Palabra y obra

Felipe Caicedo: theater of gesture / instant
Felipe Caicedo: teatro del gesto / instante
29 de Marzo de 2014


A propósito de la celebración del Día Internacional del Teatro y la fiesta que vive la ciudad, el dramaturgo y actor Felipe Caicedo, director de Anamnésico Colectivo Teatral habló con EL MUNDO sobre su trabajo e investigación en escena.


Foto: Cortesía 

Con las obras “Hamor es o Ago Gir como lo he llamado” y “Los siete enanitos y Blanca nieves”, el grupo ganó el reconocimiento por parte del jurado del “Festival Envigado hacia el teatro” como “Mejor obra”. 

Óscar Jairo González Hernández.


Profesor Facultad de Comunicación.


Universidad de Medellín.


En qué momento y por qué decide montar su “Anamnésico Teatro”? ¿Dónde la causa y la intencionalidad de ellas?


“La causa y la intención se reducen a la posibilidad de hacer el teatro que nos diera la gana. hacer el teatro que nos gustaría ver”.


- ¿En qué instante de suscitación o provocación de su estética y de su formación, le indicaron y le mostraron la necesidad de llevar textos de Ionesco a construir y estructurar “Os hablan los iracundos”?


“Cuando estás en el teatro existe como en las iglesias, altares con flores, velas y bultos de santos. Entre esos santos siempre está en un rinconcito del púlpito Eugène  Ionesco, con una etiqueta en oro de 18 kilates que dice: "Padre del absurdo". Para un momento creativo de Anamnésico nos habíamos acercado a la dramaturgia del rumano, intentamos llevar a escena “El porvenir está en los huevos”. El intento fue en vano. Más tarde, intentamos, bajo la misma estructura de Lorca, (que consiste en un cadáver exquisito de obras del andaluz) llevar a escena varias de las piezas del mal llamado padre del absurdo. La iniciativa también concluyó en desilusión. Pero fue en este momento de coyuntura en el que al encontrarnos sus diarios íntimos nos encontramos también nosotros en sus posturas, y fue allí cuando decidimos llevar a escena, no su obra, sino su Palabra Viva. Así fue que comenzamos a estructurar "Os hablan los iracundos", una obra que se configura como nuestro manifiesto grupal. Entonces arrancamos de Ionesco la etiqueta de 18 kilates y apareció el hombre”.


-¿Y en qué tesis sobre el teatro coincidió con Ionesco, en cuál disintió y por qué?  ¿En qué medida esa tensión dialéctica hizo más poderosa en su criterio intervención en “Os hablan los iracundos”?


“Para “Os hablan los iracundos” fuimos un discípulo ciego. Ionesco comprende tanto al mundo, que uno alcanza a comprenderlo a él. No se puede disentir de alguien que vive en la contradicción, de alguien cuya máxima de vida era tener en él todas las verdades. Ionesco nos escribía.  La tensión se hizo, entonces, en otra vía y fue con sus contrarios. Leímos y nos adentramos en aquellos seres en contra de Ionesco o que él mismo ponía en su contra y de esta manera tensamos la cuerda creativa”.


- ¿No hay en “Os hablan los iracundos”, también  incidiendo en su estructura, otras lecturas de textos o formas teatrales que le interesaron en ese mismo momento proponer?


“El universo de Ionesco es amplio como su ser. Cuando uno se va adentrando descubre que en él habitan otros. Cada acto tiene sus intertextos. Visitamos desde Walter Benjamín, Jorge Luis Borges, Robert Musil, Chuang Tzu, Dama Sarashina, Theodor Adorno, Alfred Kubin, Magda Szabó, Constantin Brâncusi, Stéphane Mallarmé, Paul Valéry, pasando por la pintura hecha vida de Joan miró y Giorgio de Chirico. Todos en la vía de ayudar a comprender el complejo universo humano de Ionesco, sus obsesiones tales como el sueño, la muerte y dios”.


- Usted tiende por su temperamento a desarrollar un teatro que sea hecho por todos, no por uno, como lo fue la demostración que hizo con “Irrisoria: cadáver exquisito”. ¿Podrías decirnos cómo decide hacer esta mixtura y por qué? ¿Qué alcance tiene?


“Por todos, más no para todos. En “Irrisoria: cadáver exquisito por ejemplo se hacía indispensable la voz de muchos. Alicia, tal y como la concibe Lewis Carroll, es un cúmulo de voces. Alicia no podía ser en Anamnésico, unísona. Dar cuenta de Alicia en una sola perspectiva es castrarle su amplia gama de devenires.  En todos existe la angustia de la Alicia de Carroll, la angustia del sin sentido, esa angustia es entonces universal, para mí, y es ahí en donde se pluraliza y a la vez dialogan esas voces. El alcance es maravilloso “muchas Alicias grandes dentro de una chiquita y lo mismo al revés’ “.


- La práctica teatral y la relación teatral es problemática y densa. ¿Cómo han sido sus relaciones tensas o no con los directores, actores y usted mismo?


