Columnistas

¿Y por qué tanta algarabía?
Autor: Bernardo Trujillo Calle
8 de Febrero de 2014


Voy por partes. De la cuestionada y demandada Convención Conservadora rescato el papel jugado por Marta Lucía Ramírez al obtener una votación que le permitió conseguir el aval como candidata a la Presidencia.

Voy por partes.  De la cuestionada y demandada Convención Conservadora rescato el papel jugado por Marta Lucía Ramírez al obtener una votación que le permitió conseguir el aval como candidata a la Presidencia.  El liberalismo debería mirarse en ese espejo y avergonzarse de su machismo trasnochado que le ha impedido aceptar que entre las mujeres del Partido hay quienes lo podrían representar con indiscutible solvencia intelectual y política.  Rescato también que haya sido la oportunidad para sacar de la contienda goda a Pablo Victoria, un extremista nazi-fascista y camorrero (¿no fue acaso Victoria quien retó a duelo a Fabio Valencia Cossio?) y a Álvaro Leyva, un judío errante de la política cuyas veleidades lo han llevado de un lado a otro del espectro político sin ruborizarse.


Otra cosa es si los cacareados resultados de la Convención van a repercutir con la fuerza que se les atribuye en las elecciones presidenciales o, antes, en las de Congreso.  El cuento que se escucha es el de haber logrado tocar las fibras de las bases conservadoras que se supone están a montones en pueblos y campos.  Ni más, ni menos lo mismo que se ha dicho desde hace cincuenta o cien años, cuando el púlpito era su aliado principal, lo cual fue un mito, igual al que se forjó sobre la inclinación natural de la mujer a las ideas conservadoras.


¿Cuánto necesita del conservatismo la candidatura Santos para obtener la reelección?  ¿Si será cierto que su retiro de la Unidad Nacional la pone contra la pared?  Los partidos que acompañan al Presidente –Liberal, U y Cambio Radical- son suficientes para asegurársela.  Ya se ha iniciado una reorganización con miras a dejar de lado al socio desertor.  Santos los ha tratado bien, con largueza, bien entendido que este gobierno es incluyente, social-demócrata y conciliador.  Pero no se va a dejar chantajear.  Y por supuesto, no parece estar afligido por el extravío del conservatismo ramirista (el de Marta Lucía) que apenas ha llegado a la raya de partida, allí donde hace rato la esperan Clara López, Aída Abello, Oscar Iván Zuluaga y Juan Manuel Santos.  De aquí a la Casa de Nariño hay un cortejo de obstáculos qué sortear: miles de kilómetros, divisiones internas, millones de votos.  Y fuera de un albur, ¿qué más ofrece Marta Lucía a sus escépticos seguidores? Un exaltado y quimérico discurso que tiene archivado en su memoria desde su primera campaña presidencial.


Otro nudo que debe desatar la candidata es el de sus copartidarios descontentos atropellados por la fuerza de choque que se apoderó de la Convención.  Hay miles, centenares de miles de votos fieles a los caciques azules que no comerán del cuento de la candidatura única ramirista.  En síntesis, habrá una lucha interna dentro del conservatismo de resultados impredecibles, amén del problema mayor que están advirtiendo los analistas de la política.  Marta Lucía es militarista, es el Caballo de Troya uribista que estaría dispuesto a dejarse capitalizar hasta el último voto conservador por el C.D. donde están los zorros de la extrema derecha esperando a caperucita.  De ese contubernio de las derechas se levantará un solo estandarte que en el fondo los identifica: la guerra contra la paz.  Un regreso al pasado.  Pero no será Troya, porque los colombianos tenemos definido el futuro sobre la base de un país en paz.  No queremos otro medio siglo, ni un año más de desangre.  Estamos a las puertas de entrar a una era de tranquilidad y seguridad.  Los enemigos de esa Colombia no podrán matar las esperanzas de 40 millones de colombianos.


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P.S.:  Hay una oposición ciega, enferma de odio, enemiga de la paz, que vive a la espera de cualquier pretexto para armar un escándalo. Si Santos denuncia un hecho irregular como el espionaje a los Comisionados de Paz, se le lanzan como fueras a desmentirlo.  Pero si luego rectifica haciendo acopio de su rectitud de mandatario, igual se le vienen encima a criticar una supuesta contradicción que no existe.  Las chuzadas ilícitas son las no autorizadas por la ley.  A esas se refirió el Presidente.


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Llega Pachito y Zuluaga se escurre.  Pero Zuluaga será el cordero que ya huele a chambusca.