Columnistas

緾iudadanos indefensos?
Autor: Iv醤 Guzm醤 L髉ez
21 de Enero de 2014


Son demasiadas las historias de inseguridad en la ciudad; se escuchan (con incredulidad) en la oficina, en la calle, en la casa, asta en la iglesia!

Son demasiadas las historias de inseguridad en la ciudad; se escuchan (con incredulidad) en la oficina, en la calle, en la casa, ¡hasta en la iglesia! Hace poco, un compañero relataba, aún con taquicardia, rabia e impotencia, que dos motorizados ¡lo siguieron 6 cuadras!, hostigándolo,  hasta llegar a un semáforo donde le exigieron abrir la ventanilla del carro, para robarle una cadena (que apenas sí se le asomaba por el cuello), bajo amenaza de muerte. Hace poco, un grupo de motociclistas se dedicaron a atracar a cuanto ciudadano encontraron en uno de los tacos citadinos, ahora pan de cada día.  Hace poco, un taxista amigo me alertó de revisar el asiento trasero, antes de tomar uno, porque la modalidad de atraco incluye al caco mimetizado atrás; otro, me advirtió exigirle al taxista el  cerrar  con seguro las puertas traseras, pues los atracadores aprovechan los semáforos para subirse al taxi o carro particular y cometer el delito con una frialdad y altanería insoportable. Hace poco, leí que los delincuentes están atracando hasta con pistolas y armas de juguete. Hace poco… Hace poco…Hace poco…


Esto último es insoportable. Si la delincuencia se atreve a intimidar y atracar al ciudadano de Medellín y el Área Metropolitana con armas de juguete, no es porque la acción sea un juego (no conozco el primer caso en el cual el atraco termine con el delincuente “muerto de la risa”, diciéndole al ciudad que era sólo una broma; que no se preocupe, que este es un hogar para la vida, que esta ciudad es la más educada). No. Es porque la delincuencia está convencida de que está atracando, robando y matando a un ciudadano inerme, desarmado, sin autoridad cercana que cumpla con el precepto constitucional de garantizar su vida, honra y bienes. Por eso actúa con semejante desparpajo y despiadada saña.  Es porque sabe que está atracando, robando y matando a una ciudadanía desprotegida, sin autoridad al lado, sin justicia efectiva, que los ponga en cintura y los mande al lugar donde deben estar: ¡la cárcel!


¿Denunciar? Sería lo lógico, pero ya  hemos leído y oído historias donde  el pobre ciudadano denunciante, si logra hacerlo, sale con el ánimo más caído que cuando sufrió el atraco.


Da la sensación, si nos atenemos a la cantidad y frecuencia de atracos, robos, asesinatos, paseos millonarios y toda laya de acciones delincuenciales, de que la delincuencia actúa a sus anchas (hasta con pistolas de juguete) en las vías públicas de El Poblado, Laureles, Los Colores, Las Palmas y El Centro. De los barrios populares, mejor ni hablemos, porque todo el mundo sabe quien “manda”.


La sensación de que estamos en manos de los delincuentes es inocultable, no obstante los miles de policías que dicen tener la ciudad; no obstantes las cámaras colgadas allá y acullá; arriba y abajo, adentro y afuera. Parece que las cámaras no funcionan, que la policía está en otra cosa, que los cientos de jóvenes, adultos y adultos mayores que deambulan por la ciudad “cuidando el espacio público” no ven nada, no sienten nada y no informan de nada…


Me parece que la Alcaldía debería revisar quienes están al frente de las instituciones. La cantidad nunca ha sido signo de eficiencia. El compromiso, la lealtad y la honestidad siempre han sido más poderosos que la cantidad.


Puntada final: no conozco al señor Luis Fernando Suárez Vélez, “vicealcalde de Medellín de la gobernabilidad, seguridad y servicio al ciudadano”, pero reconozco, como dicen las estadísticas (que en algunos casos maquillan tanto la realidad), que está equivocado cuando afirma que “los grupos delincuenciales están golpeados, están liquidados”. Es una necedad tapar el sol con las manos, dice un viejo proverbio chino, señor Suárez.