Columnistas

Educaci髇 para la democracia, la paz y la vida social
Autor: Delf韓 Acevedo Restrepo
29 de Enero de 2014


No parece exagerado afirmar que una buena parte de la crisis de nuestra sociedad que se ha venido acentuando en los 鷏timos a駉s, obedece al hecho irresponsable, por decir lo menos,

No parece exagerado afirmar que una buena parte de la crisis de nuestra sociedad que se ha venido acentuando en los últimos años, obedece al hecho irresponsable, por decir lo menos, de haber suprimido del pénsum educativo materias tan formativas como La Cívica y La Urbanidad , orientadas a inculcar en la mente y en el corazón del niño, desde su más tierna edad, el amor a la patria y a sus símbolos, el concepto de solidaridad, la noción del orden, de libertad y de justicia y de esa serie de conocimientos mínimos que un colombiano con uso de razón está obligado a poseer acerca de la organización del Estado, de los deberes y derechos que lo ligan a él y de las normas de comportamiento que contribuyen al progreso de la comunidad. Se reemplazaron entonces las buenas maneras por la ordinariez y el respeto a la autoridad por conductas anárquicas que, estimuladas muchas veces por los mismos obligados a dar ejemplo de acatamiento a la ley, han traído como resultado los continuos paros y conflictos estudiantiles a los que  desafortunadamente nos hemos venido acostumbrando.


Durante mucho tiempo existieron como asignaturas obligatorias, con intensidad de una hora semana, las cátedras de Educación Cívica y Social en todos los grados de la enseñanza, tanto en primaria como en bachillerato.


Después de terminar mi formación normalista en la prestigiosa y sesquicentenaria Normal Nacional Piloto de Medellín y alcanzar mi título correspondiente, durante la rectoría del eminente pedagogo y humanista Nicolás Gaviria, fui llamado por el querido e inolvidable Rector del Alma Máter, Samuel Barrientos Restrepo, como profesor de tiempo completo en el prestigioso y recordado Liceo de la Universidad para hacerme cargo de estas asignaturas en todos los grados del bachillerato. Avanzaba simultáneamente mis estudios de Derecho y Ciencias Políticas en la respectiva facultad del Alma Máter. 


Combinaba entonces mi formación pedagógica con mis conocimientos jurídicos, y la preparación de mis clases la hacía con miras a plasmar en libros la totalidad de las materias que contemplaba el pénsum tanto de primaria como de secundaria. El primer texto en aparecer fue “Instituciones Políticas Colombianas” para sexto de Bachillerato, prologado por el propio Rector de la Universidad, Lucrecio Jaramillo Vélez. El libro publicado por la Editorial Bedout, se agotó totalmente en tres meses. Fué entonces cuando la prestigiosa empresa, la más grande del país en ese momento, me propuso la exclusividad para continuar con los demás libros – diez en total- para todo el pensum de primaria y secundaria y circulación en la totalidad del país.


Mi paso por las aulas del Liceo Antioqueño fue desde luego productivo y fecundo pero desde luego transitorio en mi agitada vida pública. 


En el mes de febrero de 1983 el Presidente Belisario Betancur, expidió un nuevo decreto dándole a estas asignaturas el  nombre de Educación para la Democracia, la Paz y la Vida Social y extendiéndolas a la educación media vocacional y la Educación Abierta y a Distancia. Para entonces ya me encontraba en Bogotá como  Director General de la Escuela Superior de Administración Pública –Esap-  y me di a la tarea de escribir un nuevo libro para ajustarlo a los nuevos programas del gobierno y completar así 11 libros en total. Fue presentado por el Secretario General de la Presidencia de la República, Víctor G. Ricardo en solemne y nutrida ceremonia en la Casa Fiscal de Antioquia con idéntica acogida en los libros anteriores. Estos textos por tanto pretenden ser una invitación a la restauración de los valores tradicionales y a la reconstrucción de una patria que nuestros hijos puedan acariciar a imagen y semejanza de nuestros propios sueños y dentro de un sano nacionalismo que excluye el sometimiento servil a filosofías extrañas que nada tienen que ver con nuestro destino histórico, ni con nuestros principios religiosos ni con nuestra condición de pueblo libre, soberano y altivo.


Estos programas se mantuvieron vigentes durante toda la administración del Presidente Betancur, impulsados responsablemente por sus ministros de educación Jaime Arias Ramírez, Doris Eder de Zambrano y Lilian Suárez Melo, hasta cuando un ministro ignorante e improvisador, resolvió sacar de un tajo estas asignaturas del currículo oficial junto con otras áreas de la ciencia social como el cooperativismo, la historia patria, el ahorro etc. con las consecuencias nefastas que todos conocemos en la formación de las nuevas generaciones.