Columnistas

Putin se quita la máscara
Autor: Rafael Bravo
21 de Marzo de 2014


El mundo por fin pudo verle la cara a Vladimir Putin luego de llevar una máscara por tan largo tiempo. Es el típico dictador con infinitas ansias de poder e hijo de la Guerra Fría.

El mundo por fin pudo verle la cara a Vladimir Putin luego de llevar una máscara por tan largo tiempo. Es el típico dictador con infinitas ansias de poder e hijo de la Guerra Fría. Mas allá de lo ocurrido en Crimea con una ocupación de hecho por fuerzas rusas, el asunto de fondo es enfrentar el proyecto imperialista putiniano cuya magnitud solo está en la mente del líder soviético y unos pocos en el cerrado círculo del Kremlin. Putin no es ningún aprendiz. Salido de la KGB,  la agencia de inteligencia rusa que lo formo durante 16 años en las actividades de espionaje, salta a Primer Ministro nombrado por su mentor Boris Yeltsin en 1999.


Putin tiene claro como operar en un mundo que ha dejado de ser bipolar. Los Estados Unidos en manos de Obama entienden que su influencia global requiere de la colaboración de distintos actores. El Excepcionalismo Norteamericano es un asunto del pasado, muy a pesar de lo que piensan muchos en los Estados Unidos. Las aventuras militares en Irak y Afganistán han colmado la paciencia y el bolsillo de los estadinenses por lo que pensar en una intervención militar en Ucrania o Crimea es algo impensable.


Vladimir Putin quiere a toda costa recuperar la grandeza de lo que fue la Unión Soviética. De la gloria de los Juegos Olímpicos de Invierno hace apenas un mes, pasa a ser un villano atragantándose un país vecino bajo el pretexto nacionalista de defender a los ciudadanos de origen ruso mediante un referendo de última hora. Más que la violación de normas internacionales, Estados Unidos y la Unión Europea deben concentrarse en denunciar la anexión ilegitima de Crimea a Rusia y las aspiraciones expansionistas de Moscú en cabeza de Putin.


Gazprom la estatal rusa que provee el 30 por ciento del gas consumido en Europa combinado con los gigantescas reservas de petróleo que posee, hace muy difícil que la los miembros de la UE se atrevan a imponer sanciones económicas de peso a Rusia. Además, la actual clase dirigente que gobierna con Putin tiene importantes vínculos económicos vía inversiones financieras, bancarias y de bienes raíces en toda Europa y los Estados Unidos. Por ello, las poco efectivas sanciones político-diplomáticas impuestas a unos pocos burócratas del gobierno ruso van a ser simplemente un precedente sin mayor impacto.


Durante los distintos periodos en que ha gobernado, Putin ha demostrado su poder persiguiendo sin piedad a sus opositores, restringiendo los medios que están bajo el control estatal, enfrentando la comunidad LGTB y subordinando la economía rusa a los destinos del Kremlin en beneficio de un pequeño grupo de privilegiados cercanos al régimen. Como acertadamente lo describió el disidente Garry Kasparov unos pocos ‘’gobiernan como Stalin pero viven como Trump’’.


De nada le sirvió al también ex agente de la KGB Alexander Litvinenko asilado en Londres denunciar a Putin por el asesinato del magnate Boris Berezovski y de la periodista Anna Politkovskaya, para terminar envenenado con polonio radioactivo. A nivel internacional es bien conocida su reiterada oposición para sancionar al carnicero de Siria o el silencio cómplice con lo que ocurre en Venezuela. O la vergonzosa invasión a la pequeña Georgia y Moldavia.


Obama y Europa necesitan al unísono para darle de tomar a Putin de la misma medicina en su audaz pero al mismo tiempo temeraria acción apoderándose de Crimea. De no ser así, sus irredentas ambiciones por una región Euro-asiática bajo el dominio ruso no es una realidad muy lejana.