Editorial

Reflexiones sobre una lesión
24 de Enero de 2014


Colombia está ante una dolorosa pero clara oportunidad de mostrar que no tiene una figura sino que tiene un filón de grandes futbolistas.

Con apelativos como el de “tragedia nacional”, la prensa deportiva del país se refirió ayer a la lesión en el ligamento cruzado anterior de la pierna izquierda del delantero de la selección colombiana de fútbol, Radamel Falcao García. Desde Davos, Suiza, a donde asiste al Foro Económico Mundial, el presidente Juan Manuel Santos asumió la vocería de todos los colombianos para lamentar la situación y desearle pronta recuperación a la estrella del equipo francés Mónaco. La pasión que contagia a los seguidores del deporte más popular del mundo hace que en ocasiones se pierdan las proporciones y que lo que constituye un hecho connatural a la práctica deportiva se eleve a la categoría de catástrofe.


Sea lo primero aclarar que como colombianos, como aficionados al deporte y como admiradores de la carrera del delantero samario, a nosotros también nos ha causado tristeza la lesión sufrida por el goleador, en juego de la Copa de Francia disputado el miércoles ante el Chasselay, de la Tercera división, y expresamos nuestra solidaridad al deportista, para quien sí es una verdadera tragedia verse prácticamente al margen del Mundial de Fútbol que se disputará en junio y julio próximos, en el cual seguramente soñaba consagrarse. Pero la tragedia de Falcao no es, ni mucho menos, la tragedia del país ni de la Selección, puesto que si algo ha convertido a Colombia en una potencia emergente del fútbol suramericano es precisamente la cantera de estrellas en que se ha convertido.


El técnico José Pékerman, elogiado por su labor al frente del equipo y distinguido como el mejor estratega suramericano en 2013, tiene cinco meses para hacerle frente al hecho casi seguro de la ausencia de su goleador. Si optara por reemplazar al lesionado Falcao por un jugador que ocupe su misma posición en la cancha, tiene las alternativas de Jackson Martínez, goleador de la liga portuguesa; Teófilo Gutiérrez, Carlos Bacca, Luis Fernando Muriel y Fredy Montero. Pero esta es apenas una posibilidad entre muchas otras que, como estratega que es, puede diseñar para hacerle frente a sus rivales en la copa del mundo con el objetivo de llevar a la tricolor hasta la máxima instancia posible.


Ese listado de alternativas, que puede ser mucho más extensa, deja claro que Colombia no es dependiente de Falcao García. De hecho nunca lo ha sido. Si se revisa el camino del equipo nacional rumbo al Mundial, todos y cada uno de los convocados y de los jugadores que actuaron hicieron un aporte al logro de ese objetivo. Arqueros, defensas, centrocampistas y delanteros, cumplieron con sus tareas específicas para darle forma a un conjunto que brilló en la eliminatoria por su desempeño colectivo. Lo dilatado del proceso clasificatorio dejó ver, además, un gran número de variantes en la nómina titular, las mismas  que seguramente se tendrán que ver para el compromiso de Brasil si se tiene en cuenta que del grupo que jugó los últimos partidos de la clasificación, muchos jugadores están inactivos, en baja forma o también lesionados.


El deporte, y el fútbol no es ajeno a ello, expone de manera permanente a quien lo practica a sufrir lesiones. El cuerpo humano es frágil y la exigencia para llegar cada vez más alto, más lejos y más rápido, como lo reza el lema olímpico, se paga con el desgaste y con las lesiones. Larga es la lista de estrellas que se han quedado al margen de una competición por esta circunstancia y larga también la lista de estrellas que han surgido al tener su oportunidad por cuenta del dolor de otro. Esa idea de que Colombia sin Falcao no sería la misma no puede hacer carrera en el país, puesto que no solo no corresponde a la realidad porque que se trata de un discurso mediático largamente repetido y, por ende, profundamente interiorizado entre los aficionados, sino porque puede generar un efecto sicológico negativo en el resto del grupo y en la afición en general.


Colombia está ante una dolorosa pero clara oportunidad de mostrar que no tiene una figura sino que tiene un filón de grandes futbolistas. A quienes les corresponda el honor de representar al país en la cita orbital, si Falcao finalmente queda al margen, les queda la obligación moral de rendirle el homenaje de la entrega sin límites en busca del triunfo.


Finalmente, rechazamos de manera categórica las supuestas amenazas que según informaron ayer las agencias internacionales de noticias, se lanzaron desde Colombia hacia el jugador que causó la lesión. La expresión aislada de algún fanático enceguecido por la frustración no puede satanizar a todos los colombianos como quienes solo encontramos en la violencia la vía para afrontar nuestras adversidades.