Columnistas

“La misa ha terminado”
Autor: Alejandro Garcia Gomez
8 de Febrero de 2014


“La historia de la iglesia (sic) estaba llena de anécdotas de los que habían ejercido el poder de una manera y escrito su historia de otra.

“La historia de la iglesia (sic) estaba llena de anécdotas de los que habían ejercido el poder de una manera y escrito su historia de otra. El reino de la mentira siempre había sido la antesala del cielo y en él jugueteaban orgullos y ambiciones revestidos de sotanas o de bonetes púrpuras”, dice Gardeazábal en su última novela, con su acostumbrado descuido ortográfico pero indudablemente bien escrita; un juicio al alto y mediano clero católico, exagerando detalles para la verdad novelesca.


Se vale de algunos hechos reales ocurridos en nuestro país, como el suicidio de dos sacerdotes bogotanos –homosexuales, según la prensa- que pagaron sicario para que los matara, cuando descubrieron que estaban infectados de sida. También hace un collage de varios cardenales en un solo personaje. Uno de ellos –vivo aún- tuvo la osadía de bendecir dineros mafiosos, porque se los entregaron a él para obras caritativas, dijo. Otro, tolimense, fallecido en Roma, se dice que sibarita, vendió el bello edificio del Seminario de Medellín para el centro comercial que hoy funciona allí; excomulgó a una niña de 11 años porque se practicó un aborto por la violación de su padrastro, y a sus médicos; persiguió curas y monjas con el sentido social de Medellín Celam 68’. Y otros. La ambientación corre a cargo de los intríngulis de corrupción, ambición y el poder del alto clero Vaticano que maneja una de las instituciones más opulentas del mundo, desde que Constantino se lo proporcionó en beneficio de él mismo y que ellos supieron aprovecharlo y acrecentarlo con el tiempo, en desmedro de la propia doctrina del amor caritativo o humanista que les había encomendado su fundador -según quienes lo creemos- como se lo empezaron a señalar los escritores del Siglo de las luces y posteriores, cuando tratar estos temas era peligroso. Actualmente son muchos los intelectuales que han tomado este destino. Quizá porque ya no hay el peligro de la hoguera, sino de excomunión, y porque, más que moda, hay indignación frente al abuso  no sólo de pederastia de tantos clérigos, cada vez más público y notorio.


Con el mismo recurso narrativo de historias individuales largas -recortadas con una tijera imaginaria- de sus últimas novelas, distribuye en brevísimos capítulos una actitud o característica de alguno de sus personajes y va hilvanando el entretejido total, pausándola con observaciones y reflexiones de un narrador omnisciente, alter ego del propio autor. Más adelante introduce dos personajes que serán otros alter ego: un loco que señala verdades (“los niños y los locos dicen la verdad”) y que conoce el tejido total de la historia, porque ha sido testigo de todos los hechos sucedidos y porque ha estudiado las profecías del final de los tiempos; el Demente quizá también es un homenaje a sus amigos de la caricatura radial La luciérnaga, quienes cariñosamente lo identifican como Viejo loco y “desocupao”. El tercer alter ego es un cura que supuestamente se cartea con el escritor real. Es la voz del otro lado del prisma del autor sin dejar de ser el mismo autor, puesto una armadura de Caballero templario actual.


Con el bagaje que tiene, ¿por qué el brillante escritor no se ha arriesgado a explorar aventuras, experimentos literarios, como cuando de veinticinco años escribió Cóndores no entierran todos los días en Torobajo, y más bien se ha resignado a repetir una fórmula que, si bien es buena y le ha dado resultado, quizá, repito quizá, no le llene su satisfacción de creador? La misa no ha terminado (tal como sus últimas novelas) proporciona todas las facilidades a cualquier guionista de cine o de serie televisiva (¿impensable en Colombia?) para llevarla como historia a cualquiera de las dos pantallas. ¿Podría ser una de las causas? No podría ni soñar que fuera por un imposible aperezamiento creativo del prolífico narrador conociéndole como se le conoce su incansable vigilia dinámica de veinticinco horas al día. ¿Qué puede ser? 


Nota de duelo.- Mi solidaridad con la familia del columnista Evelio Ramírez M. 29.I.14