Columnistas

Ministerio de la Mujer
Autor: Bernardo Trujillo Calle
15 de Febrero de 2014


De tarde en tarde aparece por ahí la misma propuesta que estamos escuchando desde hace bastantes años: crear el ministerio de la mujer tal como existe en Venezuela, Perú y en otros países del Continente y del mundo.

De tarde en tarde aparece por ahí la misma propuesta que estamos escuchando desde hace bastantes años: crear el ministerio de la mujer tal como existe en Venezuela, Perú y en otros países del Continente y del mundo.  No es, desde luego, ninguna novedad.  Pero no se explica por qué esa resistencia de nuestros mandatarios a darle curso a una demanda reiterada de quienes han puesto la mayor votación para llevar a los presidentes renuentes a su alto cargo, a no ser la misoginia que sigue tocando las cabezas más visibles de la política nacional.  Y no es que por la Casa de Nariño haya estado ausente la flor y nata de los partidos y de los más comprometidos con la democracia, tanto liberales como conservadores.  O que no haya entre 22 millones de mujeres quienes sean capaces de asumir ese ministerio con sobrados méritos.  Nada de eso.


Todos los factores favorables que es posible imaginar concurren desde hace años en ese impostergable propósito de llevar a dicha Cartera a una de nuestras inteligentes mujeres para que desde allí se tracen las políticas de equidad género que hacen falta en la agenda del gobierno. Hay un atávico desdén en la dirigencia nacional que obstruye cualquier intento por reconocerle a la mujer el derecho a dirigir unos programas con aquella perspectiva desde el propio centro del poder.  Mujeres han pasado por los distintos ministerios con calificaciones sobresalientes equiparables a las mejores de los hombres y aún más altas, que han acreditado con creces su solvencia profesional, su habilidad administrativa, su probidad personal y su vocación por el servicio público.


Desde Esmeralda Arboleda de Uribe y Josefina Valencia de Hubach, primeras ministras en más de siglo y medio de vida republicana, nombradas por Alberto Lleras en su segunda presidencia, su presencia en el gabinete ha sido una constante apenas interrumpida por dos o tres mandatarios que cayeron en ese limbo de los prejuicios machistas, una lacra al parecer incurable que afecta a nuestros prohombres y partidos.  Entonces nos preguntamos por qué sí hemos tenido ministras Cancilleres, de Obras, Educación, Salud, Trabajo, Defensa etc. y ninguna en un ministerio de la mujer.  A qué se le teme, que se pretende esquivar, a qué se le huye.  Una obstinación infundada ha hecho carrera y como todo lo que es irracional, tampoco aquí se ofrecen ni se admiten razones.


El Presidente Santos debería romper esa fábula antidemocrática creando el nuevo ministerio para entregárselo a una de tantísimas mujeres que han venido trabajando a su lado con entereza y determinación en el proceso de paz.  Es necesario entender el momento político actual para tal decisión que sería recibida como una expresión de confianza por lo que ha significado su larga lucha para obtener el cargo desde el cual trazar las profundas diferencias que existen entre un ministerio neutro y el de la mujer, que exige preparación en temas de equidad de género y elevación de carácter para hacerla valer y llevarla como una red a los demás ministerios, organismos descentralizados y a donde quiera que haga falta esa noción o práctica.


En algún momento de la historia nacional tendrá qué surgir el mandatario que rompa esa barrera de injusto rechazo que no sólo las mujeres están señalando permanentemente, sino todos aquellos que tenemos claro el papel que deben jugar más de la mitad de los colombianos con capacidad de votar.  El liberalismo es el llamado a señalar ese camino de igualdad y respeto por la mujer.  Ella ha sido leal con sus dirigentes, con la democracia y no se le puede seguir engañando con el embeleco de estar bien representada en las cinco o seis ministras que ocupan esos privilegiados cargos.  Presidente, sea usted el primero en dar ese ya retardado paso.


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P.S.:  “Una sola golondrina no hace verano”, dice conocido adagio.  Al expresidente Uribe le va a quedar muy pesada la carga de enfrentar un Senado con el reducido número de compañeros que se le auguran.  Es el precio del caudillismo.


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Bogotá tendrá Petro para rato.  La revocatoria tiene pésimos padrinos y va derecho al fracaso. Y Pachito Santos deberá esperar otros años para llegar a este premio de consolación que también le es esquivo.  Amén.