Columnistas


El nuevo paro agrario
Autor: Bernardo Trujillo Calle
26 de Abril de 2014


Ya es un caballito de batalla el paro agrario, y como “guerra avisada no mata soldado”, éste que se está cuajando liderado por el sector cafetero que hace unos meses obtuvo grandes dividendos con el anterior, no puede sorprender al Gobierno.

 No son los pequeños productores, aquellos campesinos que viven del trabajo de la tierra los promotores del que se anuncia inminente, porque ellos no tienen capacidad de convocatoria, como sí la tienen los grandes productores, los comercializadores, los exportadores, los agencistas particulares que compiten en los pueblos cafeteros con las cooperativas en un mano a mano por adueñarse del mercado del grano.  Los que hemos vivido en el suroeste antioqueño, zona de gran producción de café, conocemos el desempeño tanto de las Cooperativas como de los agencistas por obtener en el mercado abierto una buena porción de la cosecha.  Y esto favorece en general al pequeño productor.


Pero la movilización que avanza hacia el paro, como lo dije, no es obra de los minifundistas, ni siquiera de todos los propietarios de haciendas cafeteras, sino de un selecto grupo que tiene los contactos y los medios económicos para reunir en un momento dado ese abigarrado conjunto de propietarios, peones, chapoleros y revoltosos sin oficio dispuestos a cerrar vías, enfrentarse a la policía, quemar carros y provocar toda clase de disturbios.  Y si miramos con detenimiento el fondo de todo esto, vamos a descubrir que el interés no se detiene en lo puramente económico, como debería ser, sino que trasciende a los terrenos políticos partidistas que juegan su papel preponderante para sacar provecho del caos.


En ocasión pasada se vio cómo ellos se apropiaron de buena parte de la conducción del paro e hicieron hasta lo imposible por llevarlo a otros sectores como el lechero, papero, arrocero etc. con fines inconfesables.  Entonces, a más del impacto mediático, las demandas económicas se multiplicaron, a la vez que se endurecieron las exigencias que, salidas de madre, tocaron temas más sensibles como las que tomaron cuerpo y beligerancia extrema en el Catatumbo, Boyacá y otras regiones.


El gobierno hoy, ad-portas de las elecciones presidenciales, es prisionero de los partidos de oposición, de los avivatos que juegan a sacar tajada del desorden y de una confusa presencia de aprovechadores que nunca faltan porque son parte fundamental de esta clase de lucha partidista.  Con el agravante de que si el gobierno se resiste a las extravagantes peticiones, los azuzadores radicalizan el conflicto propiciando las acciones violentas.  Y si accede a ellas, la muy oportunista oposición, auxiliada por los medios, hacen la tarea fácil de llamar indecisos y blandengues al Presidente y sus ministros.  De esta suerte, ni por fas, ni por nefas, hay forma de complacerlos a todos.


Esta es la razón por la cual el gobierno no puede dejarse atrapar de un nuevo paro, porque detrás viene la mano oculta de la oposición a cumplir el propósito de utilizarlo como un motivo de desprestigio y desestabilización. Dije en un comentario anterior, que el llanero pone su oído pegado a la tierra para seguirle los pasos a la caballería enemiga que se acerca.  El gobierno, con mayor razón, debe hacer lo mismo, pues tiene los medios y los motivos.  Los mineros del páramo de Santurbán han dicho que se unirán al paro.  Mañana lo dirán los de la Sierra Nevada de Santa Marta y cualquier otro gremio que haya oído decir que “río revuelto, ganancia de pescadores”.  Desarmar los espíritus, hacer de bomberos por donde quiera que aparezca el fuego, no rehuir los compromisos de atender las demandas justas e impedir a todo trance que los astutos adversarios del gobierno, los enemigos de la paz, los predicadores de la guerra, francos o disimulados, hagan su agosto.


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Se habían demorado para sacar los grupos de choque a las reuniones públicas de los partidos que apoyan el gobierno. Pero llegaron con sus insignias inconfundibles del fascismo.. ¡Camisas negras! Qué peligro.  Mañana llegarán con la cruz gamada cosida a esas camisas para que no quede duda de dónde proviene este singular montón de saboteadores. ¿Y de las cabezas rapadas, qué?


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Celebro lo de Petro.