Editorial

Actuar contra el miedo
4 de Abril de 2014


Con la frase introductoria “la interferencia humana sobre el sistema climático está ocurriendo y el cambio climático plantea riesgos para los sistemas humano y natural”, los 68 científicos firmantes del más reciente documento...

Con la frase introductoria “la interferencia humana sobre el sistema climático está ocurriendo y el cambio climático plantea riesgos para los sistemas humano y natural”, los 68 científicos firmantes del más reciente documento del Panel Intergubernamental de Cambio Climático entregaron su informe para decisores políticos sobre el referido tema, “sus impactos, vulnerabilidad y adaptabilidad”. El análisis, que fue presentado el lunes pasado en Yokohama, Japón, es el segundo capítulo del quinto informe del grupo de expertos que la ONU instituyó en 1988 con la esperanza de construir información con bases científicas sobre el comportamiento del clima y orientar acciones para atenuar su impacto. El informe ha provocado distintas reacciones.


El investigador Andy Jarvis, del Centro Internacional de Agricultura Tropical, Ciat, organismo asentado en Palmira, Valle del Cauca, recogió la alerta de que “la proyección sobre el aumento de las temperaturas en las próximas décadas depende de los escenarios de emisiones” de agentes contaminantes, para lanzar su pronóstico de muerte indicando que “Popayán con sus 1.750 metros de altura sobre el nivel del mar tendrá algo más parecido al clima de Cali con sus 1.030 metros. Bogotá será más como Pacho, Cundinamarca; Medellín será más cálido que Cali actualmente. Y Cartagena, a nivel del mar, solo le quedaría 600 metros más cerca al infierno: un calor como nunca antes vivido en Colombia”. Para el desastre anunciado, el pronosticador de desastres propone adaptación al cambio mediante tecnología, como salida en experimentación.


En una sociedad a la que faltan datos confiables para explicar fenómenos como las oleadas de calor o de inverno y su impacto sobre los microsistemas, como sucede en Casanare, intervenciones como la de Jarvis encuentran eco en personajes atentos al último escándalo para obtener espacio mediático y recordación popular, así ello se haga imponiendo ignorancia y desesperanza y descuidando el peso científico de los estudios interdisciplinarios que buscan explicaciones sobre el comportamiento del clima, las causas de sus variaciones y las acciones posibles para evitar que hechos sucedidos hace millones de años, como la era glaciar, se repitan con sus impactos catastróficos. El catastrofismo que favorece el Panel Intergubernamental con sus radicales frases, que desdicen de sus descripciones académicas sobre los fenómenos y su variabilidad, y que aprovechan voces emergentes en estos temas, contribuye a una reacción escandalosa de la opinión que desencadena en sensaciones de indiferencia o impotencia, cuando no actúan como cortina de humo para evadir responsabilidades concretas de los ciudadanos y el debate de políticas públicas impopulares.


Entre las preocupaciones del Ipcc se destaca la que expresa por riesgos para la salud humana. ¿Cómo no conectar estas conclusiones con las que el pasado primero de febrero divulgó la Organización Mundial de la Salud sobre el impacto de la polución en la salud de la población global? La OMS culminó una investigación cofinanciada por la Unión Europea y realizada por seis analistas, en la que se demostró que “el contaminante con mayor efecto en la salud sigue siendo las partículas en suspensión, en especial las finas y ultrafinas. No obstante, el ozono y los óxidos de nitrógeno también tienen un efecto muy evidente sobre la mortalidad y morbilidad de la población”. El organismo alertó sobre los combustibles usados en las cocinas de regiones sin servicio de energía eléctrica y sobre la combustión de los vehículos a gasolina como principales fuentes de enfermedad por contaminación y, en consecuencia, llamó a la adopción de políticas más fuertes contra ellas. 


En conferencia realizada ayer en el centro Amigos de Europa, el secretario de la ONU, Ban Ki-moon, reclamó directamente a los gobiernos del Viejo Continente para que actúen: “urjo a la UE a que tome una decisión sobre el paquete (de medidas de clima y energía) tan pronto como sea posible, preferiblemente antes del Consejo Europeo de junio”, dijo. Las medidas son las necesarias para adherir al plan de acción recomendado en 2011 en la Conferencia de Durban a fin de que en 2015 se puedan acordar las metas de reducción de emisiones contaminantes y en 2020 sea posible iniciar un proceso de control a la polución que permita detener el progresivo aumento de la temperatura mundial y limitar sus consecuencias negativas sobre los cultivos, la salud humana, el clima y el sostenimiento de los ecosistemas. A pesar de defectos y de su estudiada corrección política, creemos que es más aportante la voz clamante del doctor Ki-moon que los llamados catastróficos de los profetas de desastres.