Editorial

Vicepresidencia y reforma pol韙ica
27 de Febrero de 2014


Nos permitimos retomar el debate sobre la Vicepresidencia, instituci髇 que no ofrece garant韆s de estabilidad institucional y a la que el pa韘 no acaba de acostumbrarse.

La selección que ha hecho el candidato-presidente del doctor Germán Vargas Lleras como fórmula vicepresidencial para el período 2014-2018, si es reelegido, es un mensaje político con tantos significados que resulta comprensible que los analistas apenas comiencen a desmenuzarlo en sus complejas partes, que son, cuando menos, el hecho en sí mismo, las declaraciones de los protagonistas y el casi inocultable enojo del señor Angelino Garzón, actual vicepresidente. Dejamos el espacio a los políticos para que discutan el interés electoral en la selección del hombre más a la derecha entre los fieles al primer mandatario, y así retomamos el debate sobre la Vicepresidencia, institución que no ofrece garantías de estabilidad institucional y a la que el país no acaba de acostumbrarse. 


Al proclamar al doctor Vargas Lleras como su fórmula, el “incumbente” indicó que busca “una vicepresidencia diferente, activa, al frente de los grandes retos del país, que se cosecharán en los próximos cuatro años: ahí la palabra ejecución se vuelve relevante”. El aludido complementó a su compañero de fórmula y nuevo socio electoral indicando que la Vicepresidencia “es un cargo con remuneración y credibilidad, y eso debe ser utilizado en beneficio del país, dando resultados”. En posteriores declaraciones a los medios de comunicación, el exministro de Vivienda enfatizó en que “lo que me tiene sumamente contento es el criterio de redefinir las competencias y funciones de la Vicepresidencia, que parecían vacías e inexistentes”.


Dado que estas propuestas han coincidido con menciones públicas de los coequiperos sobre su interés de avanzar en una reforma política, de la que mencionaron otros “detalles” como la extensión del periódo para alcaldes y gobernadores y la eliminación de la reelección, sobre los que nos referiremos a espacio posteriormente, expertos han mencionado que la iniciativa va a incluir una revisión de la Vicepresidencia, figura que la Constituyente del 91 reincorporó en la institucionalidad colombiana, en decisión que oportunamente señalamos como innecesaria e inconveniente, pero que se impuso como tantas otras que fueron impulsadas por cierto tufillo populista que recorrió los pasillos del Centro de Convenciones de Bogotá por aquellas calendas.


El espíritu favorable a la Vicepresidencia creció por cuenta de quienes hicieron creer que el sucesor del presidente en caso de ausencia absoluta, tendría mayor legitimidad si era elegido por voto directo de los ciudadanos y no por el del Congreso, como operaba la figura del designado. Entonces se dio poca importancia a la recurrencia de sobresaltos institucionales provocados en torno o por los vicepresidentes, entre ellos la destitución del general Santander por el Libertador al proclamarse dictador y dictar su Ley Fundamental, o el golpe orquestado por José Manuel Marroquín contra el presidente Manuel Antonio Sanclemente, incidentes que recordamos en octubre del 2012. Sin que tengan la gravedad de los que sacudieron la institucionalidad del país en el siglo XIX, no son menores los conflictos generados por el doctor De la Calle cuando se sumó a la conspiración contra el presidente Samper, hecho que concluyó con su renuncia, o las confrontaciones públicas con sus compañeros de fórmula ocasionadas por el impetuoso Francisco Santos y por el combativo Angelino Garzón. ¡Y ninguno de los referidos le llega a los talones del doctor Vargas en materia de ambiciones, ímpetu y combatividad!


Por ahora, las declaraciones del tiquete reeleccionista dejan dudas sobre si el tercer parágrafo del Artículo 202, según el cual “el presidente de la República podrá confiar al vicepresidente misiones o encargos especiales y designarlo en cualquier cargo de la Rama Ejecutiva. El vicepresidente no podrá asumir funciones de ministro delegatario”, es suficiente para acoger las pretensiones del doctor Vargas Lleras o si buscarán modificaciones que abran camino a un modelo vicepresidencial semejante al que el chavismo impuso en Venezuela, para dar mayor protagonismo y funciones del titular, o, más radical aún, a nuevas formas de institucionalidad en las que vicepresidente asuma roles de primer ministro, al estilo de las democracias parlamentarias, pero ¡en un régimen presidencialista! Las dudas por las relaciones futuras dentro del equipo que hoy parece un matrimonio bien avenido, imponen insistir, como lo están haciendo destacados congresistas, en revisar este grave error de la constituyente y regresar a la figura serena e inconfundible del designado presidencial.