Columnistas

Indigencia en el alma
Autor: Omaira Martínez Cardona
25 de Marzo de 2014


Solo a una mente en su máximo grado de aberración se le puede ocurrir atentar contra la vida de personas en condición de vulnerabilidad.

Solo a una mente en su máximo grado de aberración se le puede ocurrir atentar contra la vida de personas  en condición de vulnerabilidad. Independiente de cuales sean las motivaciones, actos que se cometen con sevicia y se escudan bajo denominaciones de “limpieza social” no provienen de seres humanos normales sino de desquiciados que seguramente son mucho más míseros  e indigentes que sus víctimas.


La condición de indigencia no es solo de quienes no tienen acceso a posibilidades para subsistir y deben habitar las calles; la indigencia también es pobreza en el alma, es esa sensación de miseria  que hace de muchas personas seres humanos incompletos e infelices. Es ese vacío que lleva a no aprender de la vida con sus dificultades diarias sino que conduce a desquitarse con los demás para descargar la insatisfacción e incapacidad de cambiar ciertas situaciones.


Según informes del Dane, más de 4,7 millones de compatriotas subsisten en condición de indigencia, viviendo con menos de dos mil pesos diarios, aunque no todos habitan las calles, ni mendigan, una gran mayoría no tiene más alternativa que hacerlo. Las cifras de instituciones que se dedican a acoger y asistir a estas personas en ciudades  como la nuestra oscilan entre más de 9 y 10 mil habitantes de calle entre ancianos, jóvenes, niños y niñas que no acuden permanentemente a estos centros porque son itinerantes por lo que es complicado pero no imposible lograr procesos de  reintegro a la sociedad y por lo que son catalogados como “desechables”, como si las personas fuéramos cosas inservibles que se pueden desechar, reciclar o limpiar.


Lo que no se divulga ni promueve con la misma frecuencia es la cantidad de casos exitosos de rehabilitación y resocialización de muchas de estas personas que por distintas circunstancias han estado o están en esta situación. Hay experiencias de todo tipo, desde un bogotano que hace poco más de un año fue noticia porque después de vivir 17 años como habitante de la calle, adquiriendo varios vicios y durmiendo bajo los puentes, logró rehabilitarse y estudiar gracias a que un empresario creyó en él y le dio una oportunidad,  Chris Gardner, sobre quien se inspiró una película que cuenta su vida dedicada a luchar a favor de las personas sin hogar en Estados Unidos después de haber pasado por una situación de indigencia criando a su hijo o Charles Chaplin, uno de los pioneros del cine que vivió gran parte de su niñez en la calle que además siempre fue el escenario que inspiró la mayoría de sus creaciones.


La indigencia puede ser también de aquellos que sin habitar las calles, asumen una  actitud frente a la vida que bloquea cualquier motivación a seguir intentando sobrevivir. Por eso, por encima de los movimientos y de quienes defienden y promueven actos de limpieza, está la condición y el derecho  básico de todo ser humano a existir con todo lo que el proceso de la existencia signifique para cada uno. Lo que se necesita es una revolución en la actitud de quienes verdaderamente están en condición de miseria en su alma y son indiferentes, insolidarios e insensatos con los demás.


En “Los miserables”, una de las mejores obras de la literatura clásica en la que además el autor se inspiró en los más vulnerables, Victor Hugo escribió: “la  vida, el sufrimiento, la soledad, el abandono, la pobreza, son campos de batalla que tienen sus propios héroes; héroes obscuros, a veces más grandes que los héroes ilustres”. Es a esos héroes que habitan las calles a quienes hay que reconocer su valor y fortaleza.