Columnistas


Las minas antipersona y el “amor” al pueblo
Autor: Alfonso Monsalve Solórzano
6 de Abril de 2014


El viernes anterior se celebró el Día Internacional del Desminado.


Foto: Esneyder Gutiérrez Cardona 

Obra de Hugo Zapata

El viernes anterior se celebró el Día Internacional del Desminado. Este es un asunto que atañe muchísimo a Colombia y está en el corazón de la discusión sobre si debe haber impunidad, entre otros, para los miembros de las Farc que cometen delitos de guerra y de lesa humanidad, como pretende esa organización e intenta imponer el gobierno a los colombianos mediante el acto legislativo del marco jurídico para la paz y los desarrollos que le esperan si Santos continúa en el poder y domina el congreso (afortunadamente, improbables ambas cosas, por fortuna para el país, según dicen las encuestas presidenciales).


Las minas antipersona no sólo matan sino que mutilan. Las Farc son las principales responsables del “sembrado” de minas en Colombia. Alias Iván Márquez dijo antes de ayer que “es una problemática recíproca que involucra al Ejército de Colombia y también a las fuerzas insurgentes”. (http://www.semana.com/nacion/articulo/ivan-marquez-habla-sobre-las-minas-antipersonal/382547-3).


Falso de toda falsedad. El Estado colombiano, cumpliendo escrupulosamente con la Convención de Ottawa, la cual ratificó desde el año 2000, hace tiempo que ha desactivado y eliminado el uso de esta clase de armas. Ya en 2005 un batallón del ejército se dedicó a erradicar las minas de las bases militares, por orden del entonces presidente Uribe;  y desde 2007, con un programa presidencial específico, la erradicación humanitaria de minas antipersona se hizo en coordinación del Centro de Acción de minas, (Picma) por sus siglas en inglés- (http://www.mineaction.org/programmes/colombia).


Como resultado, ya en 2006 no había minas antipersona alrededor de las bases militares, que eran los únicos lugares en los que el ejército las utilizaba;  y desde el 2007 ha trabajado de la mano de la ONU, para desmontar las minas que las Farc colocan en caminos y campos por donde espera que pase la fuerza pública, y, en el colmo de la perfidia, en el patio de recreo de algunas escuelas rurales, entre otros lugares de obligatorio paso de los campesinos.


Las estadísticas no mienten y son estremecedoras. Según la organización de la Onu que se acaba de citar, Colombia en el 2013, en medio del alboroto de la “negociación” de La Habana, ocupa el primer lugar en el triste escalafón de países donde se “siembran” minas antipersona: 10.247 víctimas, de las cuales el 38% son civiles, es decir, 4,017, de los cuales, 791 son niños y 233 niñas. Y recuerden, estamos hablando sólo de 2013. 


Hay que ser mentirosos compulsivos y cínicos para involucrar al ejército en la “siembra” de minas antipersona; pero es de psicópatas y de sociópatas, sostener como lo hace alias Márquez  que “minas “son una forma de respuesta de las organizaciones populares a un ejército superior en fuerza” que usa “bombas inteligentes” y que cuenta “con la ayuda de la CIA”. Es decir, las minas que mutilan no sólo a los militares, sino a los civiles del campo, son una “respuesta”  militar.


((http://www.semana.com/nacion/articulo/ivan-marquez-habla-sobre-las-minas-antipersonal/382547-3). ¿Dónde está el respeto al derecho de guerra y al sagrado principio de no victimizar a los civiles? ¿No se autodenominan, pues, “ejército del pueblo? ¿“ejército” que obliga a los campesinos a pagar el costo de las minas que pisan? (ibíd.) algo que ya se había denunciado hace algún tiempo en esta columna). ¡Qué perfidia!


¿Y qué tipo de respuesta? No una legítima, por supuesto, sino una atroz como la de matar o mutilar soldados, pero también civiles, adultos y niños. Porque el uso de minas antipersona no se puede comparar, en gracia de discusión, con las bombas inteligentes que lo que hacen es reducir  el margen de los efectos colaterales no deseados, es decir, buscar al máximo que los civiles no resulten heridos o muertos cuando se usan estos artefactos contra blancos que, como los grupos de guerrilleros, están  armados hasta los dientes, que practican el terrorismo y han cometido innumerables crímenes de guerra y de lesa humanidad. ¿Y si el ejército ha tenido la ayuda de la CIA dentro del marco de la ley y en cumplimiento de acuerdos internacionales, y si en esas acciones se ha respetado el derecho de guerra, por qué estas son perversas, mientras que la inteligencia cubana y venezolana y la intromisión de esos países en los asuntos colombianos, apoyando  abiertamente a  las Farc, son dignas de elogio?


Y lo peor, es que alias Márquez notifica que no van a dejar de poner minas antipersona. Dice que “Estos temas (de minas antipersonal) estamos en plena disposición de abordarlos con la contraparte y creo que podríamos llegar a un acuerdo en torno a la utilización de explosivos pero tendría que tenerse en cuenta este aspecto que acabo de mencionar” (Semana,ibid). En otras palabras, “hay disposición”, pero la condición es que no los combatan con armas legítimas. Co cara pierdo yo y con sello ganas tú.


¡Ay, lo que nos esperaría con la reelección!  Más minas antipersona, porque está más que probado que  Santos no va a contrariar a las Farc por esta nimiedad, ni por la pequeñez de torturar y asesinar agentes de policía, ni por la minucia de atacar poblaciones, asesinando a civiles, ni por la bagatela de forzar el voto a punta de fusil. Ninguna de estas fruslerías. Para él todo es pequeño en el magno esfuerzo por castrochavizar al país.