consumo e hipotecarios. Una vez más, pues, los directores han actuado obsesivamente en el cumplimiento de una de sus seis funciones constitucionales, la de velar, a nombre del Estado, “por el mantenimiento de la capacidad adquisitiva de la moneda”, lo hace y la experiencia así lo indica, sabiendo que impactará el crecimiento de los sectores productivos, generadores del empleo de calidad y de ingresos tributarios importantes para la Nación.


El aumento de la tasa de interés tiene gran responsabilidad en la revaluación del peso, pues, hace que el país aparezca como destino atractivo para capitales en busca de altas ganancias en corto plazo, o sea los temidos capitales golondrina, uno de los causantes de la temida “enfermedad holandesa”, que combina inflación, revaluación y caída del empleo por el estancamiento de los sectores productivos, en especial el agro y el industrial. Sin que existiera el incentivo de las tasas de interés, combinado con el afán de control a la inflación, la revaluación ha golpeado duramente al sector productivo colombiano, que durante el 2014 ha asistido a la depreciación del dólar, o sea de sus ingresos, luego de un corto contraflujo que llevó a los exportadores a soñar con la estabilización de sus ingresos y oportunidades.


A pesar de que algunos expertos la han señalado como causa del decrecimiento de sectores que podrían tener un mayor liderazgo mundial y como factor de pérdida de ahorro, que se debería traducir en mayores inversiones en innovación y competitividad, el Banco de la República parece tomar decisiones que generan revaluación sin contar con datos actualizados y verificados sobre el impacto del valor de la moneda en la competitividad de los sectores exportadores generadores de empleo y crecimiento económico sostenido. El Dane, por ejemplo, no contempla esta variable en el análisis sobre el incremento o decremento en la producción del sector manufacturero, según reconoció a EL MUNDO su director, el doctor Mauricio Perfetti. Nos preguntamos si Planeación al menos, sí lo hace.


Ante la falta de datos que respondan estos interrogantes, hoy es difícil aventurar cifras sobre el comportamiento de sectores que en febrero pasado, en el cuarto de hora de la devaluación del peso, aspiraban crecer en 1,3 %, la industria, y 1,5 %, el agro, según indicadores de Fedesarrollo, mientras que la economía podría crecer en 4,5 %. Tampoco será fácil medir el impacto de esta medida sobre el contrabando, uno de los grandes favorecidos con la revaluación del peso, con el respectivo apogeo de la criminalidad de las Farc y las bacrim en las zonas de frontera. 


El próximo jueves, primero de mayo, los trabajadores colombianos y sus aliados iniciarán marchas conmemorativas, que este año se unirán, ¿cómo no iban a aprovecharlo unos y otros? al paro agrario. Como lo han anunciado en sus declaraciones previas, las críticas a los TLC vigentes y los que están en proceso de firma, presidirán las marchas y consignas de obreros y campesinos que los satanizaron, en buena medida porque son blanco fácil para el combate político. Por esta vez, y para bien de sus empleos e ingresos, así como los del país, a los organizadores y marchistas les convendría mirar más allá de esos acuerdos comerciales, para empezar a exigir a los economistas que realicen los estudios que permitan identificar el peso de la revaluación -o sea de las políticas del Banco de la República y la poderosa Junta Central- en los sectores exportadores industrial y agropecuario.