Editorial

La conquista de espacios p鷅licos
14 de Marzo de 2014


Si la lucha por el imperio de la ley pesa especialmente en los hombros del Estado, la conquista de la convivencia fundamentada en el respeto por el otro, las acciones noviolentas y el cumplimiento de la ley, es un deber de la ciudadan韆.

Con la incorporación a la vida ciudadana de los espacios verdes que existen en torno a 16 tanques de agua de Empresas Públicas de Medellín y la recuperación de cuatro espacios deportivos que estaban subutilizados, mediante la construcción de veinte Unidades de Vida Articuladas -UVA-, la Alcaldía de Medellín, EPM y el Inder, generan nuevos espacios públicos para defender la vida, aumentar la convivencia y procurar la consolidación de un modelo de ciudad fundado en la vida común, o sea en compartir, conversar y soñar juntos. 


Por las características de su ocupación desordenada, hecha a cuatro manos por quienes buscaron el lucro de ese bien escaso que es la tierra y por quienes no encontraron medios para acceder a la vivienda formal y poblaron las laderas como pudieron, Medellín creció sus calles de circulación y edificios sin dejar espacios públicos para compartir la vida. El modelo rentista en el uso del suelo urbano tuvo consecuencias, ampliamente descritas por expertos que al despuntar los años noventa investigaron la violencia, sus actores y sus razones, y se atrevieron a proponer soluciones, algunas de las cuales han sido recogidas por los gobiernos municipales para sucesivas interpretaciones. Una de ellas, con efectos felices a mediano y largo plazo, fue generar, desde donde parecía imposible, espacios para la vida común, espacios públicos. 


Como logros del esfuerzo de veinte años por darle a la ciudad nuevos lugares para la vida, están los tres núcleos de vida ciudadana, los parques “de los deseos”, “los pies descalzos” y Arví; la transformación de la zona norte, los parques lineales y los parques biblioteca. Cada espacio conquistado es un aporte a la convicción común de que la vida es mejor cuando se le disfruta con los otros, o sea los distintos, no cuando se le encierra tras muros, mallas y alarmas, en los mejores casos, o se le hacina en pequeños espacios, hogares improvisados y llenos de necesidades. Ese sueño sigue creciendo y haciéndose posible con esfuerzos como el Cinturón Verde Metropolitano y las UVA que se han comenzado a desarrollar en procesos que han favorecido las conversaciones ciudadanas.


Contar hoy con 3,93 metros cuadrados de espacio público por habitante, incluidos los que aporta el Parque Arví, es un logro colectivo que nos pone lejos de los 0.90 metros que existían en 1990 y nos acerca, al menos en algo, a los diez metros cuadrados por habitante, que se considera el ideal para garantizar vida de calidad en una ciudad contemporánea. Los espacios públicos, valga el momento para hacer claridad, no son espacios libres, áreas sin edificar y zonas sin control; todo lo contrario, su gran valor reside en que son terrenos conquistados por el Estado y la sociedad para la vida en común, que pueden o no tener edificaciones y que pueden o no contar con lugares cerrados. Su virtud reside en que son espacios para ser habitados y disfrutados en iguales condiciones por todos los ciudadanos. 


En su reciente visita a Medellín, el ministro de Defensa, doctor Juan Carlos Pinzón, señaló los avances de la ciudad en materia de seguridad, sobre todo en la necesaria protección a la vida humana. Con una tasa de homicidios de 28,5 por cien mil habitantes, Medellín ha logrado ubicarse por debajo de la tasa nacional de homicidios, que es 32,3 por cien mil habitantes. Considerando que en 1991, nuestra tasa de homicidios fue de 320 por cien mil habitantes, es necesario reconocer los logros del esfuerzo continuado que ha hecho el Estado para hacer valer la vida y generar condiciones de seguridad, también los aportes ciudadanos a la legalidad y la convivencia. Y en ellos suman las grandes inversiones en seguridad, que han favorecido mayor presencia de la Fuerza Pública, aumento de capturas y combate al crimen organizado, así como las inversiones para construir oportunidades para la equidad y la vida, en educación y espacios para la vida.


Si la lucha por el imperio de la ley y por generar condiciones para la convivencia pesa especialmente en los hombros del Estado, la conquista de la convivencia fundamentada en el respeto por el otro, las acciones noviolentas y el cumplimiento de la ley, es un deber de la ciudadanía, que se aprende, se ejerce y se disfruta especialmente en los espacios públicos. Por eso, construir las UVA, el Cinturón Verde Metropolitano, el Parque Vial del Río, es también generar oportunidades para respetar, compartir y celebrar la vida.