Columnistas

Una bocanada de aire
Autor: Sergio De La Torre
9 de Febrero de 2014


Los congresistas godos que contaban con reelegirse conservando sus curules en marzo, y que ya venían bastante diezmados con la competencia que les abrió la lista encabezada por Uribe, nunca vislumbraron la pesadilla que hoy viven

Los congresistas  godos  que contaban con reelegirse conservando sus curules en marzo, y que ya venían bastante diezmados con la competencia que les abrió la lista encabezada por Uribe,  nunca vislumbraron la pesadilla que  hoy  viven por cuenta del  giro  insospechado que dio su partido en su sonada convención. Tiene ello  todos los visos de una catástrofe, no para el partido (que ahora puede, tras recuperar su identidad, forjada  en siglo y medio de historia, reemprender su ruta, erguido y  sin depender de nadie que lo remolque) sino para ellos, que canjearon  dicha  identidad, cifrada en valores y principios  superiores,  por un plato de lentejas. Y digo canjear porque no hay nada mas ajeno  a la idiosincrasia conservadora que la gestión del presidente Santos en los temas neurálgicos que hoy dividen la opinión, como los diálogos de La Habana, la restitución de tierras y reparación de víctimas, el aborto, el matrimonio gay, etc. Gerlein y compañía de un lado y Santos del otro, mal pueden seguir amancebados sin romper amarras en cualquier momento, así la mermelada interfiera, pues ella tampoco garantiza la duración indefinida de la yunta  sino que apenas la prolonga hasta que, agotada la provisión, ya no alcance para  los goditos  de todo nivel y  condición que van llegando al festín.


En  rigor, la derecha no es otra cosa que la adhesión automática y primaria al status quo. Supone la defensa ciega  del orden aún sacrificando, si fuere menester,  la libertad.  Ambas divisas presiden nuestro escudo, pero por separado  cada una inspira  su partido propio  entre los dos en que ancestralmente se mantuvo escindida la nación. Esa derecha y el liberalismo santista en el fondo no  se encuentran.  Son como el agua y el aceite. Los goditos estuvieron cómodos en los cuatrenios de Uribe porque éste, que provenía  de la izquierda liberal por entonces encarnada en Samper, abrazó con furia el principio de autoridad  para contrarrestar la subversión rampante. Los goditos  pues  disfrutaron del presupuesto y la burocracia a sus anchas y sin recato alguno. Pero ello tenía su precio: actuar como  partido vergonzante, replegarse en parte, abandonar la arena política renunciando a disputar el poder  supremo con candidaturas autóctonas y viables.  Pero, en fin, coincidían  ellos  con  los designios y la vocación profunda   del presidente Uribe, quien resultó ser más conservador que ellos, superándolos  en su  cerril  apego  al orden establecido, ya bien carcomido  e incapaz de  mantener la paz social.


Lo mismo había pasado 120 años atrás con Núñez, un liberal escapado  del Olimpo radical (algo muy parecido por su talante al MRL lopista  de muy luego)  que migró a la  orilla opuesta  y, aupado por Caro, con el emblema de la Regeneración  supo revertir el caos , la anarquía federalista, restableciendo la republica unitaria que  el momento  reclamaba, bajo la guía de la Constitución centralista y confesional  del 86, debidamente escoltada por  el Concordato, que habría de durar tanto como ella, o sea la brevedad de un siglo.


Por afinidades electorales (y no “electivas”, de las que hablaba Goethe aludiendo  a cosas menos prosaicas y terrenales) yo sufragaré  por Santos, y así  reforzaré, con  mi  voto solitario, su laudable proceso de paz. Mas  mi tema de hoy  quedó trunco,  en medio de un panorama que se colorea y torna interesante. ¿Cómo negar, por ejemplo, que la candidatura  levantisca y desafiante   de la señora Ramírez, precisamente por ser conservadora  y  asumirse  como tal, es el viento que necesitaba la actual  campaña  electoral  , gris y aburrida como ninguna, para refrescarse y cobrar el suspenso que le hace falta?