Palabra y obra

New gazes behind the lens of Colombian cinema
Nuevas miradas tras el lente del cine colombiano
Autor: Juliana Vélez Gómez
22 de Febrero de 2014


El crítico y realizador Jerónimo Atehortúa es colaborador del Periódico EL MUNDO, de Medellín, con textos que son más apreciaciones sobre cine nacional o extranjero.


Foto: Cortesía 

Iñaki Dubourg (izq) y Jerónimo Atehortúa (der) en la realización del cortometraje Dean Funes 841. 

cultura@elmundo.com 


Más que nada, desde que era niño a Jerónimo Atehortúa lo que le ha interesado es esa cámara omnipotente y omnipresente que persigue personajes desde los más fantásticos hasta los más siniestros. 


Nacido bajo una creación cinematográfica colombiana bastante incipiente en su momento, Jerónimo, sin embargo, se aferró con cierta superstición a los pocos directores que había en ese momento en el país, aún así, rescató, por lo menos, el gusto por esas historias grabadas en 35 milímetros pero que serían tan definitivas un tiempo después. 


Tanto así que luego de haberse ido a estudiar cine a Argentina en el 2008 y tras pasar por varias producciones, entre ficción y documental, presentó con su compañero Iñaki Dubourg, como codirector, su primera película “Tres muertos”, que fue seleccionada en 2013 por el Festival de Cine de Mar del Plata, en Argentina. 


Además fue merecedor de uno de los estímulos del Ministerio de Cultura en el 2013 para un proyecto de cortometraje que ya empieza a coger alas y que espera rodar en los próximos meses en Colombia. 


Y así avanza esta secuencia en la historia de Jerónimo, uno de los jóvenes creadores de audiovisuales de nuestro país, que cada vez son más, y que se intentan acercar de una forma menos prevenida y más versátil a la cámara que todo lo ve, todo lo dice y a todos sigue. 


-¿Cómo se presentó el interés por el cine en usted?


“Yo lo ubico cuando estaba en décimo grado. Ahí empecé a interesarme por el cine, por los nombres de los directores, a buscar estilos, no como un espectador común.  El primer director que me gustó mucho fue Stanley Kubrick, y después de eso quise estudiar cine pero me dio miedo porque en ese momento en Colombia se estrenaban dos o una película al año; entonces estaba la carrera en la Nacional (de Bogotá) pero hacía toda una carrera y qué oportunidades tenía. Entonces decidí estudiar Derecho. Cuando estuve más o menos en cuarto año me di cuenta que lo mío no era el Derecho sino el Cine. Terminé la carrera y me fui a estudiar Cine a Buenos Aires”.


-¿Con qué se encontró al llegar a Argentina? 


“En cuanto a la recepción del público siento que el ciudadano de a pie argentino tiene una lectura un poco más aguda de la cultura: me refiero a que sabe un poco más clasificar. Aquí falta mucho en formación de espectadores. Lo otro es que Argentina tiene una producción de cine muy fuerte gracias al Instituto de Cine de allá y a una ley de cine que es muy buena, además que tienen una producción de cine independiente. Eso es fundamental porque los realizadores argentinos saben que ellos para hacer una película no necesariamente requieren dinero. Saben que se necesita mucho trabajo, sacrificio, independiente de si hay plata o no“. 


-¿Qué había allá en términos de producción de cine?


“Cuando llegué a Argentina me di cuenta que ellos estaban en otro lugar estético porque me encontré con otra cosa que se llamaba Nuevo Cine Argentino (...) que para mí era difícil ver al principio. Algunos de esos directores me parecían muy manieristas y yo venía de un cine colombiano, de ver mucho cine mexicano que tiende a la acción y a ir a los lugares más problemáticos. Y en Argentina había un cine íntimo, tramas pequeñas, pero muy lindo y empecé a agarrarle un gusto a ese cine que después termina influyéndolo a uno. Para mí fue muy importante encontrar el Nuevo Cine Argentino y estudié con varios directores de esa corriente como Martín Rejtman, Filipelli, que fue como una especie de precursor de esa generación, con Mariano Llinás, entre otros”.


-¿Cómo fue cuando usted empezó a hacer realización allá? ¿Qué tan fácil o tan difícil fue?


“Me fui en absoluta ignorancia. El primer corto que hice es una desgracia. Pero la ideología de la Universidad es que uno debe hacer cine pase lo que pase. Cuando tenía 17 años pensaba que iba  a hacer películas de tiros o con mucha acción, pero después termina uno escribiendo cosas más simples, más pequeñas”.


-¿Y en qué momento aparece la crítica de cine en su formación profesional? 


“Ya había escrito crítica pero las escribía para mí porque no encontraba los canales. Luego empecé a ver que mis críticas tenían algún grado de complejidad. Mandé unas críticas y una nota al Periódico (EL MUNDO) sobre el cine colombiano, les gustó y a partir de ahí empecé a escribir regularmente. Siento que es una actividad necesaria. Godard decía que él hacía películas cuando hacía crítica y que seguía haciendo crítica cuando hacía películas. Y me parece muy cierto, pero creo que estoy aprendiendo”.


