Palabra y obra

Olga Elena and eternity
Olga Elena y la eternidad
Autor: Sergio Esteban Vélez
8 de Febrero de 2014


Sergio Esteban Vélez explora la poesía metafísica de Olga Elena Mattei, para homenajear su palabra y su obra.


Foto: Archivo El Mundo 

En 1974, Olga Elena Mattei recibió el Premio Internacional de Poesía Café Marfil de Madrid, España. 

En uno de los poemas de su compilación “Regiones del más acá”, Olga Elena Mattei confiesa que, antes de abrir el periódico diario, siente angustia al pensar que podrá encontrar su nombre en algún anuncio funerario.  Hoy, Olga Elena puede contar (ojalá en el libro de anécdotas extraordinarias de su vida que tanto le hemos rogado sus amigos) que tal presentimiento se cumplió: esta semana fue testigo de cómo la noticia de su muerte fue divulgada en la Internet.  Y, de hecho, la noticia no era del todo falsa.  El pasado martes, Olga Elena, la mejor y más prolífica mujer poeta de Antioquia, estuvo clínicamente muerta, durante una intervención quirúrgica.  Fue en esos precisos momentos cuando se filtró la información.  Las salas de redacción de los principales medios de comunicación de la ciudad pusieron manos a la obra y se aprestaron a acopiar material biográfico de la escritora y a entrevistar a personalidades acerca del legado de esta autora.


Con lo que no contaban mis colegas era con que los médicos no se darían por vencidos y con que lograrían, tras complejos métodos de resucitación, el milagro de traer de nuevo a Olga Elena al “más acá”.  


Nuestra poeta dice que, en las veinticuatro horas que permaneció inconsciente, no vio la luz, ni el túnel, ni tantas otras constantes de los relatos de los que vuelven de la muerte: solo nada, vacío total, sin conexión a la conciencia.  Supongo que esta experiencia de haber estado “al otro lado” y de no haber sentido nada ha de ser algo frustrante para nuestra protagonista, quien se ha pasado los años meditando sobre qué es lo que sigue tras estar “tendida en la tierra”.  A estas preguntas filosóficas eternas, Olga Elena ha dedicado algunos de los más sobrecogedores de sus más de 2.000 poemas, que incluyen las incógnitas más bellas y elevadas que se hayan formulado sobre este tema en términos poéticos.


Ahora, cuando celebramos la alegría de tenerla de nuevo con nosotros y cuando nos colma la esperanza de gozar de su presencia invaluable durante mucho tiempo más, hemos querido hacer una exploración somera de las mencionadas interrogaciones  poético-filosóficas de Olga Elena y hemos aprovechado para conversar con algunos personajes distinguidos de nuestra comunidad, para conocer sus impresiones sobre esta mujer excepcional y su obra.  Todos coincidieron en que es mucho más justo y satisfactorio que alguien de mérito pueda enterarse en vida de la admiración y el cariño de la gente, a que tales manifestaciones lleguen solo en el momento de los obituarios.


Escuchando al infinito (fragmentos)


I


“Cuando esté tendido


 en la tierra”...


 Henry Purcell


Pero...


cuando esté tendido


en la tierra,


no estaré.


No estaré allí,


no estaré.


No en la tierra.


No en mi ser


de tierra.


No en mi tierra


modulada en células,


no en mis células


degradadas


¡a dignidad de tierra!


Cuando quede cerrada


la puerta que se cierra,


esa de la otredad,


yo,


¡no seré!”.


II


“¿Dónde estaré?


yo,


(mi pensamiento),


¿cómo seré?


Mi memoria de mí


y de mi historia,


¿será parte de mí,


de mi total consciencia?


Seré una sombra


blanca


o una luz negra,


una nube de plasma,


un micrón de energía


compacta


o una difusa niebla


o una forma cualquiera


sin substancia


y sin tránsito


de tiempo...


Ser o estar será


solo presente...


como un reflejo


de lo eterno”.


III


“Y sin cuerpo,


aún sentiré,


aún podré sentir dolor.


Pensar duele.


Allá, en el pasaje “otro”,


también habrá


desesperación...


Aunque mi mente no me autocondene


al estado virtual de “infierno”,


me dolerán los otros,


los que quedan viviendo,


aquellos


a quienes dejo,


a quienes quizás


mi mente siempreviva


recuerde,


a quienes quizás aún vigile


y salve de desdichas.


