Palabra y obra

Melitón Rodríguez: an artist behind the lens
Melitón Rodríguez: un artista tras el lente
Autor: Juliana Vélez Gómez
18 de Enero de 2014


La exposición “Melitón Rodríguez, artesano de la luz” se organizó en septiembre de 2013 en la Universidad de los Andes. Parte de esa muestra estárá exhibida en la Biblioteca Pública Piloto hasta el 25 de enero de este año.


Foto: Cortesía 

Beatriz Muñoz, 1929

La razón por la que muchos lo llamaron y lo siguen llamando artista no es precisamente por el olor a óleo y trementina en sus dedos, por esculpir objetos o por poner grafito sobre papel.   Sí usó la pintura, pero habría que reconocer que su mayor virtud creció como una semilla prolífera dentro de un cuarto oscuro, durante horas de encierro y paciencia luego de las que vió aparecer las imágenes de un niño, una familia o un paisaje sobre una placa de vidrio. 


Su virtud llegó con la luz, con un ojo afinado y una mente creadora con la que construyó todos los lugares posibles para sus retratados. 


El artesano de la luz, el maestro de la cámara, Melitón Rodríguez se considera uno de los fotógrafos antioqueños más importantes durante el diglo XIX y XX en el país que revive por estos días en la Biblioteca Pública Piloto, lugar que, si se permite, es el santuario en el que reposan los miles de negativos originales realizados durante su vida en el que retrató la vida cotidiana, los personajes y lugares de la época que hacen parte de la memoria de la ciudad y del mundo. 


Las fotografías, en las que los personajes parecen habitar dentro de un cuadro europeo, las pieles límpidas, las expresiones impasibles y hasta la muerte, se imponen  en una selección de casi 200 fotografías en diferentes tamaños en una exhibición llamada “Melitón Rodríguez. Artesano de la luz”, que esta vez resalta la sensibilidad artística de este hombre. 


A propósito de la muestra, vale la pena pasar nuevamente por la memoria el nombre de Melitón, recordar su trabajo y dejarse transportar por la belleza y la sencillez de sus fotos, que son para la memoria de los ciudadanos, como un negativo restaurado en medio del olvido de la historia. 


Antes de Melitón 


El fotógrafo era hijo de Melitón Rodríguez y Mercedes Márquez, un marmolero y una espiritista, ambos excomulgados por sus prácticas liberales y disipadas de la religión católica. Este hecho les causó serias dificultades para que Rodríguez consiguiera trabajo como marmolero así que durante un tiempo debieron afrontar algunas penas económicas. 


En 1875 la pareja vio llegar a uno más de sus hijos, Melitón Rodríguez, nueve años menor que su hermano Horacio Marino Rodríguez quien tomaría parte importante en el oficio que le tenía deparado el futuro a Melitón. 


Para 1854 Ricardo Roddríguez, hermano de Melitón padre viajó a Francia a realizar estudios de medicia. El padre de ellos, que era un rico minero de la región, sin embargo, solo pudo costearle el viaje por un tiempo pues entró en una crisis económica. Pero dentro de los planes de Ricardo no estaba devolverse a la ciudad sin cumplir su objetivo, así que estando en Francia consiguió trabajo en una marmolería y en un gabinete de daguerrotipia, dos tareas que aprendió muy bien y que al regresar a Medellín las transmitió a su hermano y sobrinos.


El plano de la infancia


Cuenta la historiadora Maribel Tabares, quien conoce de cerca detalles de la vida del fotógrafo por la investigación que desarrolló para su trabajo de grado, que fue gracias a Ricardo Rodríguez que Melitón se involucró con el oficio de la fotografía, que en la época se conocía como daguerrotipia. 


Melitón padre construye su propio taller de marmolería y Ricardo enseña a Horacio y a Melitón lecciones de fotografía.


En 1885, cuando Melitón tenía 10 años  llega a casa de los Rodríguez Francisco Antonio Cano, que era familiar de doña Mercedes Márquez y que pensaba irse a Bogotá. Por motivo de las guerras civiles que se desataron, el pintor se alojó durante cinco años con la familia y también fue parte decisiva en la vida de Horacio y Melitón. 


Horacio Marino y Cano crean el establecimiento fotográfico que se llamó Rodríguez y Cano. Melitón se dedicó a la fotografía desde sus 16 años pero comenzó como retocador, toda vez que su hermano era el fotógrafo principal. “La relación entre Cano y Melitón fue de una educación más artística, de hecho hay una foto que se llama “El estudio del pintor” donde Francisco se retrata con él”, relata Tabares. 


Años más tarde Horacio abandona el establecimiento fotográfico para dedicarse a la arquitectura. En este momento Melitón asume su oficio como fotógrafo principal en el establecimiento y con el aporte de un socio pasa a llamarse Rodríguez y Jaramillo. 


El establecimiento desde un principio ya se caracterizaba por su calidad, pero sobre todo “porque se dedicaban exclusivamente a que quedara muy buena la foto; no era solamente tapar y destapar un objetivo para que entrara el reflejo de la imagen sino que se dedidcaban a estudiar muy bien lo que quería el cliente”, asevera la historiadora.   


Según datos obtenidos por Tabares en su investigación para su trabajo de grado, los comentarios en la prensa resaltaban la buena reputación con la que gozaba el estudio de los Rodríguez. 


