Columnistas

El papel periódico
Autor: Henry Horacio Chaves P.
17 de Abril de 2014


Con la misma facilidad con la que se desdice de la escasez del agua en una ciudad en donde basta un giro de mano para tener fluido potable, se suele hablar con simpleza del fin cercano de los diarios y de la obsolescencia del papel...

Con la misma facilidad con la que se desdice de la escasez del agua en una ciudad en donde basta un giro de mano para tener fluido potable, se suele hablar con simpleza del fin cercano de los diarios y de la obsolescencia del papel, aún para los libros. Sin embargo, basta moverse unos kilómetros para verificar la impotabilidad del agua o mirar para los lados para ver cuánto se necesita el papel periódico.


En Venezuela, la crisis democrática ha derivado en el cierre de distintos medios electrónicos y tiene a los impresos en crisis. 10 diarios dejaron de circular, según datos de la ONG Espacio Público, mientras que otros 30 tuvieron que reducir el número de páginas. No hay papel, pero la gente necesita leer otras versiones, conocer otras opiniones. Por eso, los colegas colombianos afiliados a Andiarios, decidieron que además de las columnas y editoriales, del seguimiento informativo a la realidad venezolana, era urgente garantizar que los medios locales siguieran existiendo como soporte democrático y testigos de una época. Así fue que enviaron en préstamo 52 toneladas de papel periódico y anunciaron el envío de otras 62 para que en seis meses no haya escasez.


Más allá de los discursos y los actos simbólicos, esa es la verdadera cara de la solidaridad: El apoyo a los colegas que han hecho empresas informativas y las han mantenido aún en los tiempos más difíciles, que es cuando más se necesitan. Pero sobre todo, es un apoyo a los ciudadanos que son los destinatarios de ese esfuerzo empresarial y periodístico. 


Entre tanto, en una ciudad como Medellín tenemos la sin igual oportunidad de contar con varios canales de televisión, emisoras independientes, cadenas radiales, periódicos comunitarios e institucionales y con dos diarios de visiones editoriales distintas. Al centenario de El Colombiano, lo ha acompañado en la escena, en los últimos 35 años este esfuerzo editorial que nos da cabida. EL MUNDO, como corresponde, ha sabido ser testigo de una época, pero también orientar la opinión sobre los más diversos temas locales, regionales, nacionales e internacionales. Fiel a su emblema, ha ofrecido en tres décadas y media de trabajo incesante, una visión universal y amplia del planeta que habitamos, desde distintas ópticas, con diferentes acentos, pero siempre con el sustento ético del oficio y los más profundos valores democráticos.


No queda más remedio que agradecer su existencia, en una sociedad tan convulsionada, con tantos medios a la mano, en la que es tan difícil mantener la independencia informativa y sobrevivir empresarialmente. Claro, en primera persona es obligatorio agradecer el espacio para expresar las ideas y los puntos de vista, que no necesariamente son compartidos por la casa editorial, pero son respetados y se les deja ver la luz. Y como lectores, me parece, debemos dar el giro a la llave y disfrutar del agua limpia, beber en las páginas de EL MUNDO, como en una fuente de ideas. No para comulgar religiosamente con ellas, sino para celebrar su existencia y sustentar con argumentos el verdadero poder de la democracia.