Por ellos, sentiré dolor.


Sentiré. ¿Sentiré?”.


V


“Lo sé muy bien:


nadie dirá una sílaba,


nadie alzará una nota en mi memoria,


no habrá música


para mi despedida.


Una pequeña caja con cenizas


será empujada


inevitablemente


hacia adentro de un cubículo


de cemento,


donde tenemos


otra caja que encierra


la tierra


de mi madre muerta.


Mi nombre será añadido


diligentemente


en la tapa del nicho.


Hueco ciego y negro,


muros indiferentes,


silencio sin eco,


seno


sin pensamiento.


Pero


ya no me importará


ni el sitio,


¡ni siquiera el silencio!”.


IX


“Penetraremos


la orilla desatada


que no pudimos otear


desde el camino


No sabemos


si es de allí


desde donde venimos;


si eres la nada,


o serás


ribera liberada de dolor.


Podremos despojarnos


del error de la célula,


desnudarnos


de toda la materia


y de su ley orgánica,


para habitar ilímites


el vuelo de la mente


en elación 


y en éxtasis.


La comunión


del alma


en el amor.


Metempsicosis.


Transformación.


Inundación de luz.


Plenitud de ser un ser de luz,


(parte de toda la luz)


panteidad.


O nada.


No sabemos”.


X


“Soy


pequeño


grano de tierra,


polvo iluminado,


átomo de carbón,


chispa encendida,


cuerpo calcinado,


ceniza...


Pero polvo,


¡“polvo enamorado”!


Tú, luz,


solo acaricia ,


tómame de la mano


sin desintegrarme,


y álzame,


álzame,


álzanos juntos ya que tanto


buscamos


la levitación,


ya que tanto oteamos


la otra orilla,


buceamos


el abisal océano de los ámbitos


eternos,


tanto intentamos


tocar la cuerda


de la exacta vibración,


hallar la fórmula


secreta


del más perfecto amor.


Que el espíritu,


sea más allá,


la conciencia plena


y no,


la nada


eterna”.


Otra dimensión de pensamiento


“¿Y será mi Yo,  


mi vibración pensante,


mi complejo mental 


antropomorfo 


etéreo,


un ente cuántico flotando, 


avanzando? 


¿Hacia dónde? ...


¡Solo un ego sin eco!


Recorreré vacíos siderales, 


golfos de fuego, 


enjambres de soles hambrientos,


brazos espirales 


de astros pariendo mundos orbitales


y planetas muertos...


Pero hallaré, de trecho en trecho,


chispas de vida floreciendo


y organizando vórtices de seres 


en epicentros


de espacio y tiempo.


¿Alcanzaremos todos, peregrinos dantescos, 


a escapar del infierno


(ese sentimiento 


de todo mal culpable 


que asfixia al pensamiento)?


¿Podremos superar el ámbito egocéntrico


y asimilar la comprensión del Cosmos


como videntes, como testigos


de un drama gigantesco?


¿O en la infinita plenitud del gnoos


que entonces lograremos,


ya tal visión del universo


no nos importará..., no miraremos?


¿La función cognitiva, será sublimación, 


o doloroso anhelo?


¿Será felicidad tal estadio final?


Y si es felicidad, ¿será fruición individual, 


o será  universal,


colectiva pasión, 


total alumbramiento?


¿Estaremos


efervesciendo en compañía?


¿Desbordaré mi fuero 


en la sublimación


de desatar las anclas,


de dejar todo lastre


en el jardín del cementerio


o quedaré amarrada al puerto 


donde cambiaba besos, y miradas?


¿Y entonces, todavía, servirán las palabras?


¿Habrá otros entes emitiendo


pensamientos?


¿La comunión será 


entretejido resplandor en el silencio?


¿Conservará mi plasma la radiación del sentimiento?


¿Y lo que antes era la elación 


intensa y vulnerante del amor,


en la invertida vida de la muerte,


cómo nos alzará después,


cómo nos herirá la luz


de su dolor?


Mas si fuera verdad 


que todo sufrimiento terminó,


¿cómo podría seguir sucediendo


la vivencia del amor?


Si el amor se experimenta


por purificación,


¡por la llama con que quema,


por la pena, por su ardor!


¿O encontraremos seres de energía


en un coro colosal,


unidos 


en póstuma armonía,


por otra manera de amar?


¿Cómo será?


¡Cállate ya, 


corazón prisionero de este cuerpo...


