Columnistas


El mundo de las ideas
Autor: Henry Horacio Chaves P.
24 de Abril de 2014


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En tiempos de campaña para la Presidencia, muchos echamos de menos los argumentos y los análisis de los problemas del país, pero sobre todo, las ideas de cómo solventar asuntos como la mala calidad de la educación; la falta de agua potable en tantos pueblos y ciudades (mientras que en las capitales lavamos los carros y las aceras con agua tratada), la creciente inseguridad en las calles y parques, la poca creación de puestos de trabajo y el subempleo; entre otros asuntos.


Interrogado sobre su táctica de no acudir a los debates, el candidato de la Alianza Verde, Enrique Peñalosa, dijo que él no está callado y que dedica unas tres horas diarias a los medios; pero no le queda tiempo para asistir a foros ni debates. Tampoco el candidato presidente, Juan Manuel Santos, acude a esos escenarios, aunque sí ha multiplicado su presencia en los medios regionales; haciendo uso de una estrategia de probada eficacia. Pero esa aparición permanente en los medios habla de cantidad no de calidad.


Más que romper un silencio que no existe, lo que habría que reclamarles a los aspirantes a la Presidencia, a todos los cinco, es que ingresen al mundo de las ideas, que superen los lugares comunes y las fórmulas hechas. Todos, queremos más seguridad, más empleo y mejor calidad de vida. El asunto es qué propone cada uno de ellos para alcanzar mejores indicadores en cada materia, qué compromisos asume para ayudar a cerrar la brecha de inequidad histórica, en qué escenario internacional nos ubica o cómo concibe la relación del Estado Central con las regiones. Por ejemplo.


Hasta ahora, más allá de la aburrida diatriba entre unos y otros, los dimes y diretes, que tantos medios primero alientan y publicitan, para luego criticar; poco o nada sabemos de las diferencias entra una y otra campaña. El único tema que parece señalar distancias formales es el proceso de negociación con la guerrilla. Ya nadie se atreve a decir abiertamente que cerraría la mesa de diálogo, pero se marcan escalas de gris en el espectro. Por lo demás, los indicadores de inseguridad ciudadana, la avaricia, el incremento del consumo de alucinógenos y el poder de las mafias, demuestran con creces que hace rato el eje del orden público no gravita sobre la existencia de una guerrilla anacrónica y sin ideales. Un par de agrupaciones subversivas que durante décadas han visto morir de viejos a muchos de sus aburridos líderes, mientras que le sirven a los gobiernos de turno para configurar la imagen del enemigo común que hay que enfrentar unidos, ya sea en la mesa o en el campo de batalla, según soplen los vientos. 


Pero el mundo va mucho más aprisa. Los tratados de libre comercio que el país ha suscrito, y los que sigue negociando, corren a contravía del atraso vial o de la imperdonable decisión de dejar morir los ferrocarriles. Las comunicaciones, los procesos de integración supranacional y la cacareada y escaza competitividad, nos siguen soplando en la cara como un viento que amenaza tormentas, sin que nadie proponga cómo debemos enfrentarlas. En definitiva, necesitamos líderes capaces de elaborar más ideas. Lo demás seguirá siendo carreta.