Columnistas

Los elegidos
Autor: David Roll
20 de Marzo de 2014


Los libros de espiritualidad de todos los tiempos responden a la obsesión del hombre de encontrar algún sentido a la paradójica vida humana que se mueve entre dos nadas aparentes, la anterior al nacimiento y la posterior a la muerte.

Los libros de espiritualidad de todos los tiempos responden a la obsesión del hombre de encontrar algún sentido a la paradójica vida humana que se mueve entre dos nadas aparentes, la anterior al nacimiento y la posterior a la muerte. Es evidente que la simple lucha por la supervivencia no resuelve esa inquietud, y por eso profetas y filósofos han dado opciones para hacer frente a esa preocupación cotidiana e ineludible, con fórmulas muy sugestivas, en las que el destino post mortem es una cuestión fundamental. Pero ninguna religión o corriente filosófica termina en una interpretación sobre la vida después de la vida, sino que se ocupan diligentemente de ofrecer dos productos adicionales a sus consumidores, porque de otra forma además el mercadeo de las mismas sería un fracaso desde la antigüedad hasta hoy. El primero de ellos es por supuesto una explicación del porqué de las cosas, que es algo esencial para el ser humano atrapado en su mente inquieta. Pero lo más importante es la fórmula para, de acuerdo con las dos primeras cuestiones, saber cómo debemos vivir mientras nos morimos. Ninguna de esas corrientes de pensamiento sin embargo puede dar más que un consejo, sugerencia u orden al respecto. Es finalmente cada persona, en la soledad de un atardecer, quien decide qué hace con su vida o si lo que está haciendo es lo que debe seguir haciendo, de acuerdo con sus convicciones o la religión o doctrina filosófica que le convence. Y es en esas tardes inevitables de autosinceridad cuando las personas que son elegidas para cargos públicos deben enfrentarse a sí mismas y reconocer si han llegado a ellos para darle un sentido a la paradójica vida, a través del servicio honesto, como nos lo han dicho, o si están en esa posición para satisfacer sus egos, aumentar su confort y el de sus allegados y amigos. Dicho menos filosóficamente, si quieren hacer lo que se espera de ellos, o mamarle gallo a toda la sociedad y las filosofías y religiones en su conjunto. Estas coinciden en sugerir casi todas que ser elegido para gobernar es casi como ser uno de los elegidos para salir del atolladero del sentido de la vida. Afortunadamente para todos los hombres siempre hay una tarde nueva cada día. Esperemos que los elegidos usen esas tardes para meditar sobre esto y obren en consecuencia.


Profesor titular Universidad Nacional.