Columnistas

Un vuelo sin destino final
Autor: Rafael Bravo
28 de Marzo de 2014


Los familiares de las víctimas tienen todo el derecho a mostrar su escepticismo sobre el anuncio de que al Boeing 777 hay que buscarlo en las profundidades del océano Índico.

La desaparición del avión malasio hace ya más de 2 semanas tiene al mundo en vilo. CNN la cadena informativa por excelencia, se ha dedicado a cubrir  la suerte del vuelo 370 las 24 horas, lo que le ha valido desde reconocimiento hasta críticas por su afán de recuperar la primacía de los televidentes. Otros han seguido el ejemplo de CNN en esa costumbre de los medios norteamericanos de moler una noticia hasta el cansancio. Gracias a las de la tecnología, los expertos se han arriesgado a concluir que la aeronave terminó en el mar. Pero no hay una prueba contundente que confirme el hallazgo del fuselaje y menos aún la caja negra. Muy paradójico que la modernidad riña con la realidad.


Y es aquí en donde la imaginación humana entra en juego: que hubo complicidad de la tripulación. Las autoridades malasias decomisaron un simulador utilizado por el piloto bajo la sospecha de que habría algún indicio sobre su complicidad, algo que ni el  FBI se ha atrevido a confirmar o desmentir. Otros hablan de una supuesta disputa en la cabina que pudo haber causado la caída del avión. Hay quienes especulan sobre un secuestro de la aeronave. Incluso se ha llegado a decir que pudo tratarse de un ataque terrorista o el estallido de material explosivo que iba en la sección de carga. Tardará mucho tiempo antes de saber las causas del accidente por lo que lo demás es simplemente especulación.


Los familiares de las víctimas tienen todo el derecho a mostrar su escepticismo sobre el anuncio de que al Boeing 777 hay que buscarlo en las profundidades del océano Índico. El Primer Ministro de Malasia acosado por los familiares y con el tiempo a sus espaldas, no tuvo alternativa distinta anunciando el desenlace final buscando darle cierre a un episodio rodeado del más absoluto misterio. China al que pertenece la mayoría de pasajeros, inexplicablemente no ha sido involucrada en la investigación a sabiendas de la avanzada tecnología de que dispone para ayudar a encontrar la nave.


Como es costumbre, los Estados Unidos a través de la Agencia Federal de Aviación y otras entidades, siempre se ha mostrado dispuesta a colaborar con recursos técnicos en la búsqueda y esclarecimiento de los hechos que llevaron al lamentable desenlace. Si algo hay que destacar es el esfuerzo mancomunado de otros países como Australia, Japón, Inglaterra, Corea del Sur, Nueva Zelanda y la propia Malasia por encontrar los restos a un costo muy difícil de cuantificar. La solidaridad ha sido puesta a prueba sin recato alguno.


Lo que sigue es quizás lo más difícil desde el punto de vista humano pues las familias tendrán que resignarse a aceptar la realidad de la muerte sin la presencia física de los cuerpos. Un duelo obligado por las circunstancias. En cuanto al aspecto económico, habrá que recompensar a los allegados de las 239 víctimas, un valor que los expertos estiman variaría entre 400 mil y 10 millones de dólares. Los tribunales tienen ante sí un trabajo muy complejo pues las indemnizaciones vendrán de la dueña del avión Malaysia Airlines y eventualmente del fabricante Boeing si se comprueba que el accidente fue producto de fallas mecánicas.


Tragedias como esta deben servir para que las autoridades aeronáuticas internacionales obliguen a incorporar en los aviones sistemas satelitales que permitan rastrear en todo momento el rumbo de los aviones. Sería la mejor forma de evitarles a los deudos el calvario de la incertidumbre por la desaparición de los pasajeros de un avión.