-¿Y cómo ha complementado ambas actividades?


“Yo tengo un profesor de literatura en Argentina que decía que los alumnos de la UBA muchas veces  se sentían muy limitados para escribir porque el gran paradigma de escritura allá era Borges y siento que a mí a veces me ha paralizado ver el cine, porque uno siempre quiere ser como tal o cual director. Y la verdad es que es nociva la excesiva pretensión. Yo siento que soy un prospecto de las dos cosas en este punto, yo veo críticos que hacen críticas muy extensas y digo ‘bueno, me falta bastante’; es mucho lo que me falta por ver, por entender y por leer, pero voy en el camino”. 


-¿Y tiene películas que prefiera para hacer crítica?


“Hay películas buenas que no me interesa tanto criticar, porque se me presenta algo de lo que es difícil hablar o de lo que no hay mucho qué decir. Y también hay películas muy malas que molestan o incomodan en algún punto entonces creo que no vale la pena decir algo. (...) En mis críticas trato de no decir esto es malo o bueno. Me parece mejor cuando el crítico me dice qué vio, no importa si es buena o mala”.


-Y en términos de producción, ¿por cuáles estilos narrativos ha decantado?


“Yo creo que definitivamente lo mío es el cine narrativo y puntualmente el cine autoral, aunque también me interesa mucho los autores que dialogan con el género. Pero definitivamente el corte que uno ha aprendido a hacer en el cine es la autoría”.


-¿Prefiere ficción o documental?


“Prefiero la ficción pero creo que el cine tiende a no diferenciarlo porque no es más útil”.


-Tres muertos fue la película que fue seleccionada en el Festival de Mar del Plata. ¿De qué se trata el filme? 


Es una película circular que empieza con tres chicos que van a enterrar un muerto. Está basada en nuestras ideas  sobre el cine, referencias a otras películas, es como muy cinéfila y en algún momento me llegaron a decir que era como generacional. Fue un rodaje que duró tres semanas y la postproducción duró toda la vida. Fue muy complicado”.


-¿Por qué complicado? ¿Qué dificultades y cualidades encontraron en ese rodaje? 


“Inicialmente la película duraba como dos horas, ahora tiene un corte de 65 minutos. Se empezó a montar con un montajista que teníamos pero yo sentía que no funcionaba el corte. Después de mucho tiempo de trabajo pedimos una sala prestada, la proyectamos y para mí fue como una crisis: mi hijo me decepcionó. Vi una película muy mala. Me di cuenta que estaba cometiendo errores de pensar que uno todo lo que filma lo tiene que poner. Además tuvimos  una postproducción de sonido de doce semanas que es la postproducción de sonido que se le hace a las películas que pasan por Cinemark, porque cometimos unos errores de no dar suficiente atención al sonido”.


-Se acaba de ganar un estímulo del Ministerio de Cultura para realización de cine. ¿Qué tiene planeado y de qué se trata el proyecto?


“Recibí un estímulo para realizar un cortometraje que voy a filmar en unos meses en Colombia. Son 50 millones para el proyecto y el resto, estoy tratando de encontrar financiación por otra parte. La historia está basada en un personaje que yo conocí que se llama Ernesto Becerra y el corto se llama ‘Becerra’, que además lo protagoniza el mismo personaje.  Es la historia de un tipo que es chofer y su familia y narra lo que sucede un día que los intentan robar y luego hay un conflicto respecto a la manera como él intervino. Dependiendo de la fecha en que terminemos enviaré el corto al festival que esté ahí a la mano, que sea grande, porque uno aspira a que el corto se vea en buenos lugares”. 


-¿Alguna recomendación para las nuevas generaciones de realizadores en el país?


“Ninguna. Que vean cine. Pero no me atrevo a recomendarle nada a nadie”.



Comentarios sobre “Tres muertos”

Como una de las cintas seleccionadas en el Festival de Mar del Plata, Argentina, el año pasado, una nota de prensa de este certamen afirmó que era “un cine argentino joven y contemporáneo con suspense” en el que los directores guiaban al espectador “con delicadeza y sin énfasis” en dejar que los protagonistas llevaran a cabo sus “rituales de juventud”. 


Por su parte, el crítico de cine Benjamín Harguindey propuso una apreciación del filme que por momentos parece calificarla de una manera no muy positiva, pero que en realidad dio una muy buena calificación en el certamen de Mar del Plata. 


Harguindey afirma que la caracterización de los personajes es “elemental” y no se ahonda mucho en ellos. Tampoco resaltó los diálogos, que más bien “alternan entre improvisados y acartonados”, según él. No obstante, reconoce que es una película “que logra mantener la atención del público, está meticulosamente cortada y encuadrada plano por plano y los actores se llevan con auténtica familiaridad”, pero sobre todo, rescató que “la estructura es la de un cortometraje, donde la economía narrativa es preciosa y cada recurso se luce en su máxima expresión”.