Uno, por ejemplo, fue el que emitió el Ferrocarril de Antioquia con el que adquirieron un contrato, luego de una exposición en 1892: “Estando el crédito de la fotografía de los Rodríguez & Jaramillo, perfectamente bien sentado y conociendo su trabajo como el mejor, aconsejamos a los que deseen tener buenos retratos, honrar dicho establecimiento concurriendo a él […] procura estar siempre a la altura de los establecimientos fotográficos europeos y de Norteamérica”. 


Ahora bien, la pregunta sería qué hizo que el trabajo de Melitón Rodríguez fuera tan prominente; qué hacía sus fotografías tan atractivas y qué lo convierte en un maestro de la cámara para su época. 


Melitón, el artista


Tanto Maribel Tabares como la coordinadora del archivo fotográfico de la Biblioteca Pública Piloto, Jackeline García, coinciden en que más que un fotógrafo, Melitón era un artista gracias a una sensiblidad evidente. 


Fue pionero en combinar sus habilidades artísticas con la fotografía. ¿Cómo? En primer lugar, Melitón se caracterizó por reconocer e indagar a sus clientes sobre quiénes eran y parte de eso era lo que plasmaba en las tomas. 


Pintaba y realizaba él mismo los telones de fondo, que podían ser desde un paisaje montañoso, hasta una media luna o unas barcas en un mar en calma. Por otra parte, añadía detalles retocados como iluminación artificial, resaltaba aspectos de la imagen, borraba imperfecciones, retocaba la piel de las personas y hacía montajes pese a los equipos de la época. Ejemplo claro de eso es la famosa fotografía “El ángel de la esperanza” en la que parece que el ser alado sostuviera un campesino angustiado y cansado. 


Por otra parte, añade García, Melitón proponía las poses a sus clientes y en sus fotografías de niños muertos, incluso, organizaba el espacio y las personas para que las familias conservaran un retrato para la posteridad. 


Ella también admite que Melitón “tuvo una gran fortuna y es que enseñó y apasionó a sus hijos de que siguieran con ese legado, por eso, cuando hablamos de Melitón Rodríguez estamos hablando de 105 años de historia , de la Fotografía Rodríguez como tal”. 


Jackeline García, quien fue muy cercana a doña Gabriela Arango, esposa de uno de los hijos de Melitón Rodríguez y quien estuvo a cargo los últimos años del establecimiento, escuchó en repetidas ocasiones de parte de ella que el fotógrafo fue además un gran visionario y tenía claro qué quería hacer con su fotografía. “Entonces cuenta doña Gabrielita que él se hacía su jornada diaria y cuando la lograba se iba y retrataba lo que no le generaba recurso, como el mendigo, el anciano, las calles, ciertos registros urbanísticos de la ciudad, pero su interés era dejar ese legado”. 


Pero sería el mismo Francisco Antonio Cano, uno de los artistas más importantes de Antioquia y Colombia quien se refirió a Melitón como un verdadero artista con estas palabras que conocemos gracias a las pesquisas que ha hecho Maribel Tabares: “Ya se ha discutido y resuelto que la fotografía no puede clasificarse entre las bellas artes. Pero igualmente aceptado está que que el artista que lo es de verdad hará obra artística con el barro, las brochas, la guitarra o la cámara fotográfica, y de estos es L. Melitón Rodríguez y salgo garante con la exposición que hace este año en la que muestra no solo perfeccionamiento de prodcedimiento científico descubierto por él sino empleo de su saber al servicio de cerebro creador”.


Un artista, un fotógrafo, un maestro, un artesano, un empírico, un ejemplo. Quizás estos pequeños apartes de la vida y obra de Melitón Rodríguez no hagan justicia a las investigaciones y todo el esfuerzo que se ha hecho para recuperar su trabajo. Por lo menos, queda la certeza de que esto podría ser un vocado que antoja a seguir esculcando y revelando detalles propios de la vida de Rodríguez. 


Al destapar el objetivo, poner el ojo, y observar, se nos devuelve la historia como un album de fotografías que suceden unas a otras a la velocidad de 1/60. Es la historia de mucho más de un siglo, pero es la historia desde el punto de vista de Melitón Rodríguez, sin duda, el artista detrás del lente.  



Sobre la exposición

“Melitón Rodríguez. El artesano de la luz” fue el nombre con el que fue bautizada la exposición sobre el fotógrafo antioqueño organizada por el Centro Cultural de la Universidad de los Andes durante septiembre del 2013. Al ser desmontada allí, se había pactado que la muestra viajara a Medellín a la Biblioteca Pública Piloto. Algo así como que “Melitón regresaba a casa”. Por cuestiones de espacio se volvió a hacer una selección de las imágenes pero con el mismo objetivo de evidenciar el carácter artístico, arriesgado e innovador de las fotografías de Melitón.


La muestra está dividida en varios ejes conceptuales: El taller de los Rodríguez y Melitón Rodríguez, con la que inicia y que da cuenta de la familia del fotógrafo. Retratos en el que hay desde personajes de la élite hasta campesinos o mendigos y grupos familiares. Modernización y sociedad que resalta ceremonias como matrimonios o bautizos y la transformación de la ciudad y del paisaje urbano. También hay una parte dedicada a incursión en la publicidad por parte del fotógrafo y culmina con imágenes con el funeral de Melitón. 


Bajo el concepto de “El artesano de la luz”, las fotografías que se exhiben muestran una preocupación por destacar en la escena los elementos principales, reflejan el interés y cierta experimentación del fotógrafo con la iluminación. Es evidente, además, la manera en que Rodríguez retocaba sus imágenes y las posibilidades que vio en sus retratos más allá de una simple toma.