“La creación teatral se hace siempre desde los lugares más sensibles de cada ser. Por lo tanto siempre estamos en el umbral de lo susceptible. Yo no le niego nunca a la creación su lugar de  campo de batalla, siempre y cuando esa batalla sea exclusivamente del plano metafísico. Nada de batallas asociativas ni partidarias. Mucho menos monetarias y locativas. Me he mantenido en las batallas de índole teatral, conceptuales, de materia creativa. Pero ahora se libran unas de las que me mantengo al margen”.


¿Qué consideración le merecen las escuelas, los laboratorios, las academias de teatro, para y en la formación de los actores, de los dramaturgos y de los  directores?


“Todas estas instituciones son el río, el navegante es el alumno, y la balsa, su conciencia. Ya es de cada navegante el viaje. No tengo prejuicios sobre estas escuelas, laboratorios, academias, pero sí guardo una cierta reserva sobre los navegantes y mucho más con sus balsas, que se mueven siempre en unas conveniencias terribles contra el arte”.


- ¿Podría decirnos qué actor teatral, qué dramaturgo y qué director le ha interesado, ha estudiado, le ha poseído y por qué?


“Fabio Rubiano y su ironía textual y escénica. Sé que ha hecho algo en mí, desde que en 2004 conocí bajo la dirección de Luz Dary Alzate su penúltima cena. Luego, he venido siguiendo sus puestas en escena y he leído mucha de su dramaturgia, así que encuentro en él un punto intermedio muy interesante entre un naturalismo y un surrealismo crudo. Eugène Ionesco por supuesto, que es quizá la zambullida más profunda que he hecho en un ser, al punto de encontrarnos en él.  Además fundó nuestro teatro Anamnésico. Y ahora estoy a las puertas de Alejandro Jodorowsky. En lo poco que he leído de él, encuentro la posibilidad de un cómplice, al igual que Angélica Liddell, que son seres con los que uno puede entablar una conversación seria y profunda sobre el teatro como vida, no como teoría y poses intelectuales, sino como vivencia del teatro”.


- ¿Qué intenta usted transmitirle al espectador cuando está realizando su tarea teatral? ¿Le interesa  y considera importante al espectador? ¿Le hace extremar su percepción?


“La tarea del espectador en el teatro de la ciudad está desvalorada y se le ha situado en un estado pasivo o como estadística. El ideal de espectador Anamnésico nos lo estamos apenas formando. Vamos en la vía de configuración de un espectador que realice su tarea de ser espectador, que encuentre en él su viaje metafísico profundo y que se deje provocar por nuestros viajes. Es desacomodarlo de su función pasiva de mirador, o de interprete, es más situarlo en el lugar de creativo metafísico, un espectador que construya el hecho teatral desde sus contextos, desde sus angustias personales y no desde las generales, por eso conectamos mucho con lo que dice Clarice Lispector: ‘este libro es como cualquier libro. Pero me sentiría contenta si lo leyesen únicamente personas de alma ya formada’ “.


Como quien siente un interés total por la estética teatral, ¿qué observación puede hacernos sobre las relaciones turbias o tormentosas, entre el cine, la televisión y el teatro como una prueba  en sí y para sí mismo? ¿Haría televisión o cine?


“No haría televisión, pues siento que es un medio completamente controlado. Allí no podría desarrollarme en la idea de una expresión libre e inútil. La televisión es un negocio en su totalidad y los espacios que no están mediados por el comercio, están entregados al estado, que es una forma de negocio igual de condicionada aunque en unos mantos de apertura que no siempre son verdaderos. El cine deja una brecha mucho más amplia, allí encontraría un lugar más cómodo para desarrollarme. El cine es un lugar en el que la creación de universos es mucho más potente. Me gustaría gozar de esa potencia”.


El actor es un médium si consideramos que transmite aquello que lleva dentro de él a la escena. ¿Cómo hace para intervenir y mediar con esa tarea de médium?


“Uno como director organiza, un poco, el lugar de ese ritual. Pone al servicio del actor - médium los implementos necesarios para que la conexión de transmisión sea cada vez más profunda y sincera”.



Felipe Caicedo

Se inició en el teatro a sus nueve años de edad cuando se vinculó a la Casa de la Cultura de Envigado. Luego perteneció a la Escuela Débora Arango, en este mismo municipio, y más tarde ingresó a estudiar en la Universidad de Antioquia, de donde obtuvo su título como maestro en Artes Representativas.


En el 2006 fundó Anamnésico Teatro, grupo del cual es director.


Anamnésico es un colectivo de jóvenes artistas en busca de una teatralidad “que la hemos denominado libre e inútil”, dice Caicedo, en concordancia con el autor Ionesco, autor de la última obra “Os hablan los iracundos” y que tiene una postura frente al teatro que responde a la angustia del ser.


El grupo indaga también “por un teatro más íntimo que nazca desde el actor y creador, que responda a sus angustias, a sus preguntas más íntimas y personales y que de alguna manera se vuelva un teatro intimista con el espectador, que le pregunte sobre su lugar como ser humano”, explicó.


De ahí, que el lema que orienta el trabajo de estos jóvenes es “cada instante es metamorfosis”, que hace referencia a la constante búsqueda en su estética y su postura política.


El grupo ha montado las obras “Muros blancos”, “Hamor es o Ago Gir como lo he llamado”, “Los siete enanitos y Blanca nieves”, “Ofelia”, “Lorca”, “Irrisoria: cadáver exquisito” y “Os hablan los iracundos”.