Columnistas

Lo positivo del comparendo
Autor: Carlos Alberto Gomez Fajardo
4 de Marzo de 2014


Quiz醩 el lector de esta columna ha vivido como protagonista el episodio que describo a continuaci髇.

Quizás el lector de esta columna ha vivido como protagonista el episodio que describo a continuación. La escenografía es sencilla, simple el argumento: en medio de la semana llega usted a casa al anochecer, después de otro día de esfuerzos y de trabajos; sólo le provoca un rato de reposo, quitarse los zapatos, estirar las piernas y despreocuparse de los afanes de la rutina diaria. En ése preciso momento, cuando revisa distraídamente su correspondencia, cuando en medio de la inocencia creía que iba a tener unos minutos de placidez y despreocupación, aparece el sorpresivo papelito: el comparendo electrónico, la fotomulta. Usted repasa, ante la inicial incredulidad, y se ve todo patente: fecha, hora, la placa de su vehículo. Sus otros datos son correctos. Sí, sin lugar a dudas, se trata de usted. Se devuelve en el tiempo, hace la composición de lugar y recuerda: “Ah, sí, claro, ése sábado a las 15:45 subí por las Palmas después de pasar por…”  Con un esfuerzo de detective principiante visualiza los detalles de su auto y no le cabe duda. La foto adicional, la que muestra el entorno, le permite reconocer los alrededores y disipar cualquier asomo de esperanza de una equivocación. El registro es inapelable, la cámara lo registró en franco exceso de velocidad.


Sigue entonces la otra parte del proceso: sacar el tiempo para hacer las diligencias ante las autoridades. El retiro de la suma adicional que ya parece tener que ser parte del presupuesto doméstico, en fin.


No obstante,  creo pertinente reconocer algo positivo: el curso sobre normas de tránsito a que los infractores somos obligados por la normatividad vigente, tiene elementos que es necesario reconocer favorablemente. Es al menos una invitación a la reflexión sobre la seria responsabilidad que comporta el hecho de vivir en comunidad y el hecho, también cierto e inapelable, de la importancia de una adecuada educación en temas de movilidad y de comportamiento, como conductor o como peatón.


Las cifras son muy elocuentes y dolorosas. Miles de víctimas cada año quedan  en las calles y carreteras de Colombia debido a accidentes de tránsito: principalmente peatones, motociclistas y ocupantes de vehículos automotores. Unas cifras de proporciones muy superiores a las vidas perdidas en medio del conflicto de violencia armada.  Discapacidad grave, pérdidas de vidas de ciudadanos en plena edad productiva, millonarios costos en atención médica e incapacidades laborales, serio detrimento de los aspectos materiales y patrimoniales de los afectados…  Como lo relatan las instituciones encargadas de la parte pedagógica, las principales causas: impericia, exceso de velocidad, abuso de alcohol, irrespeto a las normas y autoridades de tránsito. 


A cada ciudadano le cuesta afrontar el hecho de ser detectado por estos sistemas fotográficos  despersonalizados que rememoran la asfixiante metodología de control social del gran hermano.  Pero es también un hecho cierto que  se puede entender el aspecto pedagógico de los cursos sobre normas de tránsito como un eficaz intento de reforzar actitudes y aptitudes a la que debemos llegar los ciudadanos como un logro educativo y de buena convivencia. Aprender a conducirnos -como conductores, como peatones- de modo cuidadoso y verdaderamente urbano, es una gran ganancia para todos. Ha de llegar el momento en que conduzcamos responsablemente porque hemos interiorizado el sentido cívico de hacerlo cumpliendo cuidadosamente la normatividad de tránsito, no porque tengamos miedo a la fotomulta. Cuando eso suceda, quizás en unas cuantas generaciones más, seremos efectivamente un poco más y mejor educados para vivir pacíficamente en comunidad. Esto puede ser lo positivo del comparendo: una lección que para cada uno es costosa, pero que apunta a que seamos mejores, a que corrijamos el rumbo, reduzcamos la velocidad, observemos y acatemos las normas de tránsito que tratan de protegernos, entendiendolas y asimilándolas a cabalidad.