Columnistas

México y TLC: 20 años perdidos
Autor: Guillermo Maya Muñoz
20 de Enero de 2014


El Tlcan, tratado de libre comercio entre EEUU, Canadá y México, cumplió 20 años el pasado 1 de enero.

El Tlcan, tratado de libre comercio entre EEUU, Canadá y México, cumplió 20 años el pasado 1 de enero. El objetivo central era liberar los flujos de comercio y de capital entre estos tres países, para impulsar el crecimiento económico, y el bienestar de sus habitantes.


Cuando los gobiernos evalúan el éxito de los TLC exaltan las estadísticas de comercio. De acuerdo a la Secretaria de Economía, en México las exportaciones pasaron de 60.882 millones de dólares (mdd) en 1994 a 370.705 mdd; mientras las importaciones pasaron de 80.000 mdd a 370.751 mdd, para los mismos años respectivos. Es decir, las primeras crecieron 500%, mientras las segundas 350%. 


Por su parte, el subsecretario de Comercio Exterior, Francisco Rosenzweig, afirmó que: “El 81 % de las exportaciones mexicanas corresponde al rubro de manufacturas, resultado del trabajo de dos décadas a través del Tlcan.” (TLC cumple 20 años con un México beneficiado: SE, eleconoista.com.mx, enero 1-2014). Pero, ¿Es México un país manufacturero, que participa en grado creciente en la innovación, diseño, y producción de estos bienes o es simplemente un maquilador-ensamblador? El ensamble de un New Beatle (VW) genera 3% de valor agregado mexicano, el resto son partes importadas.


Timothy A. Wise, un investigador norteamericano del Institute for Agriculture and Trade Policy de la Universidad de Boston, en cuanto al comercio agrícola, afirma que durante la vigencia del Tlcan, se ha pasado por dos periodos, el de “la gran Inundación”, y el de  “la dependencia costosa” (El Tlcan: El arte de entregar los valores, jornada.unam.mx, nov 16-2013). 


En “la gran Inundación”, se incrementaron las compras de cárnicos y granos a los EEUU a precios de dumping, precios por debajo de los costos de producción. En el análisis de 8 productos que también son producidos por mexicanos, maíz, soya, trigo, algodón, arroz, carne de res, cerdo y pollo, los volúmenes de exportación pasaron de un mínimo de  159% en soya a un máximo de 707% en carne de cerdo, comparando los volúmenes promedios entre 1990-2002 y 2006-08.


Estos productos recibieron subsidios en EEUU que promediaron 11.500 mdd anuales, entre 1995 y 2005. Los márgenes de dumping estuvieron entre 17% y 38% en los cinco cultivos, y entre 5% y 10% en los pecuarios. El efecto de las importaciones sobre los precios internos mexicanos fueron igualmente catastróficos para los productores internos, comparando los precios ajustado por inflación de 1990 comparados con los de 2005, que bajaron entre 44% y 67%, haciendo caer la producción interna en  algodón, soya, trigo y arroz. El costo para los cultivadores mexicanos fue de 1400 mdd anuales, para los 11 años, sumando los márgenes de dumping, multiplicado por los volúmenes, equivalentes a más del 10% de las exportaciones agropecuarias de México a EEUU. 


En cuanto al período “la dependencia costosa”, los precios internacionales de los productos básicos se duplicaron, encareciendo la canasta básica de alimentos en 53% entre 2005 y 2011. De 1990 a 2011 se incrementó la canasta de alimentos importada de 2.600 mdd a 18.400 mdd anuales. Este incremento de precios se ha debido, en el caso del maíz, entre otros, al desvió de la producción de maíz para consumo humano hacia la producción de etanol, con un costo para México de 1500 mdd anuales entre 2005 y 2011. Este es un fenómeno internacional, pero que ha puesto a los países importadores de alimentos en una situación delicada, como factor que contribuye al déficit de la cuenta corriente.


Wise señala, igualmente, que fueron los consorcios agroalimentarios quienes se beneficiaron de los bajos precios de los alimentos y no los consumidores, y ahora abusan de su posición oligopólica.


Por su parte, Víctor Quintana ha señalado que la participación porcentual del sector agropecuario en “el PIB nacional ha ido disminuyendo: 3.57% (2000); 3.55% (2006) y 3.39% (2011)”. En consecuencia, la dependencia alimentaria ha crecido, mientras en 1994 se importaban el 24% de los alimentos que consumían los mexicanos, en 2011 se importaban el 46%. Además, los campesinos desplazados del campo, desde 1994 hasta el presente suman 1.780.000. (Tlcan y reformas: espejismos y violencias, jornada.unam.mx, enero 3-2014)


En general, el PIB mexicano creció durante la vigencia del Tlcan a una tasa mediocre de 2.9% anual, en promedio; mientras, entre 1950-1973, el periodo dorado de la sustitución de importaciones creció 6.56% anual. La promesa de crecer más en un modelo abierto que en un modelo “cerrado”, todavía no se cumple.


Igualmente, el PIB per cápita, creció 0.6 entre 1980 y 2008, en contraste con 3%, en el período previo. Una diferencia significativa. Debida a estas circunstancias, el ingreso per cápita de los mexicanos respecto al de los estadounidenses cayó de 35.6% en 1981 a 25.6% en 2008, de acuerdo con la Cepal (Susana González, Se desplomó 80% avance del ingreso por habitante en tres décadas: Cepal, lajornada.unam.mx, nov 6-2011). En cuanto al mercado laboral, la informalidad predomina con un 59%. Además,  55 millones de mexicanos, cerca de la mitad de ellos, se estima que están en la pobreza; y 22.2 millones carecen de alimentos suficientes, especialmente en el campo. 


El Tlcan es un fracaso. De un teorema lógico deductivo, el libre comercio, solo se puede desprender el fracaso. La política tiene que ser probada contra los hechos. Ningún país se ha desarrollado con el libre comercio, sin que primero hubiese desarrollado sus fuerzas productivas. Aquellos países, que sin haber hecho la transformación productiva se someten al libre comercio, terminan peor de lo que empezaron.