Columnistas

Muertos de sed en la abundancia
Autor: Gabriel Zapata Correa
4 de Abril de 2014


Cualquier ciudadano de a pie no entender韆 lo que sucede en Colombia con el problema del agua, por las contradictorias informaciones.

Cualquier ciudadano de a pie no entendería lo que sucede en Colombia con el problema del agua, por las contradictorias informaciones. Porque un reciente Estudio Nacional del Agua, ENA, revelado por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia, Ideam, confirma que la oferta hídrica del país es seis veces superior a la del mundo entero y tres veces mayor que la de Latinoamérica.


En otras palabras, esto significa que Colombia es uno de los  países del mundo con mayor cantidad de ecosistemas en capacidad de producir agua para la población y la industria. Pero el director del Ideam, Ricardo José Lozano, afirmó que el acceso de los colombianos al agua es escaso, pues “cerca del 80 por ciento de la población y las actividades económicas del país están localizadas en cuencas con déficit natural de agua”.


Este panorama nos deja sumidos en el desconcierto. Según los analistas del Ideam éste es el séptimo peor verano de los últimos 40 años. Entonces aparte de los cambios climáticos algo más está sucediendo, porque por ejemplo en el caso del Casanare, estas no son las primeras ni las últimas sequías. Allí la sequía ha causado la muerte a más de 20.000 animales, hay cultivos arruinados y desabastecimiento de agua a grandes sectores de la población. Y no es el peor verano.


Lo más grave es que el Gobierno extendió las alarmas a Boyacá, Casanare, Chocó, Córdoba, La Guajira, Magdalena y Santander, los departamentos más afectados por la sequía. Y las esperanzas de lluvias son tan escasas como el agua, pues sólo a partir de la mitad de este mes llegarían las lluvias a algunas de estas regiones.


Frente a este diagnóstico actual hay otra descripción no menos real. Según el Estudio Nacional del Agua la mayor riqueza hídrica, ríos, páramos, humedales y cuencas, entre otros, está ubicada en la Amazonía, Orinoquía y Pacífica. Mientras que escasea el agua en los centros urbanos, ubicados en las zonas Andina y del Caribe.


El director del Ideam, Ricardo Lozano, agregó que los acueductos no están construidos estratégicamente: “muchos de los acueductos están construidos en sitios de alto riesgo y vulnerables al invierno. Cuando no hay lluvias bajan los caudales de los ríos y las bocatomas de los acueductos quedan sin el recurso; y cuando hay exceso de precipitaciones y los niveles suben hay destrucción de la infraestructura en los municipios”.


Sin duda que el cambio climático tiene mucho que ver en la actual crisis, que tiende a agravarse día a día. Pero la gravedad no puede analizarse en forma aislada del desmonte de los ecosistemas, con repercusión directa en el ciclo del agua. La mano del hombre tiene responsabilidad directa. Y cuando el hombre abusa de la naturaleza, esta cobra por ventanilla. Brigitte Baptiste, directora del Instituto Humboldt concluyó que “el avance de la ganadería y los cultivos de arroz en el piedemonte hacia Santander está reduciendo los caudales de agua que llegan a Casanare”. Ella misma describió que “desde el aire es impresionante ver la desaparición de los bosques, fundamentales para la preservación de agua”, pero reafirmó que la ausencia de lluvias en Casanare se debe una temporada climática natural.


Otros expertos sostienen que la intervención de las petroleras en la exploración, con la utilización de aguas subterráneas, estarían disminuyendo los causes de los ríos de Casanare. El tema merece un análisis más científico que adjetivo, sobre todo cuando está en juego la vida de hombre, de centenares de animales y el equilibrio ecológico de varias regiones del país. En este aspecto aplaudimos la intervención de la Contraloría y de la Procuraduría y yo diría que debería aprovecharse la coyuntura para que el Gobierno organice una comisión permanente encabezada por el Ministerio del Medio Ambiente, el Ideam, científicos del Instituto Humboldt y de las universidades, además de técnicos de las petroleras para que realicen estudios más precisos y elaborados sobre la dinámica hidrológica de Arauca, Casanare, Vichada y Meta, y trazar una hoja de ruta para el manejo de sus suelos.


La tragedia ecológica que vive el país reclama acciones inmediatas, para ordenar las cuencas y caudales que surten de agua toda esa región. La deforestación en las cuencas altas de Boyacá que bañan la llanura del Casanare agrava el fenómeno de la desertización porque acaba con la capa vegetal y afecta definitivamente el ciclo del agua. Y aunque la emergencia se atienda ahora con el envío diario de 100 camiones cisterna con agua, el futuro exige una mayor planeación. Que el país no se quede anclado en más diagnósticos.