Editorial

Madrugando a encuestar
7 de Febrero de 2014


La ciudadanía ha decidido tomarse los cuatro meses restantes en el debate presidencial para tomar una decisión que corresponda al análisis de los candidatos, sus propuestas y su comportamiento en los debates previos a la elección.

Si las elecciones fueran mañana, como preguntan en las encuestas, el número de votos en blanco podría ser tan alto que lo más posible es que Juan Manuel Santos, presidente de la República, obtuviera una votación mayoritaria pero no suficiente para ganar en primera vuelta.  Aunque no han faltado aquellos seguidores del voto en blanco que ya reclaman el éxito de movimientos y redes que lo promueven, y que señalan que el voto en blanco podría alcanzar la mitad más uno del total de los votos válidos, obligando a repetir las elecciones sin ninguno de los candidatos participantes. Y parecería que las elecciones contarían con amplia participación ciudadana. Estas, por ahora, son las seguridades, precarias, por cierto, que dejan las grandes encuestas de opinión divulgadas el fin de semana pasado por los grandes medios de comunicación que las contratan con el propósito de hacer noticia con sus resultados.


Tanto los medios contratantes como las firmas realizadoras son organizaciones que han proclamado su independencia política. Las encuestadoras, además, merecen reconocimiento por el cuidado metodológico con que hacen las preguntas, aplican sus cuestionarios y ofrecen interpretaciones literales a las respuestas de los ciudadanos. Además, los estudios de opinión pública con base en encuestas, no sobra recordarlo, se asemejan a fotografías instantáneas que permiten tomar el pulso de lo que cree, más que piensa, una cantidad tan representativa de individuos que resulta parecida a todas las personas cuyas ideas se busca conocer. Su resultado, según debates expertos, permite entender cómo actuaría la mayoría en el momento en que se hacen las preguntas, pero no posibilita pronósticos seguros, ni siquiera cuando existe seguimiento durante largo tiempo y conocimiento firme de las tendencias. 


En su interpretación contextual están muchas de las claves de su contenido e incluso la razón por las cuales los resultados, los análisis y los énfasis en la divulgación, modificarían las interpretaciones y las decisiones electorales de los ciudadanos. En el caso que nos ocupa, por ejemplo, habría un error interpretativo al no comprender el contexto en el que los encuestadores indagan a los ciudadanos sobre “si las elecciones fueran mañana, por quién votaría” y aquel en que responden los encuestados.


El análisis generalizado parte de creer que cuando el ciudadano es abordado con esta pregunta, él traslada su mente al 24 de mayo, día en que decidirá quién es el presidente de la República, como los encuestadores aspiran que suceda. Esta expectativa resulta muchas veces incumplida en la conversación de la encuesta. Quien está al otro lado de la línea es una persona que está estudiando el estado del país, sus propias expectativas y el transcurso de la campaña antes de tomar una decisión, pero que no quiere dejar de responder a la pregunta. Es por eso que su respuesta es la más honesta al momento en que es preguntado, pero es muy probable que no sea la que efectivamente cumpla llegado el día de las elecciones, exceptuando a aquellos que desde ya están totalmente decididos por quién votarán. 


Lo que las encuestas están revelando hoy, entonces, es el pensamiento de la ciudadanía sobre los candidatos a la Presidencia en tanto personas, no como posibles presidentes en lo inmediato. Y esto comienza con la evaluación al presidente de la República, que entonces estaría siendo aprobado por el 25 % de la opinión pública; y con la que se hace a sus competidores, que en algunos casos pueden ser no solo los candidatos nombrados sino las opciones de gobierno que ellos representan. Del análisis de la encuesta, como aquí lo planteamos, también habría que destacar un valor naciente y promisorio sobre la ciudadanía que elige en el país: si el 27 % votaría en blanco y el 23 % restante está indecisa, hay una indicación de que la ciudadanía ha decidido darse los cuatro meses restantes en el debate presidencial para tomar una decisión que corresponda al análisis de los candidatos, sus propuestas y su comportamiento en los debates previos a la elección. 


Otro campo de análisis, que ameritará una nueva reflexión sobre el tema, es la justificación del voto en blanco con plenos efectos jurídicos y de control, para las elecciones presidenciales y más aún cuando en las actuales se está completando una muy buena baraja de aspiraciones que oscila entre la izquierda democrática de la doctora Aida Avella, de la UP, y la derecha electoral, representada por el Dr. Óscar Iván Zuluaga  y la Dra. Marta Lucía Ramírez.