Columnistas

La archiuribista Lafaurie
Autor: Bernardo Trujillo Calle
20 de Abril de 2014


Su digna esposa es congresista impuesta en la lista por el expresidente Uribe. El propio Lafaurie estuvo un tiempo auto postulado como candidato conservador a la presidencia, pero hubo de declinar quién sabe por qué motivo.

Su digna esposa es congresista impuesta en la lista por el expresidente Uribe.  El propio Lafaurie estuvo un tiempo auto postulado como candidato conservador a la presidencia, pero hubo de declinar quién sabe por qué motivo.  Muy posiblemente por no distanciarse un milímetro del CD que es el partido de su caudillo.  En todo caso el lío que ha causado su militancia ciega en las filas más extremas de la política partidista, le ha causado daños inmensos a la Federación Nacional de Ganaderos –Fedegan- que es una poderosa organización que aúna centenares o miles de personas adineradas del país en defensa de su gremio.  A tal punto ha llegado el godísimo José Félix Lafaurie en su entrega a la causa de la derecha, que es su credo fundamental, que los socios, gobernadores y gentes influyentes allegados, le han llamado la atención: o está en lo que está, o en otra parte, sirviendo intereses distintos, a veces incompatibles con lo que le corresponde hacer.


El disgusto se ha generalizado y una de las voces de protesta más escuchadas es la del gobernador del Cesar, Luis Alberto Monsalvo, persona sin pelos en la lengua que está liderando el revolcón de los departamentos ganaderos y de sus colegas gobernadores al punto de que le han pedido cita al ministro de Agricultura, Rubén Darío Lizarralde para exponerle las razones de sus molestias con la errática conducción de Fedegán.  Lafaurie es un vocero agresivo, cuestionador, abiertamente antigobiernista y antisantista que no desaprovecha ocasión para expresarse en forma desobligante contra el Primer Mandatario y promover de paso las bondades del CD.  Ha cortado las comunicaciones institucionales de Fedegan con el gobierno en aras de mantener en punto de efervescencia la candidatura del tal partido y, proclamar desde su extrema posición derechista, el levantamiento de la mesa del diálogo de la Habana y regresar a las épocas ya superadas de que la paz sólo se obtiene a punta de bala.


Lafaurie carece de flexibilidad mental para entender que el gremio de los ganaderos, antes que legionarios de un partido de oposición al gobierno, es una agremiación que debe defender sus cercanos intereses y colaborar con las fuerzas democráticas del país en la defensa de las instituciones representadas principalmente por el Ejecutivo.  Lo dice el gobernador Monsalvo: “Fedegán asumió una posición de liderazgo político estableciendo una serie de planteamientos enfrentados al gobierno nacional...”  Y luego de hacer una serie de consideraciones pertinentes sobre la engorrosa actividad de Lafauríe, termina diciendo: “.. No necesitamos un Fedegán cercano al expresidente Uribe o cercano al presidente Santos.  Necesitamos un Fedegán cercano a los ganaderos”.


Y es que la militancia del polemista y monarca de la ganadería colombiana en un sector político de tan reconocida actividad polarizante, tiene desconcertado el gremio y francamente aburrido.  Debería por el momento encomendarle esa legítima actividad a su esposa María Fernanda Cabal que por algo tomó el camino uribista para cumplir su misión política y facilitar al extraviado José Félix su regreso a la gerencia de Fedegán.  Si es que para entonces la rebelión que se le armó no lo depone y reemplaza por alguien con mejor sentido del deber y la oportunidad.


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Pronto sabremos si la Semana Santa que concluye hoy sirvió para bajar la temperatura de la campaña presidencial que está en ascuas a causa de la intolerancia de los distintos bandos.  Lo digo porque los colombianos tenemos fama de ser los más católicos del mundo sólo que cuando se trata de cumplir los mandamientos, empezando por el de no matar, pasamos de largo y dejamos que ese esencial mandato católico lo cumplan otros, los más creyentes, aquellos que piensan que sus fusiles están benditos.  No pasarán muchas horas sin que los trinos cumplan su letal propósito de convocar a la violencia.  Ese morbo está interiorizado en las capas altas de la dirigencia guerrera y los muertos, si son de allá, del otro lado del conflicto, son buenos muertos.  Es que desde las privilegiadas oficinas de los promotores de la guerra a donde no llega el ruido de las explosiones de tatucos y bombas, el conflicto es más llevadero.