Columnistas

Pacto por la equidad de género
Autor: Danny García Callejas
2 de Abril de 2014


En Colombia, las mujeres graduadas en las instituciones de educación superior superan entre 15% y 20% al número de hombres graduados...

En Colombia, las mujeres graduadas en las instituciones de educación superior superan entre 15% y 20% al número de hombres graduados, y para la población entre 25 y 59 años de edad, las mujeres rebasan —en promedio— a los hombres en años de educación, según datos del Observatorio Laboral para la Educación del Ministerio de Educación Nacional y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe —Cepal—. Es decir, las mujeres tienen mayores niveles de educación y son la mayoría de profesionales egresados de las universidades en Colombia.


Sin embargo, las posiciones de poder, decisión y de mayor jerarquía son monopolizadas por hombres. En los 16 ministerios en Colombia, a la fecha hay 5 mujeres y 11 hombres, lo que significa que las damas ocupan el 31% de los cargos. En el sector privado colombiano es peor la situación pues —según un estudio de McKinsey & Company— solo en el 9% y 17% de las juntas directivas y comités ejecutivos empresariales hay al menos una mujer, respectivamente. Y mientras más alta la jerarquía en la empresa, menor el porcentaje y número de mujeres allí presentes.


Lo más lamentable es que algunas universidades dan mal ejemplo al promover la inequidad de género. Por ejemplo, en la Universidad de Antioquia, en su Consejo Superior, entre invitados y miembros permanentes hay una sola mujer —el 6%— y quince hombres. En contraste, en la Universidad Nacional hay cuatro mujeres entre los once integrantes del Consejo Superior representando el 36%. Es menester recordar que la Ley 581 de 2000 —ley de cuotas— exige que la participación de las mujeres en órganos de decisión y poder públicos sea al menos del 30%.


Pero la voluntad política es solo una de las barreras que enfrentan las mujeres en su ascenso al poder y acceso a las oportunidades económicas. El mismo estudio de McKinsey afirma que en nuestras sociedades recargamos las labores domésticas en las mujeres y terminan con una doble carga —la del hogar y la del trabajo— a diferencia de los hombres. Esta es una situación injusta que impone presiones y estrés adicional sobre las mujeres que, en ocasiones, terminan renunciando a sus aspiraciones para responder a tareas domésticas.


Lo deplorable es que todos perdemos con la ausencia de las mujeres en cargos directivos. Diversos trabajos han encontrado que ellas aportan conocimientos en finanzas y recursos humanos que promueven la productividad y rentabilidad empresarial. Al mismo tiempo, las damas fomentan el trabajo colaborativo e interdisciplinario que facilita la innovación y, por tanto, aumentan las ganancias o impacto de la organización en el medio —hasta en un 47% más de ingresos sugiere el estudio Women Matter 2013 de Mckinsey—.


Fomentar la participación de las mujeres en cargos de poder y alta jerarquía es reconocer sus méritos, talentos y competencias. Ambos, hombres y mujeres, pueden lograr metas extraordinarias en organizaciones privadas y públicas gracias al trabajo colaborativo y la creatividad. Sin embargo, Colombia aún requiere de la voluntad pública y privada para que las leyes y el futuro del país no se queden solo en el papel. Esperemos que pronto todos los sectores se unan en un pacto por la equidad de género.


* Profesor, Departamento de Economía


Universidad de Antioquia