Columnistas

La ciudad que queremos
Autor: José Maria Bravo
5 de Abril de 2014


Con motivo de realizarse en Medellín el WUF7 Foro urbano mundial 2014, es bueno hacer una reflexión sobre la ciudad que queremos, que refleje principios urbanísticos óptimos, para lograr la dignificación de las vidas de sus habitantes...

Con motivo de realizarse en Medellín el WUF7 Foro urbano mundial 2014, es bueno hacer una reflexión sobre la ciudad que queremos, que refleje principios urbanísticos óptimos, para lograr la dignificación de las vidas de sus habitantes, con gran calidad de vida urbana.


Los planificadores tienen que definir los parámetros de la ciudad que queremos, con visión prospectiva, para que mediante los POT, se llegue con programas sucesivos, a su construcción. 


La planeación urbana trata de formular pautas racionales de acción, mirando el futuro para determinarlo y actuar sobre él. Por lo que es necesario definir el significado del futuro Medellín, qué se puede determinar y cómo obrar. 


Se mira el pasado, porque el futuro es continuación. No se puede eliminar del análisis la herencia biológica, social, económica y cultural. Recordemos a Aristóteles cuando afirmaba: aquí y en cualquier sitio, no se puede obtener el mayor conocimiento profundo de las cosas, mientras no se las mire actualmente creciendo desde el principio.


Estamos presenciando la llegada del futuro tan pronto que, se súper impone una nueva y extraña cultura sobre la anterior: nuevos valores, nueva política, nueva estética, nuevo sexo, nuevos conceptos económicos. 


Toda sociedad es un factor de cambio; tenemos un cambio generalizado, no selectivo, sin dirección ni regulación, que refleja objetivos confusos; los programas mejor intencionados, se contradicen muchas veces. 


Analizando el país, se elaboraron planes de desarrollo cuya meta fue el aspecto económico, no se examinaron los supuestos fundamentales de orden ideal, para construir modelos de la sociedad del futuro, considerando los aspectos materiales y espirituales posibles de prever y desear.


Tenemos una sociedad que reclama programas claros para el futuro, y técnicas precisas de previsión, acción y control para la humanidad, que busca ante todo certeza en vez de sorpresas y seguridad en vez de incertidumbre.


Vivimos una época insistentemente llamada de transición, término no muy bien utilizado, Estamos situados entre un progreso ciego y uno visionario; mediante un estudio serio de los futuros posibles, nos acercaremos al día cuando se elijan los futuros anhelados, y se configure su destino, en lugar de padecerlo.


El planificador urbano tiene que decidirse a replantear los mecanismos de acción hasta ahora propuestos. El objetivo último es el de elevar la calidad de vida de la población, utilizando eficientemente los recursos, y disminuir las desigualdades.


La proyectiva, busca detectar lo que tiende a ser una ciudad, una región. En contraposición, el filósofo de acción Gastón Berger, creó el término prospectivo. 


La prospectiva no es una ciencia ni una doctrina, está referida a un conocimiento indispensable para la acción en un tiempo específico, conocimiento que esté orientado a modificar o intervenir el objeto materia de acción, en un tiempo determinado, que es el futuro.


El propósito debe consistir en conocer y decidir la acción, con relación a los problemas que llegarán en el futuro, con voluntad de formar uno deseable con sus posibilidades, con dimensión humanística. La prospectiva busca lo que puede ser esa realidad. No entrar al futuro de espaldas, es la noción de prospectiva.


Para J. de Bourbon-Busset ser prospectivo es juzgar lo que somos actualmente a partir del futuro, en lugar de decidir el futuro en función de lo que somos ahora.


Donde radica la diferencia entre la prospectiva de la previsión y la planificación a largo plazo, es en contenidos. La primera es actitud, cosmovisión, la segunda es programación limitada y limitante.


El pasado nos interroga sobre la gran responsabilidad de quienes definan la Medellín que queremos en el futuro.