Columnistas

Tras de gordo hinchado y con paperas
Autor: Tomás Castrillón Oberndorfer
19 de Febrero de 2014


Cuando se presenta una sucesión de hechos nefastos, cada vez peores, se suele decir: “se juntó el hambre con la gana de comer”, o mejor el título de este escrito.

tomascastrillon@hotmail.com


Cuando se presenta una sucesión de hechos nefastos, cada vez peores, se suele decir: “se juntó el hambre con la gana de comer”, o mejor el título de este escrito.


Aunque se debiera profundizar en el análisis de  hechos nacionales, como los protagonizados por el Primer Mandatario, puesto que, entre sus desaciertos, caben destacar afirmaciones como la de definir que hay ciudadanos “importantes” y  los demás, y, además, se ha declarado admirador de la Farc, por su “franqueza” al reconocer lo que habían pretendido negar con la complicidad del Gobierno, con su consuetudinario “tapen tapen”. ¡Solo falta que los condecore! Y, asimismo,  el “affaire” Petro,   ha demostrado que el país está ahogado en un tsunami de santanderismos equivocados, concluyéndose que el “mamertismo” adquirió “patente de corso” para hacer lo que les venga en gana, y la comunidad se pregunta sobre algunos jueces y magistrados: ¿Qué será lo que ocultan bajo la toga? Es, entonces, necesario también analizar detenidamente  algunos hechos, relacionados con la administración pública local, sucedidos a fines del año pasado.


Principalmente está la falla del puente peatonal, en guadua, entre los barrios Granizal y Santo Domingo Savio en la Comuna Nororiental. Aunque  es preciso no olvidar el colapso de la torre 6 de la Unidad residencial Space, tragedia que se tratará  en detalle en escritos posteriores.


Profundizando entonces el análisis del Puente Peatonal en guadua, hay que decir que la obra correspondía a un Convenio de Cooperación Interinstitucional entre el Sena y la EDU. Su costo estimado era de 621 millones de pesos discriminados así: 470 millones como aporte del Sena y 151 millones del Municipio de Medellín. El diseño inicial era completamente inadmisible, y a pesar de que se informó oportunamente de ello, se prosiguió con el montaje de la obra. Ante la sintomatología negativa presentada durante el montaje, se contrató un estudio con la UN sede de Medellín el cual concluyó que la “obra no era reparable” y que había que desmontarla. Ello no se hizo, y al final la obra colapsó. Según el experto en estructuras de guadua, el arquitecto Simón Vélez, la obra era un “gran despropósito”. Es evidente que hay una gran pérdida económica y entonces los entes de control tienen la palabra.


“Cambiando de tercio”, tratando de la recolección de las basuras, resulta que  “descubrieron” recientemente que los costos de mantenimiento de la flota para la recolección de las basuras de las EVM eran “muy altos”. Parece ser que no tuvieron en cuenta la distancia que hay hasta la Pradera. Pero hay mucho más. La Comunidad no debe olvidar como ha sido el manejo de los desechos sólidos. Si la memoria no falla, hubo una época en que las basuras se arrojaban, sin ningún tratamiento en la orilla del Río. Luego se tuvo la vergüenza denominada el Cerro de Moravia, después vino el relleno de la Curva de Rodas sin ningún tratamiento efectivo de los lixiviados y sí por el estilo, a “ciencia y paciencia” de toda la Comunidad. Y no debe olvidarse la suerte que tuvo la importación de una Planta de Tratamiento hace muchos años.


En el próximo futuro se analizará más detalladamente el desarrollo de megaobras como el puente de la Madre Laura, las obras de Valorización de El Poblado, el Parque Lineal del Río, y el Metroplus.


El peligro que origina el título de este escrito ¡está ahí!