Editorial

Las huellas de un inmortal
20 de Abril de 2014


Allí donde la eternidad vive, ya estarán reunidos Álvaro Cepeda Samudio, Germán Vargas Cantillo, Alejandro Obregón y Gabriel García Márquez, los amigos de la Cueva de Barranquilla, y con ellos Álvaro Mutis.

Allí donde la eternidad vive, ya estarán reunidos Álvaro Cepeda Samudio, Germán Vargas Cantillo, Alejandro Obregón y Gabriel García Márquez, los amigos de la Cueva de Barranquilla, y con ellos Álvaro Mutis. Entre tanto, sus aprendices y seguidores intentamos acostumbrarnos a la soledad inmensa que nació con la certeza de que su despedida es la de las palabras y los cuadros que tuvieron la capacidad de nombrarnos y darnos, a los pueblos latinoamericanos en la zona Caribe, un lugar en el mundo.


La partida de García Márquez deja huérfanos a mujeres desmesuradas en su belleza (Remedios), sabiduría (Úrsula), crueldad (la abuela de Cándida) o amor (Fermina); a coroneles y generales de epopeya (los Buendía, Bolívar, su abuelo); a hombres hermosos como nunca regresarán (Mauricio Babilonia, Esteban el ahogado). También a pueblos narrados en su desmesura, como el que vio morir a los hermanos Vicario, o Macondo, con su mago fabricante de hielos y sus descendientes con cola de marrano. Con personajes y poblados, quedan solas las culturas que buscan su identidad para tomar su rumbo; también intelectuales y poderosos que buscaban sus luces, la mayoría de las veces esclarecedoras.


Los personajes penarán en su orfandad de la pluma que los hizo inolvidables. Los lectores la sobrevivirán en la lectura y relectura de piezas periodísticas, cuentos y novelas que tienen opciones interminables para ser degustadas y disfrutadas en cada palabra y cada escena. Con sus historias, con sus hombres y mujeres, con sus episodios, García Márquez se hizo inmortal y le dio a su país lo mejor que podía ofrecer, palabras inmensas en relatos inolvidables para el presente y el futuro. Eso bastaba, pero fue más allá.


Periodista por convicción, vocación y honda pasión, García Márquez legó a sus colegas un gran centro de pensamiento sobre la responsabilidad, el compromiso y el hacer periodístico. La Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, guiada por Jaime Abello Banfi con la lealtad que el escritor generaba en sus amigos, se ha encargado de mantener abierta la discusión sobre el periodismo deseado y posible en un marco de respeto por la libre expresión, el trabajo investigador y el vigor de la palabra. Para la ciudad de Medellín es gratísimo que su Alcaldía y varias compañías del Grupo Empresarial Antioqueño hayan comprometido su voluntad para mantener vivo el Premio Gabriel García Márquez de periodismo iberoamericano, del que somos orgullosos anfitriones. 


Siendo aún joven periodista y precoz novelista, cayó encantado por la figura de Fidel Castro, del que se convirtió en fiel amigo, “lacayo” le dijo Mario Vargas Llosa, y defensor inquebrantable, a pesar de los reclamos por sus silencios ante las violaciones del régimen a los derechos humanos. Su incoherencia, pues había sido duro crítico de las dictaduras de Chile, Argentina y Venezuela, le mereció que el escritor Octavio Paz dijera a fines de los años 80 que  “hay que aprender a decir y a escuchar la verdad: hay que criticar tanto el estalinismo de Neruda como el castrismo de García Márquez”. El Nobel jamás desdijo de su amistad con los tiranos de Cuba, tampoco de su silencio indolente frente a las Farc y otras guerrillas. La huella de un hombre inmenso, como García Márquez, no podría estar exenta de controversia.


En 1991, al amparo de la nueva Constitución y los sueños que con ella nacían, Gabriel García Márquez participó con otros nueve connotados intelectuales y científicos colombianos -entre ellos el genetista Emilio Yunis y la investigadora Ángela Restrepo- en el trabajo, convocado por la Presidencia de la República, sobre el análisis y recomendaciones para generar transformaciones en la educación, la investigación científica y la gestión cultural, plasmado en el documento “Colombia al filo de la oportunidad”. Un balance minucioso de lo propuesto por los sabios y lo realizado por los gobiernos mostraría enormes vacíos que, sin embargo, no ocultan que la “Comisión de Sabios”, como se la conoce, creó la preocupación de Colombia por la educación. Con orgullo, en EL MUNDO, a través de nuestra estrategia “Educar mientras se Informa” recogemos y hacemos propio el llamado del Nobel en el ensayo “Un país al alcance de los niños”, para que en el país se dé “una educación de la cuna a la tumba, inconforme y reflexiva, que nos inspire una nueva forma de pensar”.