Política

With Piedad’s DNA
Con el ADN de Piedad
Autor: José Ignacio Mejía / Nacho
15 de Febrero de 2014


El hijo mayor quiere seguir el fogoso y polémico legado político en el Congreso de la República de la exsenadora liberal.



La equidad de género es otro de los temas que promueve el candidato L-33 al Senado.

En el actual y variado mosaico de ofertas de candidatos al Senado figura en la lista liberal el nombre de Juan Luis Castro Córdoba, quien aspira con el L-33.


Ese nombre a simple vista no dice mucho por lo desconocido en el mundillo de la política nacional, pero cobra interés electoral porque se trata del hijo mayor de la exsenadora Piedad Córdoba y porque la está reemplazando como candidato a la corporación que la polémica dirigente política tuvo que dejar por una sanción disciplinaria emitida por el también muy controvertido y conservador procurador Alejandro Ordóñez.


Mientras Piedad Córdoba aún da la batalla jurídica contra su destitución como senadora y contra la durísima inhabilidad para ejercer cargos públicos por 18 años, su hijo de 37 años recorre el país llevando el mensaje político y social de su madre y sus propias ideas, básicamente relacionados con el campo de la salud y la educación.


De la familia de la “Negra”, que fue elegida tres veces consecutivamente al Senado, solo en el ambiente político doméstico se conocen los intentos de su hermano Álvaro Córdoba por abrirse camino en esos complicados y competidos terrenos. Pero le ha ido mejor como funcionario que en las urnas.


Y es apenas lógico que su hijo y médico siquiatra sea muy poco conocido en la política electoral, porque hace muy poco regresó al país tras un largo exilio de doce años. En el 2000 todos los Castro Córdoba tuvieron que abandonar Colombia como consecuencia de las amenazas de muerte por el activismo de su progenitora a favor de un proceso de paz con la insurgencia y sus frenteros embates contra el fenómeno paramilitar.


En persona


Castro Córdoba estuvo en EL MUNDO y tras escucharlo inmediatamente se concluye que es un polo opuesto al fogoso y guerrero temperamento de su mamá.


Tiene pinta de basquetbolista o de actor negro gringo, habla claro pero sosegado, proyecta un carácter de persona calmada, se nota su preparación académica, pero por ningún lado aparece la energía explosiva de su madre. Esto llevó a la periodista local y muy observadora Claudia Posada a comentar estos días que “quedé descrestada con el hijo de Piedad”. Eso mismo le ha ocurrido a otras personas. 


Y claro que está muy bien preparado. Tras salir de Colombia se radicó en Canadá, donde ingresó a la Universidad de Mcgill y cursó tres años de investigación en psiquiatría cultural y social.


Estos estudios los complementó en Nueva York con una especialización en psiquiatría clínica en la Universidad Monte Sinaí y fue seleccionado para representar a los Estados Unidos en el Congreso Mundial de Psiquiatría en la categoría de “psiquiatras jóvenes”.


Siguió avanzando en su formación y se especializó en la Universidad de Yale en psiquiatría infantil. Hasta hace poco trabajaba en ese campo en Arkansas, porque añorando a Colombia optó por retornar y seguir el camino político de su madre y buscar una curul en el Senado con una serie de propuestas, en las cuales el servicio público de la salud juega un papel preponderante.



Salud y educación

Coherente con su formación académica que alcanzó y su muy completa preparación en el campo de la medicina, Juan Luis Castro viene abogando por fuertes reformas legislativas en la salud y la educación en Colombia.


En el campo de la salud viene cuestionando drásticamente la forma como se ha convertido en un bien que se compra y se vende.


También las largas colas de los pacientes para reclamar los medicamentos y las filas para que los atienda un especialista, al tiempo que también se opone a que los trabajadores del sector salud, los médicos y las enfermeras, sigan sumidos en las actuales y paupérrimas condiciones laborales.


Considera que la actual crisis del sistema de salud en Colombia, se origina por el enfoque mercantilista que se adoptó con la Ley 100.


Su diagnóstico sobre el servicio educativo tampoco es alentador.


Sostiene que el analfabetismo del siglo XXI no es solo no saber leer y escribir sino también no tener la oportunidad de entender, comprender y digerir la información con todo su significado.


Y denuncia que Colombia es uno de los países que menos invierte en educación.


Por eso está llamando la atención del electorado liberal y del que ha seguido a su mamá de que urge un revolcón en esos dos campos y lo quiere liderar desde el Congreso.