Columnistas

La lección noruega
Autor: Rafael Bravo
7 de Febrero de 2014


Hay países que pasan desapercibidos del mundo noticioso durante mucho tiempo. Y no porque sean intrascendentes sino por todo lo contrario. Noruega es uno de ellos.

Hay países que pasan desapercibidos del mundo noticioso durante mucho tiempo. Y no porque sean intrascendentes sino por todo lo contrario. Noruega es uno de ellos. Habiendo sido parte de Dinamarca y luego bajo dominio sueco, logra su independencia en 1905. Con tan solo 5 millones de habitantes y un área territorial de 323 mil kilómetros cuadrados es hoy día una nación envidia del mundo político y económico. El descubrimiento de grandes reservas de petróleo y gas en la década de los sesenta, sirvió de fortuna para que sus habitantes recibieran los beneficios del estado de bienestar.


El mes pasado el banco central confirmó que si el fondo se dividiera por el número de habitantes, cada noruego seria acreedor a un millón de coronas. Asimismo, sus ciudadanos no pagan por ir a las escuelas o universidades, las mujeres disponen de hospitales gratuitos al momento del parto y disfrutan de licencia de maternidad remunerada durante un año. A los 65 los noruegos se retiran con pensiones hasta el 80 por ciento de los ingresos. No habrá quien diga con razón que ese es el precio por vivir en una zona en donde el sol es escaso y el frio agobia durante el invierno. 


La revista Fortune en su edición de febrero incluye un artículo en el que destaca la forma como debe manejarse una bonanza petrolera. A través del Fondo Global de Pensiones del Gobierno de Noruega, mejor conocido como el ‘’ Fondo Petrolero’’ los noruegos dispusieron en 1990 crear unas reservas derivadas de las exportaciones de petróleo y de las rentas tributarias como una forma de protegerse de los tiempos difíciles. Actualmente ese fondo tiene activos cercanos a los 830 mil millones de dólares, convirtiéndose en el más grande fondo de riqueza soberano del planeta. Gracias a su creciente rentabilidad está muy cerca de llegar al billón de dólares (un trillón en inglés).


Con una visión de largo plazo, tan escasa en América Latina, el fondo noruego sin mayores aspavientos ha hecho inversiones y ahora son dueños del 1.2 por ciento de las acciones del mundo. Su portafolio está compuesto por 146 mil millones de dólares en acciones de compañías norteamericanas: 3 mil millones en Apple, 56 mil millones en Bonos del Tesoro y propiedades valiosas en Nueva York, Londres, Paris, Berlín y Frankfurt.


La suerte y futuro del fondo soberano no ha estado exento de debate y discusión para los ciudadanos noruegos. Es preciso recordar como la primera ministra Erna Solberg fue elegida recientemente en representación del Partido Conservador, no siempre amigo de los inmigrantes y partidarios de la ideología thatcherista, de quien busca heredar su estrategia de privatizar empresas estatales y recortar impuestos. El gobierno noruego participa con un 67 por ciento de la petrolera estatal Statoil por lo que Solberg busca dedicar mayores recursos en centros de Investigación y Desarrollo, educación e infraestructura como la mejor forma de prepararse para una economía pos petróleo.


 La lección noruega debiera servir de ejemplo en particular a Venezuela que ha recibido ingresos casi iguales al valor del fondo noruego en los últimos 20 años. PDVSA es la caja menor que compra favores políticos en la región. En lugar de guardar e invertir en el futuro, el chavismo opto por ser el Robin Hood latinoamericano. Ni para que insistir en las dificultades que hoy día enfrentan los venezolanos con su producción interna y los altos niveles de corrupción del régimen. Lo mismo podría decirse de Pemex, la estatal mexicana que cerrada a la inversión extranjera es otro orangután al servicio de intereses sindicales y políticos. Y así podríamos seguir a Argentina en donde Repsol ha hecho de las suyas o Ecopetrol en Colombia que por muchos años fue el bastión de grupos anarquistas.