Columnistas

¡Mesmo que un cristiano…!
Autor: Anibal Vallejo Rendón
11 de Marzo de 2014


¿Por qué guardé una página completa del periódico La Prensa de Buenos Aires, fechada el 24 de mayo de 1959?

¿Por qué guardé una página completa del periódico La Prensa de Buenos Aires, fechada el 24 de mayo de 1959? Un lado dedicado al pintor argentino Carlos Morel, el otro a la historia de un muchacho del campo con su perro Mangoré. Si en ese entonces leí la primera historia del pintor de fines del siglo XIX no recordaba la del perrito aquel. Cómo la iba a recordar si para entonces nada sabía ni me podía imaginar del mundo animal.


La historia de Alberto Martelli Jáuregui se refiere a un joven despreocupado que quedó sin rumbo a la muerte repentina de su padre. Como quedaba su madre desamparada tenía que ganarse el pan. Un día ensilló el caballo que fue de su padre y salió en busca de su futuro. Su perro Mangoré lo seguía jadeante como una sombra sin separase del caballo. En su primera parada en busca de trabajo al verlo acompañado de un perro le fue negado. En el siguiente intento como había varios perros en la estancia no fue bien recibido. Entonces decidió regalarlo a unos carreros que encontró en su camino. Sin embargo el perro de nuevo apareció detrás de él. Del cariño inicial que le tenía pasó al aborrecimiento. Y como no encontraba trabajo con su compañía decidió deshacerse de él. Al pasar cerca de un arroyo, asustado él y asombrado el perro, logró meterlo dentro de un costal, lo amarró  y lo arrojó al agua mientras el animal se lamentaba con ladridos lastimeros.


Pasó el tiempo sin que pudiera olvidar su vileza. Hasta que un día en la celebración de una competencia divisó a un paisano acompañado de dos perros que le seguían en su cabalgadura. Uno de ellos era Mangoré. Le llamó insistentemente, el perro le miró, dejó de ladrar y se alejó. ¡Cómo ponerse en evidencia ante su acompañante! Nada podía decir. Inicia una conversación disparatada, tratando de abordar el tema del perro, en busca de alguna pista que le permita saber cómo lo obtuvo. Hasta que logra saber que el nuevo amo lo había rescatado de las aguas, moribundo, insistiendo en la maldad de quien había cometido tan deplorable acción. La conversación llevó al nuevo amo a suponer que este hombre tan interesado en el animal era el causante de la vil acción. Decidió decirle que si tan seguro estaba de haber sido su dueño, se lo llevara.


No hubo manera de que el perro respondiera a los insistentes llamados. La historia termina cuando Mangoré lo rehúye, le muestra en forma amenazante los colmillos, le gruñe con rabia, lo rechaza y se va detrás del paisano dejándolo desconcertado.


-¡Mesmo que un cristiano…! –suspiró su antiguo amo con la voz quebrada por el desaliento, al verlo alejarse- … ¡mesmo que un cristiano …! -repitió mordiendo las palabras. Y taloneando el caballo se alejó sin volver atrás. La mirada del perro le había chamuscado el alma.