Columnistas

De la Apis mellifera a la “Apis titanis”
Autor: Carlos Mauricio Jaramillo Galvis
26 de Febrero de 2014


Un himno funerario dirigido al faraón Usertosen II rezaba de la siguiente forma: “Casó al junco con la abeja” que en buen romance quería decir que este faraón reinó en los dos Egiptos.

Un himno funerario dirigido al faraón Usertosen II rezaba de la siguiente forma: “Casó al junco con la abeja”  que en buen romance quería decir que este faraón reinó en los dos Egiptos.  Pero también cuenta la historia que un día el dios Ra lloró a cantaros y que sus saladas lágrimas, una vez tocaron tierra, estas se convirtieron en uno de los insectos más bellos y funcionales de este planeta: la abeja


Este alado insecto, venerado por culturas como la egipcia, la griega y al babilónica juega un rol fundamental en la cadena alimenticia,  pues es el campeón de la polinización, una actividad fundamental en la obtención de alimentos de muchos seres vivos, especialmente del hombre. Hoy está entredicha su sobrevivencia ya que millones de ellas mueren anualmente,  poniendo en grave peligro la seguridad alimentaria de miles de millones de personas


El alimento primario de la Apis mellifera es el néctar de las flores,  el cual liba para modificarlo en su cuerpo y posteriormente almacenarlo y dejarlo madurar  hasta convertirlo en la valiosísima miel y, para lograr semejante hazaña, propia de un buen alquimista, este himenóptero (himen= membrana; pteros = alas) deberá  visitar hasta mil flores en uno de sus 14 viajes que realiza en un día dedicado al  pecoreo, o sea, recolectando miel y polen para producir ese rico y alimenticio fluido viscoso.


De acuerdo con los últimos estudios botánicos, el número de plantas conocidas que hay sobre el planeta es de aproximadamente 400.000, de las cuales un poco más de 100 de estas sirven de sustento alimenticio a la humanidad y un poco más del 70% de esas 100, son polinizadas por las abejas de acuerdo con la FAO.  Basta con saber, que aproximadamente una cuarta parte de la dieta de los norteamericanos está estrechamente ligada  a la polinización directa de las abejas, según  anota el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos y, no en vano, en este país los apicultores rentan sus colmenas a los horticultores obteniendo muy buenas ganancias, pues conocen tanto los unos como los otros, de las bondades de este peludo insecto.


La polinización entomófila (hecha por insectos) tiene en la abeja a su mejor exponente al garantizar frutos de mayor tamaño y de mejor conformación, disminuyendo el tiempo que separa la floración de la fructificación, protegiendo así a  los frutos de los ataques de plagas, hongos, bacterias y virus.  Reduce por demás, el uso excesivo del agua de riego


A estas alturas de la actual centuria, el mundo científico tiene sus alarmas prendidas al señalar que en los Estados Unidos las colonias de abejas han disminuido en un 30% y en muchos países europeos la pérdida alcanza hasta un 20% . Las enfermedades, el cambio climático (modifican los patrones de floración y afectan las estaciones), los monocultivos, los agroquímicos como los pesticidas (las intoxica y las  desorienta),  los herbicidas (destruyen la diversidad vegetal) y el uso de transgénicos  vienen afectando las fuentes de alimento de las abejas.


Investigaciones muy serias indican que actualmente un insecticida  conocido como neonicotinoide el cual se aplica a las semillas para su protección, tienen una particularidad especial: se acumula en todos los tejidos de la planta una vez esta germina, lo que ponen en peligro a cualquier insecto fitófago afectando su sistema nervioso (incluida la abeja) al nutrirse de esta planta, afectando además su capacidad de orientación, perturbando su olfato impidiendo que distingan las plantas y las flores de las que se alimentan y, por supuesto, disminuyendo su resistencia al ataque de parásitos, virus, hongos y bacterias.  Es un hecho incuestionable: cuando las obreras fenecen, toda la comunidad de la colmena peligra, muchas veces colapsa y,  por obvia razones, desaparece.


La empresa Monsanto está en el ojo del huracán, pues se la señala como la principal  responsable de este descenso peligroso de la población de las melíferas que podría traducirse en una catástrofe mundial, especialmente en lo que concierne a la seguridad alimentaria, pero la “toxiempresa”, horonda y maja anuncia la posibilidad de utilizar abejas robóticas para polinizar los cultivos transgénicos, los mismos que ella produce y que distribuye por el mundo sin piedad alguna.


Los bichos mecánicos están hechos de titanio y plástico y se pueden programar para imitar la organización social de los insectos, especialmente las que son verdaderas sociedades (insectos eusociales) para polinizar plantas, lo que convierte a Monsanto en una empresa con poca o nula responsabilidad social, pues al parecer a este emporio derramador de venenos, solo le interesa sus transgénicos pero en nada la biodiversidad, dejando que el dedo acusador le señale  su incidencia en la muerte de las colonias de las Apis.


De ser eliminada la abeja de la faz de la Tierra por los “toxicoempresarios” del norte, ¿qué pasará con la miel y con todas sus deliciosas posibles combinaciones? ¿Desaparecerá la jalea real con todas sus propiedades médicas y organolépticas? ¿Y qué sucederá con el antiséptico, antiviral y antiinflamatorio propóleo?


La destrucción de la naturaleza  son los dólares de Monsanto.