Columnistas

¿Fin del Invierno y comienzo de la Primavera venezolana?
Autor: Alfonso Monsalve Solórzano
16 de Febrero de 2014


La metáfora estacional está usándose, de nuevo, repetidamente en el mundo, para mostrar el renacimiento de la protesta popular, que se toma las calles y resiste la represión,

La metáfora estacional está usándose, de nuevo, repetidamente en el mundo, para mostrar el renacimiento de la protesta popular, que se toma las calles y resiste la represión, con el objetivo de derribar un gobierno, luego de un larguísimo período de dictadura y desmanes cometidos por sátrapas, especialmente en el mundo árabe islámico. Los regímenes funestos prolongados en el tiempo han sido el invierno de esas sociedades; el nacimiento de la protesta masiva, la primavera de sus pueblos. 


Sólo que los resultados son agridulces: La democracia no se consolida  en esos países y sí ganan terreno fundamentalistas islámicos, enemigos jurados de Occidente, o los militares que quieren controlarlos, siendo éste el caso de Egipto. Las luchas internas ponen en aprietos la unidad nacional de Libia, dividida en facciones tribales que se combaten con saña, producto, entre otras cosas del odio religioso, en un escenario típicamente premoderno. En Siria, la Primavera desencadenó una guerra civil con decenas de miles de muertos, sin que el dictador y criminal de guerra Al Assad haya salido del poder, gracias al apoyo abierto de Rusia, que ha aprovechado la carencia de liderazgo de Obama en la región, para posicionarse allí y desafiar el poderío militar y político de USA. 


La amarga lección es que no toda protesta masiva vencedora  contra un dictador es positiva para el ideario de las democracias liberales, pues casi nunca conduce a este modelo. Y es que este modelo no se impone en virtud de una creencia basada en el deseo, sino que se asienta cuando las condiciones políticas, pero sobre todos, culturales de un pueblo, han hecho que se encuentre preparado para un cambio tan radical.


Las madres de todas las Primaveras fueron la húngara y la checa, contra la bota militar del comunismo soviético, y allí sí que se luchaba por la libertad tal como aquí (todavía) se entiende. Pero fueron aplastadas sin contemplaciones. Las protestas y manifestaciones masivas en Alemania Oriental, podrían considerarse metafóricamente como la Primavera alemana, la única, que por razones culturales, fue exitosa y prácticamente pacífica y breve; en cambio en Rusia, desembocó en un régimen que habla de democracia, pero que en realidad tiene aspiraciones imperiales.


“Primavera” es, entonces,  un término difuso usado metafóricamente, cuyo único significado común es que la gente corriente  y sin poder político sale masivamente a las calles  a cuestionar un régimen político con el propósito de cambiarlo. Parte importante de esta clase de movilizaciones en los últimos años, se explica por el uso masivo de medios de comunicación electrónicos, como Facebook, twitter y la televisión y la radio por internet, difíciles de controlar por las autoridades y de acceso relativamente sencillo por parte de los protestantes. La comunicación ya no puede producir desinformación estatal incontrolada y las masas usan los canales electrónicos para aglutinarse, etc.


¿Está comenzando la Primavera venezolana? No se sabe. Ya en 2001 hubo un paro masivo que terminó languideciendo porque la oposición no tenía ni la estrategia ni la unidad política necesarias para derrotar a Chávez.  Han pasado 13 en los que el chavismo asume todos los mecanismos del poder pero éste le genera, paradójicamente, una crisis social y económica sin precedentes, con escasez generalizada de bienes de primera necesidad, inflación incontrolada, devaluación imparable. Todo esto se explica  en razón de su torpe manejo de los recursos del petróleo,  puestos al servicio de sus patrones en Cuba y de dictadorzuelos como Daniel Ortega en Nicaragua y  populistas como la señora Fernández en Argentina y destruyó la producción interna industrial y agraria. Paralelamente, la corrupción rampante permitió el asalto de la camarilla dirigente a la dirección de PDVSA, y  la convirtió en socia del cartel de las Farc, su aliado incondicional en los diálogos de La Habana.


Sabedor de las consecuencias que sus políticas acarrearían a la gran nación venezolana, el gobierno depuró al ejército, poniendo a sus socios narcotraficantes al mando, y crearon un poderoso aparato de bandas paramilitares de fanáticos comprados a punta de gabelas y subsidios, como primera línea de choque contra cualquier protesta popular. Está meridianamente claro que Maduro y su corte no entregarán el poder ni mediante elecciones, ni mediante protestas pacíficas.


La reacción del pueblo ha venido incubándose aceleradamente, acuciada por la crisis económica y la dictadura política.  La gente del común, comenzando por los estudiantes, se toma las calles para protestar, pero son reprimidos sin contemplaciones por los paramilitares, especialmente una banda denominada los tupamaros, algo que está documentado. Y si esta retaliación no basta, Maduro subirá las apuestas. Pero la oposición venezolana está dividida entre quienes apoyan el movimiento cada vez más nutrido, y quienes consideran, con Capriles a la cabeza, que no hay condiciones para enfrentar la dictadura y se apartan o le dan la espalda a la gente que marcha, en este caso sí, por el derrocamiento de una dictadura que ya muestra su catadura chavofascista.


Sin conocer las intimidades de la oposición, uno creería que no hay una organización suficientemente fuerte y preparada para enfrentar, incluso en el terreno militar, al régimen. Pero si algo ha quedado claro, desde el punto de vista del desenvolvimiento mismo de las primaveras árabes, es que la protesta de los civiles va ganado apoyo en elementos de las fuerzas militares, que terminan (salvo en Siria) inclinando la balanza del poder contra los tiranos, utilizando su propia fuerza, pero también armando a los protestantes.


Que tan probable es que esto suceda en Venezuela, no lo sé; simplemente menciono el precedente.  Cuál sería el resultado, tampoco. Pero la ira popular es más fuerte que las consideraciones de prudencia, y en eso reside el quid de la cuestión. Venezuela puede arder. En cualquier caso, a los colombianos nos alegraría la caída del chavomadurismo. Todo mundo sabe por qué.