Columnistas

El expreso del sol
Autor: Pedro Juan González Carvajal
25 de Febrero de 2014


Hace 50 años el entonces gerente de los Ferrocarriles Nacionales, Javier Fernández de Soto, inauguraba el servicio de trenes de lujo entre Medellín y Santa Marta, bautizado en ese entonces como “El Expreso del Sol”.

Hace 50 años el entonces gerente de los Ferrocarriles Nacionales, Javier Fernández de Soto, inauguraba el servicio de trenes de lujo entre Medellín y Santa Marta, bautizado en ese entonces como “El Expreso del Sol”.


¡Qué recuerdos tan bellos aquellos! A mediados de los años sesenta, en paseo de familia, empleamos este servicio y en verdad, para la época, era todo un espectáculo. La salida se hacía desde la estación del ferrocarril  en el Parque de Cisneros, donde al frente funcionaba todavía la plaza de mercado, lo cual hacía del lugar algo aún más pintoresco.


El viaje estaba programado para 24 horas y se salía tipo 4 de la tarde y se iniciaba con un largo silbido de locomotora, lo cual era la señal de arranque, de modo que se estaba pasando por el Túnel de la Quiebra a eso de las 8 de la noche, después de haber pasado por unas pequeñas  estaciones. La aventura de atravesar el  túnel era todo un suceso y esos casi 10 minutos de oscuridad, oyendo el sonido de la locomotora y los coches, ese tradicional y lejano chucu chucu chucu, le daban a la travesía un encanto espectacular y un poco tenebroso.  


Del otro lado, esperaban una nube de venteros ambulantes que ofrecían todo tipo de viandas.


Se continuaba el viaje hasta llegar pasada la media noche a Puerto Berrio, atravesando el Magdalena y dirigiéndonos prontamente hacia Barrancabermeja, a partir de la cual el calor se hacía cada vez más intenso. Ya de día nos dirigíamos lentamente hacia el lugar de destino, pasando uno a uno una infinidad de pueblos y puebluchos que hacían del viaje un ejercicio encantador y la oportunidad de estirar los pies cuando se hacía alguna breve parada para bajar o recoger pasajeros.


El tren contaba con un vagón comedor donde uno podía disfrutar de desayuno, almuerzo y comida, así como de gaseosas y mecato para entretener  recorrido. Ya desde esa época se habla del tramo inseguro alrededor de  Gamarra, pues la guerrilla acechaba.  


De eso hace ya 50 años y es en verdad motivo de vergüenza nacional el que hayamos tenido unos mejores ferrocarriles hace 50 años que ahora. ¡Qué despropósito!


A mí personalmente ya se me perdió la cuenta de la cantidad de concesiones que se han realizado para resucitar nuestras vías férreas, sin que hasta el momento se pueda decir que tenemos unas rutas con operación continua tanto para carga como pasajeros.


Se sigue con la discusión sobre la necesidad de reemplazar nuestra actual trocha  angosta por el estándar mundial de la trocha ancha, producto de nuestra tradicional falta de previsión y corruptela, sin que a la fecha se tengan resultados.


La institucionalidad alrededor del negocio férreo es casi inexistente y el país sigue rezagado en el usufructo de este medio económico y eficiente que es una realidad en todas partes del mundo.  


Finalmente, cansados, sudados pero felices, pasábamos por las bananeras, mi madre nos hablaba de la matanza que allí ocurrió y mientras esta historia concluía, comenzábamos a divisar el anhelado mar, y a eso de las 6 de la tarde, estábamos llegando a Santa Marta. ¡Qué tiempos aquellos!