!Cállate ya, 


y no preguntes más!


Es otra dimensión, 


y no podemos entenderlo.


Ríndete, corazón de mi cerebro,


sin debatirte inútilmente


contra el misterio del misterio”.


Camino al infinito


“La rueda...


La rueda


hace la carretera.


El agua teje río.


La red de la memoria de lo mío, 


es mi yomismo. 


Voy emitiendo pensamientos


y así construyo mi fuero:


una trama inconsútil 


de mente desprendida, 


liberada, rediviva,


persona, ego. 


Soy el haz, el espectro


de todas mis huellas y mementos.


Imagina que tiras una piedra 


con toda la fuerza de tu inteligencia...


Mira cómo la empujas por la curva


del cosmos profundo...


La piedra, por la fuerza de tu fuerza,


extenderá una estela con forma de rayo:


ondas que tienden el Espacio


debajo de su ruta.


Como lo trazan los astros 


construyendo 


la estructura 


de su propio suelo.


La urdimbre de sucesos


que se llama tiempo.


El intangible que ya existe,


el fátum perceptible que decide


las contingencias finitas 


de la vida,


la factibilidad de lo posible, 


y la verdad de lo eterno:


porque la nada es imposible.


 


Así se hará otro plano,


el que iremos surcando


con cada paso, 


cada paso ulterior


en la otra dimensión.


Otro universo hecho,


no de materia ni energía,


sino de pensamientos:


Entes individuales 


de conciencias sin cuerpo.


Seremos  solo Idea,


sin sufrimiento ni deseos:


Estados plenos internos.


Cada cual un presente,


un hecho sin transcurso.


Así, como grito infinito,


viajará mi espíritu flotando en el vacío:


infinitensional utrino 


gravitando en el vientre de un neutrino.


Concreción existencial del Siempre.


Egos vibrantes, en estadio quántico,


mentes de plasma en elación,


y en comunión universal


sin sombra ni final.


Ruedas. Ruedas cósmicas


de miríadas de iones de energía,


pneumas de fueros.


Individuales complejos 


giroscópicos 


etéreos,


hechos 


tan solo de  Esencia personal...


y de recuerdos.


Así será, y allí estará


el Aquello, el Concepto Total,


la Presencia real 


de


Lo Que Será.


...Y seremos utrinos


en el Útero ciego


de la Máxima Otredad.


La que engendra la luz 


desde la oscuridad.


Infinito compuesto de un sistema


de ínfimos destellos


de vida mental


en la eterna


cisterna


sideral”.



Una mujer de avanzada

“Olga Elena Mattei es la presencia de una mujer realmente culta en la vida de Antioquia y de Colombia.  Su obra poética, por las calidades estéticas que tiene, es reconocida como creadora, con un acento personal culto.  Su vida espiritual se ha ampliado, además, hacia la crítica musical y al examen de la creación artística.  Olga Elena Mattei, así, ha demostrado tener cualidades que le aseguran un puesto prominente en la cultura nacional e internacional”. 


Otto Morales Benítez.


Escritor, exministro de Estado.


“‘Sílabas de arena’ (primer libro de Olga Elena Mattei), con sus poemas de recién casada y su erotismo delicado en una época que se rehusaba a aceptar la vida tal como la presentaba la poesía, fue un deslumbramiento para todos y la aparición de una nueva autora, bella además, que se atrevía a escribir, contra lo previsto y esperado, sin temores y con una gran libertad. Luego, libro a libro, fue ampliando sus temas y registros, aunando la música del vivir cotidiano con las perplejidades del universo. Olga es una mujer brillante y fraterna cuya obra, bastante amplia por lo demás, ocupa desde siempre un lugar primordial dentro de la poesía colombiana y el corazón de sus amigos”.


Elkin Restrepo.


Escritor.


“Olga Elena Mattei, como escritora, abrió camino a otras mujeres en Colombia.  Ha sido siempre una mujer de avanzada, con una visión del mundo muy especial.  Además de lo importante que es su poesía, su vida también es apasionante.  Celebro mucho su trabajo como poeta y el hecho de tenerla todavía entre nosotros, porque es alguien que siempre está aportando algo”. 


Ana Piedad Jaramillo.


Directora Museo de Antioquia.


