Columnistas

La crisis y el código penitenciario
Autor: Abelardo Ospina López
17 de Marzo de 2014


Tenemos pues, un cierto despeje en los reclusorios de Colombia. Y serán (o son) muchas las personas que se van a dar el reposo con la nueva normatividad, pues “parece” que ahora sí vamos a ver menos hacinamiento y un poco de tranquilidad mental

Tenemos pues, un cierto despeje en los reclusorios de Colombia. Y serán (o son) muchas las personas que se van a dar el reposo con la nueva normatividad, pues “parece” que ahora sí vamos a ver menos hacinamiento y un poco de tranquilidad mental y social, por saber que en casa algunos  purgan una pena y los allegados próximos, por ver y sentir cotidianamente a su (o sus) seres queridos “o apreciados,” consanguíneos o no. 


Los requisitos exigidos para conceder 1), la prisión domiciliaria, 2) la libertad condicional y 3), la suspensión de la ejecución de la pena, son novedades que trae la Ley 1709 de enero/2014. La Ley busca humanizar el sistema carcelario y el régimen de libertades, que también, el trabajo armónico de las instituciones.


Se trata de nueva política criminal, sin la abundante proliferación de normas que fomentaban la privación de la “bendita libertad”. Y se ha autorizado la creación de “centros de arraigo transitorio de sindicados sin domicilio definido y la construcción de ciudadelas judiciales y establecimientos para inimputables por trastorno mental”. De esto se deduce que eliminan “pabellones siquiátricos y cárceles para autores de delitos culposos, cometidos en accidente de tránsito o en ejercicio de cualquiera profesión u oficio”.


Se nos ocurre resaltar que “la suspensión condicional de la ejecución de la pena la han de autorizar, cuando ésta no supere los cuatro años y la persona no posea antecedentes penales”. La condicional beneficia a quienes hayan cumplido las tres quintas partes de la sanción…


Los Despachos judiciales que tradicionalmente han estado atiborrados de trabajo, ¿cómo estarán hoy? Quienes hemos trajinado por las honrosas oficinas judiciales, nos imaginamos el acerbo de expedientes que, con ocasión de la nueva norma, tienen. Imaginamos que habrá coyuntura para la creación y respaldo financiero de nuevas plazas, por lo menos mientras se descongestionan o salen del trajín actual.


Humanizar el régimen carcelario, se ha reiterado, es de prioritaria necesidad. Y no se dan indicios de que a ello llegaremos todavía... Preguntamos: ¿tendremos cárceles familiares y amables?


Se oxigena el alma cuando sabemos que “están quedando libres los no culpables de delitos graves como “inasistencia alimentaria, prevaricato, falsedad en documento” y muchos legalmente detenidos, podrán solicitar la “libertad condicional”.


“Oh libertad que perfumas las montañas de mi tierra, deja que aspiren mis hijos, tus olorosas esencias”, como rezan versos de nuestro himno o, “la única, la última y primera, para siempre, es la palabra libertad”, cual lo compuso el “anacobero” o Jefe Daniel Santos, cuando pagaba “encierro”, porque lo “pillaron” fumando (o probando) de las yerbas que sabemos.


De todos modos, bien llegado el nuevo Código penitenciario y carcelario.