Columnistas

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Autor: Rafael Bravo
11 de Abril de 2014


De prominente defensor de los inmigrantes y sus familias, Obama ha pasado a ser visto como verdugo por los ya casi 2 millones de deportados durante su mandato.

De prominente defensor de los inmigrantes y sus familias, Obama ha pasado a ser visto como verdugo por los ya casi 2 millones de deportados durante su mandato. Con pancartas con leyendas como “Ni una deportación más”, “Mantengan a las familias juntas” y “Sí a la legalización” miles de personas marcharon por las calles de más de 80 ciudades pidiéndole al presidente que detenga las expulsiones de indocumentados. Se pide que a través de una acción propia del ejecutivo utilice sus poderes y haya una suspensión de las deportaciones.


En un paso que en su momento muchos consideraron audaz, Obama mediante una acción ejecutiva le permitió a los Jóvenes Soñadores solicitar una legalización temporal que ha hecho posible a cientos de miles de estudiantes y excombatientes salir de las sombras e integrarse formalmente a las aulas e ingresar al mercado laboral. En justicia, nadie se había atrevido a pagar un costo político tan alto ayudándole a ese grupo a permanecer en los Estados Unidos sin el acoso de los antinmigrantes. Ahora la extrema derecha lo acusa de ‘’poco fiable’’ cuando el proyecto de reforma migratoria  que ha sido aprobado por el senado ese encuentra estancado en la Cámara de Representantes controlada por la oposición. 


En una extensa y bien documentada investigación del New York Times se demuestra que los argumentos utilizados por la administración justificando las deportaciones carecen de fundamento. Tan solo un 20 por ciento o cerca de 394 mil de los expulsados son verdaderamente criminales, miembros de bandas o delincuentes que causan daño a sus comunidades. El resto fue procesado por delitos menores como violación de normas de tránsito, violencia doméstica o simplemente por carecer de una licencia de conducción pues su condición de indocumentados se los prohíbe en casi todo el territorio.


De acuerdo con el análisis del Times, de los 3.2 millones de deportados en los últimos 10 años en su mayoría son ciudadanos hombres de nacionalidad mexicana y no mayores de 35 años. Ello es explicable dada la vecindad y frontera común que ambos países comparten. Durante el pasado lustro sin embargo, cada vez más jóvenes procedentes de Centro América buscan ingresar a suelo norteamericano, muchos de los cuales son menores de edad. De acuerdo con una fuente cercana, el número de niños y jóvenes capturados ingresando se ha multiplicado casi exponencialmente.


La comunidad inmigrante cansada del juego político y de ser una mercancía de cambio entre los partidos, está desplegando un singular protagonismo y actividad no importa las consecuencias. Apoyados por múltiples organizaciones defensoras de los inmigrantes que se oponen a la separación de las familias, la presión para que la bancada republicana abra una luz de esperanza a los millones de indocumentados no parece tener efecto alguno. 


Jeb Bush hijo y hermano de los expresidentes y por mucho tiempo un vehemente defensor de la comunidad latina  se atrevió a afirmar que quienes entraron al país de manera ‘’ilegal’’ lo hacían por no tener otra opción para mantener a sus familias y ello no ‘’era ningún delito. Es un acto de amor y una muestra del compromiso con los suyos’’. Inmediatamente, los políticos y comentaristas de prensa de la extrema derecha salieron a rechazar sus afirmaciones lo cual muy seguramente va a ser utilizado en su contra si decide aspirar a la presidencia en el 2016.


Mientras tanto, Obama calificado como ‘’deportador en jefe’’ comienza a sentir el impacto de las denuncias y movilizaciones, algo que definitivamente va a tener incidencia en las elecciones de noviembre próximo. Paradójico teniendo en cuenta que su elección se dio gracias al respaldo masivo de los votantes hispanos.