“Olga Elena Mattei es una mujer sustantiva de la cultura antioqueña.  Sus escritos, sus versos y sus comentarios de la música culta la han hecho una mujer respetable en nuestra comunidad.  Quienes asistimos a conciertos disfrutamos la profundidad de sus artículos y la forma como orienta al público, para que este vaya enamorándose poco a poco de la música culta, que invita a la reflexión y al engrandecimiento del espíritu”.


Armando Estrada Villa.


Exministro de Estado.




Muerte y resurrección

“El otro día, en pocos minutos, Olga Elena Mattei se convirtió en mi mente en alguien con quien ya no podría conversar nunca más (¿quién volvería a invitarme a la ópera una y otra vez, a pesar de que yo nunca quiero ir?), y luego, de repente, en una nueva ocasión de saberla aquí, con nosotros, viva y activa como siempre ha sido. Lamenté en esos pocos minutos de ausencia no haberle dicho más veces, más nítidamente, de qué manera sus poemas nos han enseñado a todos algo muy importante: a ser sinceros y directos al mismo tiempo, a evitar la retórica, a hablar de las cosas que a todos nos importan, con un lenguaje a la vez bello y comprensible, limpio, sin artificios. Lo que Nicanor Parra hizo en Chile, lo ha hecho Olga Elena Mattei aquí: una liberación del verbo y del verso, que combinan claridad, gracia y hondura. Qué bueno podérselo decir a ella viva, a ella aquí, y no a los despojos o cenizas que por un momento -y por un vergonzoso error de muchos, incluido yo- algunos pensamos que ella era ya. Ojalá Olga Elena pueda disfrutar todavía de una vida larga y plena, como la que nos ha enseñado a tener”. 


Héctor Abad Faciolince.


Escritor.




Firme contra la corriente

“Querida Olga Elena:


Ese poema que habla de ‘una señora burguesa que escribe poesías’ te bailaba en los ojos cuando lo leíste en la Fiesta del Libro del año pasado. Jugabas con las palabras al leerlas, nos mirabas a los que te mirábamos, sonreías entre líneas, sabías que esas letras puestecitas en fila, luego en escalones que formaban una columna, encerraban el encanto de tu vida. Habías sido ‘niña prodigio, muchachita insoportable, mala estudiante, reina de belleza, modelo de esas que anuncian sopas o telas o artículos diversos…’, todo eso habías sido, por lo menos en el mundo que construiste con palabras. Lo dijiste con fuerza y dulzura cuando nos reunimos a cantar tus ocho décadas una noche en el Jardín Botánico. Jugabas a hablar de tus fracasos y de tu rabia por el mundo absurdo. 


En ese poema hacías una declaración de guerra al establecimiento. Me gusta esa actitud de mujer que no se rinde. Siempre has luchado contra la corriente, por eso desde temprano escribías, y en los tiempos en que salirse de la rutina era un escándalo te reunías con escritores como Manuel Mejía, Carlos Castro, Óscar Hernández, y con mujeres como Débora Arango, Dora Ramírez. Admiro tu postura digna frente a la vida. Y cada vez te leo con más entusiasmo”.


Juan Diego Mejía


Escritor, director de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín. 




Un ser universal incomprendido

“La poesía de Olga Elena Mattei es decididamente personal y compleja, porque los temas que ha enfrentado son las preguntas de la ciencia y las del individuo.  Las tonalidades de su poesía están matizadas, además del conocimiento, por un erotismo desconocido en nuestra poesía y por una inteligencia que la lleva a hacer el retrato de muchos personajes históricos con una gran profundidad y con un gran alcance.  


Es por eso que su poesía, además de ser tan excesiva, en el verdadero sentido de la palabra, no se detiene, y es por eso que muchas veces la comprensión, en un medio que no lee, le ha sido en cierto modo adversa.  


Eso es lo que, en cierta medida, ha de pagar la persona que tiene inteligencia: la incomprensión, pero con la capacidad de vivir en el silencio, rodeada solamente de las preguntas que le formula su propia indagatoria personal.


El talento y la inmensa cultura de Olga Elena han sido incomprendidos en una ciudad como Medellín, porque la cultura ha ido desapareciendo, lenta y a la vez rápidamente, de lo que llamábamos estratos culturales.  La cultura necesita interlocutores, y me parece que ella ha tenido pocos en todo el tiempo en que ha estado dedicada a hacer una gran poesía, con una gran versatilidad, a hacer una crítica de música como no la ha hecho nadie en este país, y a demostrar que es un ser universal”.


Darío Ruiz Gómez.


Escritor.