Columnistas

John Gómez Restrepo
Autor: Bernardo Trujillo Calle
22 de Marzo de 2014


Empezó casi de la nada hasta formar un imperio económico de empresas y dinero sano.

Empezó casi de la nada hasta formar un imperio económico de empresas y dinero sano.  Su vida fue un continuado esfuerzo por superarse y lo logró dejando un nombre respetable y una gran familia que ha seguido al pie de la letra sus enseñanzas remarcando sus huellas, así de hondas como las supo él imprimir en cada una de sus actividades industriales y comerciales y en su vida de relaciones sociales.  Era un consejero nato y sobre su propia experiencia de felices éxitos, elaboró un discurso elemental que solía narrar cada vez que tenía oportunidad ante sus amigos y en escenarios cultos donde asistía invitado para que de sus labios salieran las palabras que ilustraban esa maravillosa parábola de su vida.


Nos conocimos iniciándose apenas el Frente Nacional que nos llevó a la Asamblea Departamental como diputados en representación del Partido Liberal.  Unos años mayor, no fue sin embargo óbice para que nos entendiéramos dentro de una cordial amistad que duró desde entonces hasta el día de su muerte.  Su oficina de trabajo del edificio Corfín fue a la vez acogedor sitio de reunión en donde solía recibir también a sus amigos de la política con esa proverbial familiaridad que fue una de sus virtudes humanas.  Porque John Gómez supo cultivar ese don tan excepcional pero esquivo del buen trato, descomplicado y generoso en aquellas personas que han logrado acumular bienes de fortuna como lo hizo él.


Su acogedora mansión Los Rosales donde John con frecuencia organizaba reuniones de amigos liberales para hablar sobre temas de carácter nacional y de política, pero de esa política decente como lo eran sus invitados, fue también visitada por los jefes del liberalismo que disfrutaban de la calidez del anfitrión y del confortable ambiente que se respiraba en sus amplios salones.  Recuerdo especialmente una noche en que el doctor Darío Echandía que estaba allí en misión de Director del Partido con un reducido grupo de dirigentes antioqueños, quedó admirado de la belleza de esa amplia extensión de ciudad que se divisaba desde allí y algún consejo oportuno debió darle a su amigo que por entonces andaba empeñado en remodelar la espléndida fachada de su casa.


Una de las últimas veces que lo ví y hablé con él fue al cumplir sus 90 años.  Evelio Ramírez, Adolfo Arango y yo lo invitamos a una comida que disfrutamos oyéndoles los pormenores de su pobre juventud, de próspero empresario, de congresista y diplomático, temas que en su palabra cobraba ciertos acentos de legítimo orgullo. Porque a diferencia de tantos personajes que ocultan sus años difíciles y evitan hablar de sus bien habidas fortunas, John Gómez lo hacía en privado y en público con el fin de infundir confianza en personas dubitativas y temerosas de embarcarse en proyectos ambiciosos.  Sentía él, con honrado orgullo, que no tenía por que ocultarse en un silencio innecesario.


John Gómez fue un hombre de convicciones políticas firmes y comprometido con la suerte de su Partido Liberal. Hizo, como muchos de nosotros, la tarea completa de recorrer pueblos apartados de Medellín en misión proselitista.  Su discurso era simple y concreto, sin querer halagar por halagar.  Con Margarita González y Gilma Jaramillo hicimos una de las correrías, esa vez a Sonsón y como buen compañero de viaje, aceptaba estoicamente incomodidades a las que ya él no estaba acostumbrado.


Se nos ha ido este amigo casi al tiempo en que se nos fue Evelio Ramírez. Nos deja la lección del ciudadano que pudiéndose empinar sobre decenas de empresas que fundó y alentó con su trabajo, prefirió mantener el perfil de un hombre sencillo, del común.  Entra a la galería de los patriarcas del liberalismo antioqueño al lado de otros como don Gabriel Fernández Jaramillo, Hernán Toro Agudelo, Gustavo Mejía Ramírez, Pedro Luis Villa.


Paz en la tumba del amigo y una voz de condolencia y solidaridad para su familia.


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Canallada impiadosa la burla que se ha hecho de una dificultad intrascendente de salud del Presidente. ¿Cuántos de sus críticos la padecen?. Y mentiroso el infundio de que no podría ejercer la Presidencia.  Así no se hace política.  Es una vulgar indecencia.  Con mayor razón lo elegiremos.