Columnistas

Fernando González, filósofo de la autenticidad
Autor: Iván Guzmán López
4 de Marzo de 2014


Mi maestro Manuel Mejía Vallejo, por esa época deliciosa y añorada de su Taller de Escritores de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, nos invitaba a leer mucho

Mi maestro Manuel Mejía Vallejo, por esa época deliciosa y añorada de su Taller de Escritores de la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, nos invitaba a leer mucho, por dos motivos: el primero, “porque nadie se hace escritor, si no es leyendo”; y el segundo, porque “uno se muere cuando lo olvidan”. Esto último nos lo decía, hacia el final de su vida, con un dejo de nostalgia en los ojos y el acento. Coherente con ello, debo decir que a un gran escritor no se le debe olvidar, no se le puede dejar morir. Seguramente a este aserto se debe que el maestro Fernando González Ochoa, siga vivo entre nosotros, que no se haya muerto; porque no lo hemos olvidado, no obstante el haber fallecido hace 50 años. 


Al cumplirse el primer cincuentenario de la partida del maestro, se han intensificado las conferencias, las charlas y los recordatorios. Pero el evento central, a mi juicio, fue la deliciosa velada que un grupo afortunado de invitados, vivimos en la noche del jueves 13 de febrero, con el doctor Javier Henao Hidrón, en la presentación de la nueva edición, la sexta, de su libro “Fernando González, filósofo de la autenticidad”, publicación suya, en coedición con la Corporación Fernando González-Otraparte. Recordemos que “Otraparte”, llamó el maestro a su casa campestre de Envigado, y que hoy, para orgullo de Antioquia y el cultivo de la memoria y la obra del maestro, está convertida en Casa Museo y en bien de interés cultural de la Nación, por obra y esfuerzo de un grupo de amigos, en cabeza de Gustavo Restrepo.


El libro abre con un breve tratado de grata recordación para el autor y excelente ilustración al lector sobre el Fernando González, que encontró Henao Hidrón, cuando, siendo un joven estudiante de derecho, y tomado ya por esa escritura de libros “dirigidos intencionalmente a la juventud, en los que pretendía liberarla de prejuicios, mostrarle un método de conducta individual y hacer que se autoexprese”, decidió conocerlo personalmente, lo que ocurrió a mediados de 1958. “Me resultó fácil entrar en comunicación con el maestro”, dice nuestro autor Henao Hidrón, “debido sin duda a ese comportamiento vital suyo. Poco a poco fui descubriendo el personaje: de mediana estatura, flácido, lento caminar filosófico, apoyado en su bordón; ojos grandes y escrutadores –ojos de asombro–; cabello blanco debajo de la boina vasca, remembranza esta de sus años de consulado en Bilbao y del ancestro español de su apellido materno: Ochoa. Tenía 63 años de edad y por causa de su sordera, solía colocar la mano abierta detrás de la oreja grande y saliente, para escuchar. Hablaba con fluidez y gracia, paladeando las palabras. Poseía una especie de halo de grandeza similar al que debió emanar de los sabios pensadores de la filosofía griega”. 


Desde 1957 (año en el cual leyó el primer libro de Fernándo González), viene el doctor Javier Henao Hidrón leyendo, estudiando e investigando la vida y obra del filósofo de Otraparte, razón suficiente para que encontremos en su libro, la sexta edición, como ya se dijo, un verdadero banquete para el intelecto y el espíritu. Diecinueve deliciosos capítulos bien madurados y escritos, antecedidos por unas cuidadosas notas de “vivencias cronológicas”, seguidos de una extensa y autorizada bibliografía, a más de un cuidadoso índice onomástico, completan el libro, donde, casi con amor filial, rigor de excelente investigador, lector apasionado y curtido escritor, retrata de cuerpo completo en imagen, obra y pensamiento,  al filósofo de Envigado, al todavía (cincuenta años después de su fallecimiento) habitante de Otraparte, al filósofo aficionado, al enamorado de la vida, de la belleza, de la verdad, de la justicia; al pensador instalado eternamente en su yo, el Maestro Fernando González Ochoa, quien, recordemos, dejó sus amadas ceibas envigadeñas el 16 de febrero de 1964, dejando un legado de autenticidad, de fe, de queja y de amor por Colombia, a la que amó, no obstante las duras miradas decimonónicas e incomprensivas sobre él, durante toda su vida. 


Injusto sería no decir que el doctor Javier Henao Hidrón, es abogado de la Universidad de Antioquia, ex Secretario de Educación y Cultura de Antioquia, ex magistrado del Consejo de estrado, profesor universitario en Medellín y Bogotá, presidente de la Asociación de Exmagistrados, Miembro de la Academia Antioqueña de Historia y de la Sociedad Bolivariana de Antioquia, así como autor de obras de carácter jurídico e histórico. Y lo mejor, Fernandólogo, de tiempo completo, y dueño de una labia generosa, sabia, gentil y festiva para gusto y bien de sus amigos y contertulios.