Columnistas

Cr髇ica de un atropellamiento ciclista
Autor: Carlos Cadena Gait醤
7 de Abril de 2014


Jueves 3 de abril. Iba yo a baja velocidad humana en mi bicicleta por toda la Avenida de las Vegas. 5:30 pm; la hora en que el sol empieza a caer. Es una hora dura para pedalear, porque los conductores empiezan a perder su paciencia...

Jueves 3 de abril. Iba yo a baja velocidad humana en mi bicicleta por toda la Avenida de las Vegas. 5:30 pm; la hora en que el sol empieza a caer. Es una hora dura para pedalear, porque los conductores empiezan a perder su paciencia, y cambian cualquier amor que había en su corazón por simple violencia al volante.


Pasé por el Mamm, donde todavía me protegían un poco aquellas líneas de vida, que hace dos años le regaló la ciudadanía a esta ciudad agreste. Lo que queda de esas líneas, después de que la Secretaría de Movilidad las borrara de noche, comunican una idea muy poderosa de resiliencia ciudadana. Aún cuando fueron cubiertas –una a una– por un presagio de pintura negra, con el pasar de los días, el amarrillo original de las líneas de vida ciclistas volvió a resurgir. 


Pasé por el Politécnico; 5:45 pm. Despacio, reflexionando activamente sobre la magnitud del evento que esta semana engalana a Medellín, y en mi subconsciente, empezando a pensar en la pendiente vanidosa que me espera todos los días, para darme la bienvenida a casa. Sé muy bien que debo ahorrar mis energías. 5:48 pm: llega el ‘totazo’. El motociclista afanado, culebreando entre los carros me golpea con su moto. Me saca de la calle. Iba tan lentamente que caigo parado. La parrillera del motociclista grita. El apurado motociclista ignora lo sucedido y sigue su camino azaroso.


Todos, absolutamente todos los ciclistas de Medellín estamos en grave peligro de ser impactados por vehículos motorizados, en las rudas vías de esta ciudad. Todos, absolutamente todos los ciclistas de esta ciudad clamamos por mejores condiciones para movilizarnos. Todos, absolutamente todos los expertos en sostenibilidad saben que el futuro de la movilidad urbana en este planeta, depende en gran parte de la bicicleta.


Viernes 28 de marzo; 2:00 pm. Tengo la oportunidad de felicitar directamente al alcalde Gaviria, al director del Área Metropolitana Carlos Mario Montoya. Unas horas antes, ambos le reiteran su apoyo total al equipo EnCicla, quienes en conjunto con Fundación Despacio, hacen la apuesta más arriesgada en la historia de la movilidad de Medellín: quitarle un carril entero al carro para regalárselo a la bicicleta. ¿La idea? Construir en tres días, de la mano con la ciudadanía, un ciclocarril temporal por San Juan, desde la 65 hasta Plaza Mayor. 


Viernes 28 de marzo; horas de la noche. El señor secretario de Movilidad le ofrece el último gran obstáculo al proyecto piloto. Obliga a que se pase casi todo el ciclocarril planeado hacia el separador central; un espacio diseñado únicamente para los peatones. Esto no es nada extraño. En muchas ciudades del mundo en desarrollo los tomadores de decisiones todavía piensan que los ciclistas solo merecemos subirnos a las aceras, robarle el espacio al peatón, y pedalear disfrazados de payasos con ropa reflectiva y armadura de cuerpo entero. 


Aún así, señor secretario de Movilidad: le agradezco por dar su aprobación al proyecto. Le pido que nos dé una oportunidad real para monitorear lo que pasa con el ciclocarril. Le pido a los ciudadanos que la usemos en masa; que logremos convencer –de manera positiva– a quienes toman las decisiones en movilidad, que este tipo de proyectos son vitales. Le pido a quienes se sienten defraudados, que nos concentremos en lo valioso: hoy tenemos 250 metros más de ciclocarril. 


Cientos de personas le han sudado al proyecto durante semanas. Decenas de instituciones le han brindado todo su apoyo a la idea. Miles de ciudadanos agradecemos, que aun cuando no se haya permitido hacer historia, quitándole todo un carril al carro, durante el evento más importante en la historia de esta ciudad, algo importante empieza a suceder. Miles de ciudadanos seguiremos pedaleando, para que este espacio de vida no desaparezca en 10 días, sino que por el contrario, la semilla que se plantó, se convierta en un cultivo inmenso de espacios de vida para la movilidad humana.