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Juventud y madurez: el director Orozco y la Orquesta Filarm髇ica Joven de Colombia
Autor: Olga Elena Mattei
1 de Febrero de 2014


En el escenario, la Orquesta Filarm髇ica Joven de Colombia.

En el escenario, la Orquesta Filarmónica Joven de Colombia. Sorpresivamente grande la orquesta, la concentración de instrumentos, y el grueso de su sonido. Y la suma vertical de las líneas horizontales de la partitura, y la agregación de timbres, especialmente en la percusión de sabor latino que nuestro compatriota antioqueño Blas Emilio Atehortúa, (reconocido como uno de los mejores compositores colombianos), utiliza para escribir su obra, Concertino para Orquesta, una partitura de música culta con ritmos autóctonos, 


Estamos escuchando a la Orquesta Filarmónica Joven de Colombia, bajo la batuta de su nuevo director musical, el colombiano hoy internacional, Andrés Orozco Estrada. Con una increíble trayectoria en los podios  de importantes orquestas mundiales, Orozco ostenta un extraordinario portafolio de críticas elogiosas.


A cargo del solista invitado, el trompetista de la Filarmónica y de la Ópera de Viena Hans Peter Schuh, con gran rigor y volumen, se escucha el solo con que se inicia el concierto para trompeta en mi bemol mayor de Franz Joseph Haydn. Presenta una emisión enérgica y segura, con énfasis en el ritmo. El nutrido público, seguramente compuesto por familiares y amigos de los jóvenes músicos, desconocedores del protocolo de estos eventos, aplauden al solista entre movimientos.... ¡Auch! ¿Cuándo tendremos en esta ciudad un público educado? Éstos jóvenes músicos deberían de preparar a los suyos sin esperar a que adivinen las costumbres. El conocido tema del solista de trompeta del tercer movimiento resultó extraordinariamente bien expuesto, con despliegue de las cualidades mencionadas, y además gran brillo festivo y jubiloso.


Para completar esta noche con una obra de gran envergadura se programó “Vida de Héroe” de Richard Strauss. Como es sabido esta es una obra descriptiva biográfica y aunque se considera que los temas principales se exponen en forma narrativa, a mi modo de ver, se desarrollan en forma interrogativa, con respuestas contundentes, la mayoría de las veces en las notas más bajas. En contraste, está el violín concertino, con sus profusas y prolongadas intervenciones, melodramáticas y a veces también humorísticas.  El joven Camilo Sánchez ocupa este atril y se luce con sus solos tipo cadenza, (como de concertista), y mantiene un  refulgente vibrato a lo largo de su dificilísima exposición. La orquesta le responde en pleno con comentarios cortos y unánimes.


Orozco dirige con amplia expresión corporal, de tal manera que muestra, explica, describe, el nivel y el modo de interpretación anímica que tanto el solista como cada sección de la orquesta deben desplegar. Está pendiente de cada minucia en los distintos instrumentos. Las arpas ponen su acento oportuno, y las flautas su filigrana de comentarios femeniles, Y los chelos mantienen una plataforma de soporte en las notas bajas, de donde va surgiendo un apoteósico tutti, hacia la cumbre de la percusión, en alternancia con pequeños oasis de romanticismo.


Y aquí el maestro Orozco se agiganta, junto con la orquesta en pleno, galopando en el coral instrumental que Strauss proyecta, salido de su compleja fantasía, de su conspicua inteligencia musical, y de la historia intensa de su propia vida.


Una obra grandiosa en manos de un gran director, y en los instrumentos de una gran orquesta, cuya dimensión no se acorta debido a la corta edad de sus integrantes. 


Con entusiasmo y generosidad, el maestro Orozco, director musical de la orquesta, llama a venias a cada sección instrumental y a cada solista en detalle, para que reciban la ovación del público.