Columnistas

Un asunto tenebroso
Autor: Jorge Arango Mejía
9 de Febrero de 2014


“…Gothard, que poseía a la vez la astucia de las mujeres, el candor del niño y la atención constante del conspirador, ocultaba estas admirables cualidades bajo la capa de la profunda ignorancia y torpeza de los campesinos.

“…Gothard, que poseía  a la vez la astucia de las mujeres, el candor del niño y la atención constante del conspirador, ocultaba estas admirables cualidades bajo la capa de la profunda ignorancia y torpeza de los campesinos. Este hombrecito parecía necio, débil y torpe, pero una vez en campaña, era ágil como una anguila, comprendía, como los perros, con una mirada, y olfateaba el pensamiento”.


No, no estoy describiendo a uno de nuestros sedicentes políticos: lejos de mí tanta irreverencia. Jamás me perdonaría incurrir en ese pecado contra alguno de los próceres de estos tiempos del “derecho nuevo”, expresión –esta última- que inventara el inefable Cepeda, padre legítimo, no putativo, de la “Reforma Constitucional de 1991”. Sencillamente, tomo prestado el retrato que hiciera Balzac de uno de los personajes de la obra que denominó Un Asunto Tenebroso, parte de La Comedia Humana. ¿Por qué traer a cuento una cita que casi colma el espacio que el periódico me concede?  Porque esta novela (con Los Crímenes de la Calle Morgue, de Poe) es la primera manifestación del género policial; y porque su título y su trama vienen como anillo al dedo en el momento en que el presidente Santos resucita las “chuzadas”, que siempre han existido, nunca han muerto, y todas son hijas de padre desconocido; que han engendrado tantos  seudo mártires, y revelado secretos cuyos dueños querrían sepultar en Fort Knox; y que, finalmente, son apenas una de las enseñanzas  que nos ha dado el Imperio. Asunto tenebroso, pues este adjetivo tiene tres acepciones, como se verá.


Es “Oscuro, cubierto de tinieblas”, como las tertulias de La Habana, que el gobierno dice haber publicado y explicado –a pesar de ser estrictamente confidenciales- pero que nadie ha entendido, o porque los colombianos somos irremediablemente brutos o porque nos resistimos tercamente a  aceptar la verdad revelada por el más santo de los Santos.


Es “Sombrío, tétrico, negro” porque los tres adjetivos le caben a una paz “sin vencedores ni vencidos”; sin más víctimas que los mismos “angelitos” de las Farc, ni victimario diferente al Estado y a sus fuerzas armadas; y con delincuentes convictos y confesos que anochecen asesinando y secuestrando y se despertarán (¿quién lo duda?) haciendo pereza en el Capitolio Nacional, como si fueran Names, Cossios, Gatas, Carrieles o cualquier otro ejemplar de esta fauna depredadora. 


Finalmente, es “Hecho ocultamente y con intenciones perversas”, como la conspiración que se urdiera –con Tirofijo, “Reyes”, Carlos Castaño y otros “compañeros mártires”, contra el presidente Samper; como los “falsos positivos”, que no fueron lo uno ni lo otro, sino heridas  que desgarraron el cuerpo mismo de Colombia, porque se cometieron contra discapacitados e indigentes, que por su propia condición deberían tener especial protección del Estado; crímenes que sucedieron cuando quien hoy “descubre” el asunto tenebroso, estaba inescindiblemente ligado al Ejército. Y por los cuales, ¿por qué no decirlo?, nunca serán castigados los verdaderos responsables, sino unos chivos expiatorios.


Un día, el presidente Santos nos cuenta que el Ejército está espiando a sus negociadores en La Habana. Si lo sabía, ¿por qué lo permitió?  Si no lo sabía, ¿puede perdonarse esta ignorancia culpable, a quien es, por mandato de la Constitución, el encargado de “Dirigir la fuerza pública y disponer de ella como comandante supremo de las fuerzas armadas de la República”? Y no se queda ahí: no, así como Napoleón convertía soldados en mariscales, en pleno campo de batalla, nuestro presidente “descabeza” dos generales, sin prueba alguna de su delito, como en nuestras guerras civiles fusilaban “mientras llega la orden…”


Pero, como todos los Santos, él tiene el poder de cambiar la naturaleza de las cosas. Por esto, en un comienzo dijo que se debía investigar “qué fuerzas  oscuras están detrás de las chuzadas… necesitamos saber si tienen contactos internos…” con las fuerzas armadas del Estado. Sólo dos días después, el 5 de febrero, cambió y manifestó que esas fachadas, el famoso restaurante, “eran totalmente lícitas”. ¿Cuándo creerle? ¿Acaso su verdad cambia como el camaleón? ¡Y pensar que si no gana el voto en blanco, Colombia seguirá “santificada” hasta el 7 de agosto de 2018!


¿Y todo para qué? ¿Para derrotar a Uribe? Un precio  en verdad muy alto: la mentira consagrada como sistema de gobierno. Y si no, que lo diga nuestro Fouché, con todos los defectos del francés, pero sin sus virtudes.