Columnistas

¿Ánimo de lucro en cuidados intensivos?
Autor: José Alvear Sanin
29 de Enero de 2014


Tal vez sobra la pregunta, porque el sistema colombiano de salud fue entregado, a partir de los años noventa, a la especulación mercantil y financiera.

Tal vez sobra la pregunta, porque el sistema colombiano de salud fue entregado, a partir de los años noventa, a la especulación mercantil y financiera. Sin embargo, es pertinente preguntar si el ánimo de lucro puede estar presente en las unidades de cuidados intensivos.


Esas unidades, que se encuentran en los principales hospitales y clínicas de Colombia, disponen de competentes equipos médicos y de enfermería, y de apreciable tecnología médica, porque están llamadas a asegurar el éxito de las más arriesgadas cirugías y la recuperación de pacientes que atraviesan situaciones críticas. 


Desde luego, muchos mueren en esos pabellones, pero nada más alejado de la verdad que considerarlos como sofisticadas antesalas de la muerte. 


Los cuidados intensivos exigen personal idóneo, medicamentos de máxima calidad y abundantes y costosas ayudas diagnósticas y procedimientos. En ellos no puede haber lugar para la dilación o la negación de fármacos o procedimientos. No parece, entonces, posible, concebirlos como servicios que dejen utilidades, pero sabemos que por sus elevados costos, se han convertido en las áreas hospitalarias más rentables. 


Sin embargo, van apareciendo aspectos impensables que exigen la intervención del Ministerio de Salud y de la Superintendencia del ramo, hasta ahora más atentos a la colaboración con los empresarios de la salud que con los pacientes.


En el caso de Antioquia nos hemos enterado con estupor de que todas las unidades de cuidados intensivos están siendo explotadas por dos o tres exitosos empresarios especializados en esa área, atentos primordialmente a su rendimiento económico. En consecuencia, en esas unidades actúan también los famosos auditores, no siempre médicos, cuya autorización se requiere para el suministro de fármacos y la ejecución de procedimientos. Es increíble que se pueda interferir el tratamiento urgentísimo que requieren los pacientes en esas unidades por consideraciones de simple PyG. 


En ningún área es más intolerable esa práctica que en cuidados intensivos, donde todo minuto cuenta en la carrera contra la muerte. 


También se comenta que médicos y enfermeras arriesgan sus puestos informando a los familiares para que asuman los gastos vetados por el auditor o para que acudan a la tutela mientras esta todavía exista. En algunos casos, los médicos o las enfermeras, con igual o mayor riesgo laboral, se apartan de las órdenes del auditor y aplican los medicamentos o ejecutan los procedimientos siguiendo su conciencia. 


Como pocas familias pueden asumir los costos de la unidad de cuidados intensivos, y como la tutela tarda algún tiempo, es fácil imaginar lo que puede suceder a los pacientes. 


Advierto al lector: 1. Que este escrito se pondrá en consideración del Ministerio y la Superintendencia. 2. Que observaré rigurosamente el sigilo en relación con los profesionales de la salud que me han dado la información sobre este delicado tema.


Desde luego, con un sistema mercantilista y mercachifle como el vigente en Colombia, no me hago ilusiones, pero cada vez es más claro que los problemas de la salud pública no se solucionan con retoques cosméticos, como el actual proyecto de reforma. El ánimo de lucro en salud impide con frecuencia la prestación ética de los servicios sanitarios. 


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Afortunadamente los candidatos conservadores derrotaron la mermelada en la convención. El partido no tiene porvenir electoral inmediato, porque desde 2002 ha preferido seguir el clientelismo a obedecer sus principios. No reivindicar desde ahora sus doctrinas políticas y sociales podría condenarlo a la desaparición.