Columnistas

La Junta que viene del frío
Autor: Alvaro T. López
25 de Febrero de 2014


El Metro de Medellín, nuestro querido Metro, la obra de la que nos sentimos orgullosos porque fue hecha contra todas las malas voluntades nacionales que despiertan las innovaciones antioqueñas,

El Metro de Medellín, nuestro querido Metro, la obra de la que nos sentimos orgullosos porque fue hecha contra todas las malas voluntades nacionales que despiertan las innovaciones antioqueñas, y porque demuestra que este pueblo puede con todos los sueños, no es manejada por sus dueños sino desde el palacio de la carrera séptima. Las normas no son excusas. Las leyes, incluidas la llamada de metros, son elaboraciones de un cuerpo legislativo en el que participan gentes venidas de todo Colombia; en el que hay una participación antioqueña que bien podría imponerse para que el patrimonio regional no sufriera desmedro, para que desde aquí se pudiera decidir sobre lo que hemos construido exponiendo recursos que solo son de esta región.


En el mundo de los negocios (y el Metro es un negocio) son los dueños, sentados en lo que se llama asamblea de socios, los que deciden su organización, forma y órganos de gobierno, y configuración burocrática. Simpáticamente, en algún momento sacamos de Antioquia el destino del Metro y se lo entregamos al presidente, con el pretexto de un aval que prestó la Nación. El centralismo voraz, que asume roles que no puede interpretar, aprovechó para tener una fuente de influencia en territorio antiguamente hostil a cualquier intervención que interfiriera su propio sentido del desarrollo. Parece un chiste, pero es cierto: el señor Alcalde de Medellín y el señor Gobernador de Antioquia, juntos, son derrotados por el señor presidente de Colombia en el manejo del Metro de Medellín.


Ahora se discute por la conformación de la Junta del Metro, pero curiosamente el debate se centra en el carácter particular que deben tener los representantes del Presidente. Si nos atenemos a la acepción de particular como el que no tiene la connotación de servidor del Estado, estamos errados pues en la Junta del Metro no hay particulares, todos ejercen funciones públicas. Pero si entendemos particular como el que nada tiene que ver con el asunto que trata, como el elemento traído de afuera para manejar un asunto interno, todos los representantes del Presidente, por antioqueños que sean, son particulares. 


Obedecen instrucciones que muchas veces van contra el querer de los dueños, solo están pendientes de acatar la voluntad del nominador. Los candidatos deberían, en vez de estar prometiendo pendejadas, preocuparse de devolverle a la región uno de sus bienes más importantes. Es su deber con el pueblo del que demandan votos, protegerlo de las intervenciones centralistas. No es ningún honor, como lo insinúa el Director de Planeación, tener dos ministros en la Junta del Metro. Es una vergüenza que un muchachito hacedor de casitas como para pesebres, venga a decirnos cómo manejar instituciones que, como el Metro, no han podido ser replicadas en ninguna otra región de Colombia. 


Ojalá no se repitan los desplantes de las Ministras de Educación en el CSU de la Universidad de Antioquia. Ojalá sepamos no agachar la cabeza. Finalmente Antioquia le debe muy poco al Gobierno Nacional.