Editorial

La confianza retribuida
19 de Febrero de 2014


El acuerdo por medio del cual EPM asumió la financiación, construcción, operación y administración ha sido la decisión más acertada que se ha tomado en la historia de Hidroituango.

Por estos días en los que las aguas del río Cauca han comenzado a dejar su cauce para abrir espacio a lo que será la presa de la hidroeléctrica de Ituango, el mayor de los hitos del proyecto energético, las buenas noticias que el desarrollo de la obra le ha dejado a los municipios ubicados en su zona de influencia así como el oportuno avance que muestran los distintos frentes de trabajo, constituyen una buena oportunidad para revisar desde sus inicios la evolución de la emblemática iniciativa y constatar, ya no con proyecciones sino con evidencias fácticas, que el acuerdo por medio del cual EPM asumió la financiación, construcción, operación y administración ha sido la decisión más acertada que se ha tomado en la historia del megaproyecto.


El Plan Integral que se ejecuta en los doce municipios vecinos y que hasta el año pasado había permitido la inversión de más de 32.000 millones de pesos en obras priorizadas por cada una de las localidades, así como la habilitación y pavimentación de vías, el mejoramiento de viviendas y la generación de seis mil empleos, entre muchos otros hechos, ha permitido que el impacto social del proyecto haya pasado del papel a la realidad en los primeros cuatro años de ejecución. Y aún quedan por delante  las perspectivas de desarrollo económico mediante el impulso al ecoturismo o la generación de una ruta de transporte fluvial, sin contar con que la demanda de mano de obra en la región tiende a crecer en la medida en que se encaren nuevos frentes de trabajo.


Poco de esto habría sucedido si en agosto de 2010 los entonces accionistas mayoritarios de la sociedad Hidroituango, en vez de entregar directamente a las Empresas Públicas de Medellín el desarrollo de la obra, hubieran seguido adelante con la perversa idea de ofrecerla vía subasta a la empresa nacional o extranjera que mayores utilidades futuras le entregaran en ese momento al Departamento y al Instituto para el Desarrollo de Antioquia, Idea, lo que habría sido el mayor y más costoso error en la historia de la región. No hay que olvidar  que ese era el objetivo del entonces gerente del Idea, Álvaro Vásquez  Osorio, desde el momento en que lideró la llamada “toma hostil”  del control accionario de la Sociedad Promotora de la Hidroeléctrica Pescadero S.A., y pagó de manera inexplicable la exorbitante suma de 90.000 millones de pesos por el 6,12 % del total de las acciones, quebrando así la paridad en la propiedad que se había suscrito, como pacto de honor, entre EPM y el Departamento, en 2006, siendo gobernador de Antioquia, Aníbal Gaviria Correa, y alcalde de Medellín, Sergio Fajardo Valderrama.


Esta jugada, cuyos intereses nunca fueron claros y que sí puso en riesgo evidente la solvencia financiera del Idea, recibió el rechazo oportuno y mancomunado de toda la sociedad antioqueña. Las columnas de prensa, los foros y los debates académicos se sucedieron cada  vez con mayor frecuencia, siendo el foro organizado por los periódicos El Colombiano y EL MUNDO el escenario en el que confluyeron las voces  de exgobernadores, exalcaldes y exgerentes del Idea para prácticamente exigir de la Administración Departamental de entonces la entrega directa del proyecto a EPM, entidad que no había echado al olvido la iniciativa, como todavía hoy quieren hacer creer quienes auparon en su momento la toma hostil.


Lo que tiene para mostrar hoy EPM en Ituango, no solamente ratifica que la empresa más importante del país en materia de servicios públicos era la candidata natural y obligada para asumir el reto, por tener la experiencia y la capacidad técnica y operativa demostrada en grandes desarrollos como Guadalupe o Porce, sino que además era  la más conveniente e idónea por su capacidad de diálogo directo con las administraciones públicas con miras a un desarrollo integral de la zona de influencia, y por el hecho de que las utilidades se quedarían en el Departamento por tratarse de una empresa pública.


Como lo expresa el título de esta nota, la confianza que la sociedad antioqueña depositó en su momento en Empresas Públicas de Medellín está siendo retribuida satisfactoriamente. Nos llena de orgullo saber que las batallas libradas para evitar que el sueño de don José Tejada quedara en manos de extranjeros valieron la pena y que a pesar de que aún se escuchen las voces de quienes le quieren endilgar a Hidroituango problemas sociales tales como el desplazamiento de pobladores, en ese campo específico también se está ejecutando un plan de acción avalado por el doloroso aprendizaje que representó para la empresa el proyecto Porce IV y el cartel de invasores que dieron al traste con su ejecución. Pero como dirían nuestros ancestros arrieros, “en camino largo hay desquite”; estamos seguros que  Antioquia seguirá entregando desarrollo y bienestar mediante la generación energética y la solidez de una empresa pública cuyo know-how, a la par que su capacidad generadora, se hace cada día más grande y valioso.