Columnistas

Un error perverso
Autor: Jorge Arango Mejía
23 de Febrero de 2014


Los constituyentes de 1991, en el afán de reformar la Constitución, cometieron errores.

zipa36@yahoo.com


Los constituyentes de 1991, en el afán de reformar la Constitución, cometieron errores. ¿Por qué? Diversas razones: no hubo un grupo mayoritario que impusiera una doctrina, unos principios, lo que hizo que sus decisiones fueran fruto de transacciones improvisadas; existió un proyecto -hecho a las volandas-,  pero se echó a la basura, porque alguno  convenció a sus colegas de que la asamblea era omnipotente y carecía de límites; tampoco hubo una orientación del gobierno de Gaviria, pues el ministro de la Calle era el último en enterarse de lo que se aprobaba. 


De aquellos errores, hay uno que puede calificarse de perverso, adjetivo que significa “Que corrompe las costumbres o el orden y estado habitual de las cosas.”: la circunscripción nacional para la elección del Senado. Veamos sus nocivas consecuencias.


Convirtió esa elección en negocio en que se invierten sumas fabulosas. Hay quienes gastan cinco o seis mil millones de pesos en la campaña. Y uno se pregunta: si en cuatro años un congresista “solamente” recibirá, aproximadamente, 1.200 millones de pesos de remuneración, ¿cómo compensará la diferencia? ¿Su “servicio a la república” le costará cuatro mil o cinco mil millones, en un cuatrienio? Hay que llamar las cosas por su nombre: tiene que haber negocios sucios, que apestan.


¿Por qué tan exagerados costos de campaña? Porque la circunscripción nacional convierte todo el país en una inmenso feria de votos. Los candidatos son mercaderes que van de la Guajira al Amazonas y de Cúcuta a Pasto, comprándolos a caciques, empresarios del chance, paramilitares. guerrilleros, y a todo aquel que, por su puesto en la sociedad, tenga capacidad para obligar a otros a votar, por dádivas, halagos o amenazas. Por ejemplo: ¿a qué  fue Horacio Serpa al Quindío? Él dijo que a celebrar el cumpleaños del “patriarca” Emilio Valencia, cariñosamente apodado “Carriel” o “El Taita”. ¿No sería, realmente, a sumar  veinte o treinta mil sufragios que los dueños del chance y los casinos manejan a su antojo? Ojalá, porque de lo contrario, si sigue dedicado a celebrar “desinteresadamente” las fiestas conmemorativas del nacimiento de todos los patriarcas “chanceros”, no llegará a ningún Pereira… 


Pero, ¿de dónde salen tantos millones? ¿De los bolsillos de los candidatos? ¡Ni bobos que fueran! Para eso están  dueños del chance, contratistas del Estado, grandes empresarios, traficantes de cocaína y demás yerbas prohibidas, paramilitares, bandoleros de las Farc y el Eln etc. Todos estos “sectores de la economía” se apoderan fácilmente de parte de la rama legislativa del poder público: les basta ser “generosos” con algún candidato. Por ejemplo: ¿hay alguien tan ingenuo que crea que los fabricantes de drogas (que aquí son las más caras del mundo), no influyen en las decisiones del Congreso que tienen que ver con su industria?   


Y un tercer problema: ese sistema de elección priva a más de la mitad de Colombia de representación en el Senado. Los antiguos “territorios nacionales”, por su escasa población, no eligen un solo senador. Y algo semejante sucede en departamentos como el Quindío, la Guajira, el Chocó: basta la división entre dos aspirantes, para que no sea elegido ninguno. O puede ocurrir, como ahora en el Quindío, que el cacique comarcano, por plata,  por odio, o por demostrar su poder, le entregue los votos a un extraño. Solamente ignorancia, torpeza o soberbia podrían explicar por qué Emilio Valencia, teniendo votos cautivos (que él cuenta como un ganadero cuenta vacas), se empeña en privar a un quindiano de la posibilidad de llegar al Senado. Que nadie se engañe: quien vote por Serpa no votará por el Liberalismo sino por Carriel, para perpetuar su feudo que envilece y degrada.


En síntesis, hay que reformar la Constitución, para que cada uno de los departamentos elija uno o dos senadores, y ninguno quede sin representación en esa corporación. 


VOTO EN BLANCO:


Insisto: votaré en blanco. Y repito: solamente se necesita la mayoría relativa, simple, es decir que el voto en blanco sea mayoría, en relación con cualquier lista o candidato. No  se necesita la mayoría absoluta, que es la mitad más uno de todos los votos válidos. Ésta fue la reforma hecha por el Acto Legislativo número 1 de 2009. ¡Votemos en blanco, contra los politiqueros y contra todos los demás corruptos!