Columnistas


García Márquez y la ortografía
Autor: Rubén Darío Barrientos
24 de Abril de 2014


En el recuerdo, hace diecisiete años, se celebraba en Zacateca (México) –una ciudad enamorada del idioma español–, el primer congreso internacional de la lengua.

En el recuerdo, hace diecisiete años, se celebraba en Zacateca (México) –una ciudad enamorada del idioma español–, el primer congreso internacional de la lengua. En la zona de máxima preferencia, estaba el Rey Juan Carlos. Los altos mandos de la Real Academia, se hallaban apoltronados en lugar central. Presto para intervenir y con gran desparpajo, Gabriel García Márquez. Y el nativo de Aracataca soltó esta primera perla: “Simplifiquemos la gramática, antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros”.


Hubo pasmo en muchos asistentes. Sobrevino una segunda pildorita: “Debería jubilarse la ortografía”. Y, a guisa de ampliación, este fue el pronunciamiento: “Yo solo pretendo humanizar la ortografía, es decir, hacerla más humana”. En rueda de prensa, García Márquez aseveró que “no es eliminar la ortografía sino simplificarla”. Los cables internacionales se ocuparon de la exposición del hoy finado escritor. Hubo morbo. La gente de la Academia se molestó y los ortodoxos dijeron que “eliminar la ortografía, era como jubilar las matemáticas porque ahora todo el mundo suma o multiplica con calculadora”.


Un cronista de España dijo que las tesis de García Márquez, las aplauden solo los que hablan mal y escriben peor. Un periódico tituló: “¿Irreverencia o vanguardia?”. En fin, caían rayos y centellas. Yo recuerdo que leí con espanto esas aseveraciones y satanicé al escritor: me parecía que su lenguaje era paradojal. Estaba de acuerdo con que se escandalizaran los puristas y se erizaran los académicos. Hasta Vargas Llosa metió baza y dijo que “era un desplante, por cuanto si se acababa la ortografía, el español se desintegraba”. El rifirrafe estaba servido. 


Ante el alud de críticas, García Márquez salió al quite para decir que lo habían malinterpretado, que se estaba dando una falsa polémica. Alguien le dijo, al desgaire: “¿Será lo mismo votar y botar, revólver y revolver, hojear y ojear, hecho y echo, y Papa y papá?”. Hasta que se pronunció Benedetti, quien exclamó: “Lo dicho es una completa irreverencia y lo que sucede es que García Márquez es un prosista, lo que hace imposible que entienda que para un poeta la palabra es palabra escrita”. El Nobel reconoció que su ortografía era regular, pero que se la enderezaban sus correctores.


Con motivo del tricentenario de la Real Academia Española (RAE), saldrá este fin de año la 23ª edición del catálogo. Quedarán suprimidas la ch y la ll; no tendrán más tildes guion y truhan; se le quitará el acento a solo y al pronombre demostrativo este; se escribirán pegadas: exjefe y expresidente; se incluirán palabras, como: chat, blog y tableta. Sumémosle a ello que los muchachos de hoy en día, han abreviado las palabras en twitter y whatsapp. ¿Qué piensa uno? Que en efecto, se simplificó la ortografía y que se humanizó.         


¿Acaso eso no era lo que quería García Márquez? De acuerdo con las voces de sus planteamientos, su sueño se encaminaba a que las personas se entendieran más fácil, a que se firmaran tratados que les quitaran límites a las palabras. Tengo que decir que García Márquez ganó la batalla: su tesis dejó de ser iconoclasta para convertirse en práctica y visionaria. La Academia de la Lengua le dio la razón. Las lenguas se adaptan a los tiempos. No distaremos tanto de poder decir que en el año 2014 murió Garsia Markes.